En sus Marcas Listos Fuego
¿Prevaricaron los jueces al dejar en libertad a los hermanos Álvarez?
PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.
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La última novela ecuatoriana ha sido la de Aquiles y sus hermanos en la cárcel de El Encuentro. Todos quienes no somos abogados en el caso y que no tenemos ninguna relación con los ñañitos, hemos seguido esta historia con canguil.
Y resulta ser que, en el último capítulo, ¡toma! Fiscalía recibe tremenda goleada y los hermanos del alcalde de Guayaquil quedan en libertad.
Pero la novela se pone buena, pues se anuncia para el próximo capítulo una denuncia por prevaricato presentada en contra de los jueces anticorrupción que tomaron esta decisión.
Así que por eso decidí escribir esta columna. Aquí usted no leerá sobre la inocencia o culpabilidad de los procesados (porque no es mi caso y no me consta), sino un análisis claro (y didáctico) que responda a una pregunta sencilla: ¿Los jueces Wiler Choez, Silvana Velasco y Byron Uzcátegui cometieron prevaricato al dejarlos en libertad?
Pero además responderé: ¿por qué Aquiles no quedó en libertad?
Vamos a ello, despacito.
Para que una prisión preventiva esté justificada deben cumplirse concurrentemente 4 requisitos (si falta uno, no se la puede dictar):
Evidencias suficientes sobre la existencia de un delito de acción pública.
Evidencias claras, precisas y justificadas de que el procesado es autor o cómplice.
Indicios de los cuales se desprenda que las medidas cautelares no privativas de la libertad son insuficientes y que es necesaria la prisión preventiva.
Que se trate de una infracción sancionada con pena privativa de libertad superior a un año.
El juez no actúa de oficio. Es decir, resuelve exclusivamente sobre la base de las evidencias presentadas por Fiscalía. Así que busqué en el SATJE la decisión judicial que nos ocupa y, ¿qué creen? Fiscalía no justificó los numerales 1 y 2.
Así de loco: Fiscalía no logró justificar que se cometió un delito (no cuenta con elementos que demuestren delincuencia organizada con fines de lavado de activos y defraudación tributaria), mucho menos de la autoría o complicidad de los hermanos Álvarez.
¿Qué alternativa tenían los jueces? Ninguna. Debían dejarlos en libertad. ¿Por qué? Porque así lo dispone la ley.
Pero ahora, quien presenta la denuncia por prevaricato, que evidentemente sabe de Derecho Penal lo mismo que yo sé de dermatología veterinaria, dice que los jueces se extralimitaron en sus funciones al analizar si se cometió o no un delito.
No, mijín, lo que ocurre es que el Art. 534 del COIP (que está redactado en español y cuya lectura es totalmente gratuita) dispone que para dictar prisión preventiva los jueces están obligados (no facultados, obligados) a pronunciarse sobre:
a. Cómo los hechos delictivos que se imputan a la persona procesada se ajustan a un delito de acción penal pública…
b. Cómo los elementos aportados por Fiscalía permiten razonadamente concluir que es probable que la persona procesada sea autor o cómplice del hecho imputado…
Es decir, están obligados a analizar el tipo penal acusado y las evidencias que lógicamente lo justifican.
¿Hicieron este ejercicio de razonamiento lógico los jueces? Sí, lo hicieron.
Y, ahora bien: ¿qué es el prevaricato? Por suerte también está en español y es facilito de entender:
Comete prevaricato el juez que falle o proceda contra ley expresa (cuando hace lo que la norma prohíbe o deja de hacer lo que la ley manda).
Esto es o blanco o negro. ¿Hicieron los jueces lo que la ley manda? Pues sí. ¿Entonces, cometieron prevaricato? Pues no.
Si no cometieron prevaricato, ¿por qué fueron denunciados?
Sencillito. Lo que ocurre es que en realidad quien los denuncia no es analfabeto, de hecho, es abogado. ¿Entonces, por qué lo hace? Para infundir miedo. No actúa solo, es solo un mensajero.
El mensaje es claro: todo juez que decida ser independiente será perseguido.
Pero, para buena suerte de Wiler Choez, Silvana Velasco y Byron Uzcátegui, la denuncia presentada contra ellos es un mamotreto sin nombre; es un caso que puede ser defendido por un estudiante de Derecho y mientras se lava los dientes. Así de fácil está.
¿Todo esto quiere decir que Fiscalía va a perder el caso Goleada? Tampoco. No, no. Pues aquí aún prima un estándar de probabilidad, no de certeza. La certeza se discute recién en juicio y, Fiscalía, en caso de realmente contar con un caso sólido, aún tiene la oportunidad de hacer goles, más aún si Goleada cuenta con un fiscal que es un gran profesional a carta cabal, que, en este primer partido, perdió 3 a 0. Such is life, my friends. A veces se gana, a veces se pierde.
¿Y por qué Aquiles sigue preso? Eso es aún más fácil de responder: porque sobre él pesan dos órdenes adicionales de prisión preventiva en dos casos distintos a éste, y por lo tanto, no está preso por Goleada, sino por triple A y otro caso más.
Miren, muchos me dirán que estoy respaldando a tres jueces con esta columna. Y sí, sí lo estoy haciendo. ¿Saben por qué? Porque me consta en carne propia su honestidad a prueba de fuego.
Y quedan tan pocos honestos… y los que quedan quieren salir corriendo por culpa de acciones como éstas.
Esto es así: o nos unimos contra los seres rastreros o regalamos el país. De esto se trata esta columna, de explicar con manzanitas por qué los buenos nunca han sido villanos y cómo los verdaderos villanos, al perseguir a los honestos, se pasean entre nosotros disfrazados de héroes.