Biólogos y parabiólogos, los guardianes del Chocó Andino

Tecnociencia

Autor:

Nelson Dávalos

Actualizada:

28 Dic 2021 - 0:05

Vista del bosque nublado en Mashpi Lodge. - Foto: Nelson Dávalos

Biólogos y parabiólogos, los guardianes del Chocó Andino

Autor:

Nelson Dávalos

Actualizada:

28 Dic 2021 - 0:05

El Chocó Andino es considerado como un “hotspot de biodiversidad”, es decir, una región que tiene especies endémicas y que ha perdido al menos 70% de su hábitat natural.

Describir el Chocó Andino o bosque nublado no es una tarea sencilla. Colores, vida y movimiento podrían ser algunas de las palabras que, de cierto modo, se acerquen a la definición de este “caprichoso” ecosistema.

Desde el este de Panamá, pasando por la costa Colombia hasta llegar a Ecuador, el Chocó Andino es uno de los más diversos del mundo, pero también uno de los más afectados.

En Ecuador, por ejemplo, se estima que solo existe de un 5% a 10% de la superficie original. Esmeraldas es la zona más afectada por la deforestación del bosque primario para la agricultura.

“El Chocó Andino en Ecuador es un ecosistema degradado, queda muy poco. Pero, es un lugar megadiverso y con mucho endemismo“, dice Mateo Roldán, biólogo del hotel Mashpi Lodge, situado en las entrañas del bosque nublado a 45 minutos de Quito.

En entrevista con PRIMICIAS, Roldán explica que el Chocó es considerado como un hotspot de biodiversidad”, es decir, una región que tiene especies endémicas y que ha perdido al menos 70% de su hábitat natural.

“El bosque cuenta con una gran riqueza biológica, pero los niveles de amenaza son mayores”.

Mateo Roldán, biólogo de Mashpi

Un laboratorio de investigación en medio de un hotel

Roldán es el biólogo principal del laboratorio de Mashpi desde hace cuatro años. Junto a él trabajan un biólogo residente y cuatro parabiólogos.

El equipo de investigación, que se formó hace más de ocho años, se dedica a estudiar la flora y fauna del lugar. Ya han descrito ocho nuevas especies y están por publicar los datos de la novena.

La nueva especie “se trata de una rana de cristal“, dice Anderson Medina, biólogo residente.

“Para describir esta nueva especie nos hemos demorado más de cuatro años, ha sido un proceso largo, pero satisfactorio”.

Medina explica que cuando encuentran una especie no se la puede denominar como nueva de un día para otro, “expertos tienen que hacer la secuenciación del genoma para determinar si efectivamente es nueva o no“.

“Estábamos confundidos con otra especie súper similar, pero la clave para decir sí, es nueva fue el canto”, explica Roldán.

Esta rana habita únicamente en la copa de los árboles, por lo que es complicado estudiarlas, añade.

Para estar seguros de que es una nueva especie, los científicos la compararon con especies de Costa Rica, Colombia y otros países cercanos.

 Mateo Roldán

Más allá de encontrar nuevas especies para la ciencia, en el laboratorio de Mashpi se estudia el comportamiento del ecosistema y se reciben biólogos de todo el mundo.

Las ventajas de un laboratorio en medio del bosque es que estamos trabajando en el campo, no se necesita viajar a ningún lado para hacer los estudios, lo tenemos todo aquí”, explica Medina.

Además, dice que “el espacio de conservación de Mashpi (2.500 hectáreas) aún es sano, tenemos la dicha de tener especies controladoras de otras y eso nos indica la salud del bosque”.

Rana sobre un tronco en el Chocó Andino.

Rana sobre un tronco en el Chocó Andino. Nelson Dávalos

Parabiólogos, los expertos del bosque nublado

Junto a Roldán y Medina, biólogos de formación, trabajan cuatro parabiólogos. Pero, ¿a qué se refiere este término?

“El concepto de parabiólogo es sencillo. Un chico que, por su historia de vida, tiene mucho conocimiento empírico sobre el bosque y sus especies. Y gracias a las oportunidades del laboratorio de Mashpi ha podido formalizar y tener más conocimiento académico de ciertos temas”, explica Roldán.

Por ejemplo, Carlos Augusto Vásquez, tiene 26 años y es el encargado del Centro de Vida, donde se estudian y crían mariposas.

Mariposa sobre una hoja en el Chocó Andino.

Mariposa sobre una hoja en el Chocó Andino. Nelson Dávalos

“Voy trabajando con mariposas 10 años. Actualmente, contamos con 10 especies de mariposas en el centro, pero al inicio estudiamos más de 50 tipos”, cuenta Vásquez.

Además de aprender junto a los biólogos, Vásquez dice que “lo que he aprendido ha sido a base de experiencias en el lugar, viendo y cometiendo errores“.

Roldán reconoce que “ellos conocen más que nadie de las plantas, los sonidos, los insectos y los animales del sector, crecieron aquí y es su entorno. Sin embargo, ese conocimiento empírico lo han ido perfeccionando en los laboratorios”.

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