Tablilla de cera
Cuando despertó, Colombia todavía estaba allí
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
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El microcuento más famoso en español es el de Augusto Monterroso: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».
Lo genial es que, con solo siete palabras, abre un montón de lecturas posibles. Una de las más comunes es la inevitabilidad: el “dinosaurio” es un problema, un miedo o una realidad que el personaje creía haber dejado atrás, pero no.
Parte de la magia es que no dice quién despierta, ni qué es el dinosaurio, ni por qué está ahí. El lector completa todo.
Igual podemos decir de una realidad muy cercana. No podemos cambiar la geografía: querámoslo o no, Colombia es nuestro vecino y nos unen a ese país profundos lazos de sangre, de historias y luchas compartidas, y de una economía dinámica y cada vez más diversificada.
Ese mismo determinismo geográfico hace que el Ecuador haya soportado en este siglo la contaminación del crimen organizado dedicado al narcotráfico, la minería ilegal y la trata de personas.
El área ocupada por coca en Colombia ha subido constantemente este siglo y en 2023 alcanzó 253.000 hectáreas, el nivel más alto en más de dos décadas de seguimiento de datos por parte de la UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en inglés: United Nations Office on Drugs and Crime).
El incremento se concentró en los departamentos de Cauca, Nariño y Putumayo, los dos últimos fronterizos con el Ecuador.
Según la propia UNODC, la producción potencial de cocaína en Colombia dio un salto sorprendente entre 2022 y 2023 cuando aumentó 53%, pasando de 1.738 toneladas métricas (TM) a alrededor de 2.600–2.644 TM en 2023.
El aumento de la producción se debió, por supuesto, al crecimiento de los cultivos de coca, pero también a un mayor rendimiento por hectárea (ahora se produce hasta el doble de cocaína por hectárea de coca que hace cuatro años, debido a mejores técnicas de procesamiento o variedades de hoja con mayor rendimiento).
En el 2024 siguió la tendencia alcista de la producción de cocaína, llegando a aproximadamente 3.001 toneladas métricas, el nivel más alto desde que existen datos comparables.
Entonces, si en la última década y media la producción potencial pasó de unos pocos cientos de toneladas a 3.000 TM en 2024, y esa producción debe salir a los mercados de consumo, no es descabellado concluir que el ascenso sostenido de la criminalidad y la violencia en el Ecuador en ese periodo está estructuralmente relacionado con lo que pasa en Colombia.
En Nariño y en Putumayo, por lo demás, hay presencia de múltiples actores ilegales: no solo guerrillas, sino también clanes del crimen, disidencias y bandas criminales que compiten por territorio y rutas del tráfico de la cocaína. Por eso, también, son los departamentos que más violencia armada registran.
A su vez, Colombia no ha hecho mayor esfuerzo para controlar la expansión del cultivo ni la producción de cocaína. Históricamente ausente de grandes zonas de su territorio, el Estado colombiano ha descuidado especialmente sus fronteras. Las disidencias guerrilleras y los grupos criminales actúan con mucha impunidad en todo el cordón fronterizo.
Este es el origen de los pedidos de sucesivos gobiernos del Ecuador para que Colombia aumente la seguridad en su frontera. Con Gustavo Petro la cuestión se ha empeorado por su indiferencia respecto a la producción de coca y exportación de cocaína, su descuido de la frontera, sus constantes provocaciones al Gobierno de Daniel Noboa, como decir que su triunfo era ilegítimo y pedir las actas y su obsesión con Jorge Glas, un preso común condenado por delitos, a quien lo considera preso político.
Todo esto llevó a la exasperación del presidente Noboa quien adoptó una medida incorrecta, el aumento de 30% como una “tasa de seguridad” en los productos que se importa desde Colombia, pero que ha actuado como un campanazo en la relación bilateral, aletargada y sin diálogo en los últimos dos años, a partir de la negativa de Petro de realizar el gabinete binacional programado para los primeros meses de 2024.
Con eso Colombia despertó de su sueño y la semana pasada envió una delegación comandada por la ministra de Relaciones Exteriores.
Al concluir, la Cancillería colombiana dio una curiosa versión, que la del Ecuador debió responder reiterando que el conflicto tiene su origen en “la falta de control efectivo y presencia estatal de Colombia en su frontera sur”.
Y se comprometió “a continuar trabajando de forma conjunta y coordinada en seguridad fronteriza y lucha contra el crimen organizado transnacional, así como en otros temas bilaterales”.
Es lo que corresponde: Colombia es nuestro vecino y seguirá siéndolo y lo que toca es continuar negociando, con toda la habilidad y la paciencia posibles, para que su Gobierno se sensibilice y colabore en el control de las rutas de la cocaína en la frontera, lucha que hoy el Ecuador la libra en soledad.