Punto de fuga
Caso Jaque-ANT: falta detener al 99.9% de los culpables
Periodista desde 1994, especializada en ciudad, cultura y arte. Columnista de opinión desde 2007. Tiene una maestría en Historia por la Universidad Andina Simón Bolívar. Autora y editora de libros.
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Como en casi cualquier delito: hace falta alguien que demande algo ilícito para que quien ofrece ese producto/servicio ilegal pueda prosperar con su negocio. El ejemplo nítido está en el consumo de drogas o en la compra de cosas robadas: si no existiera una clientela que demandase esos productos, no hubiera los bien mandados que los ofrezcan, porque no habría negocio. ¿Nos vamos entendiendo?
Eso mismo es lo que pasa con la corrupción de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT): si no hubiera cientos de miles de ciudadanos corruptos o proclives a la corrupción no habría funcionarios dispuestos a corromperse para darles el servicio. Así que en el sonado caso Jaque, mis estimados, han metido presos apenas al 0.0000001% de los culpables.
Sin embargo, ahora todo el mundo se horroriza o se hace el horrorizado, se dan por desentendidos, como si no fuera con ellos. Pero es, y absolutamente. Ese sistema putrefacto existe gracias a la larguísima lista de gente que participa en él, empezando por los usuarios que optan (por la razón que fuera), por pagar una coima en lugar de hacer el trámite por la vía regular y legal. Ellos son la mecha encendida que activa el dispositivo que dinamita toda la institucionalidad.
A partir de ese requerimiento entran en acción: tramitadores, guardias de seguridad, secretarios, informáticos, jefes de área, amanuenses, abogados, gerentes, directores, en fin, gente de todo rango dentro de las instituciones. Dicen que también están involucrados varios miembros de grupos de delincuencia organizada, los aborrecibles GDO, que ya son parte, más que del paisaje, de nuestra biografía como ecuatorianos.
El escándalo no terminaba de anunciarse bien y ya me estaba enterando de dos personas a las que no conozco, pero que son conocidas de un conocido mío, que pagan religiosamente USD 300 para renovar sus licencias. Son, parecería, personas de proceder normal, sin prontuario alguno. O sea, ecuatorianos promedio, gente de bien. Ahí está la clave: la corrupción —grande o pequeña— en Ecuador la ejercen el perro, el gato y garabato. Parece que no se salva nadie. Si no, que lance la primera piedra quien no haya pecado de tramitación o palanqueo en este Ecuador incorregible. Veo venir una sequía de piedras.
Como no solo hay que quejarse, sino aportar con soluciones aquí va una idea (aviso que soy devota de Dracón): que se sancione primero con multa de 5 salarios mínimos y servicio a la comunidad todos los fines semana por un año a quien se encuentre comprando objetos robados, coimeando o saltándose la fila con la ayuda de un tramitador al solicitar cualquier servicio público; la reincidencia debería ya castigarse con multa de 10 salarios mínimos y un mes de cárcel; y si ya así no aprenden, sinceramente no les puedo decir los castigos que se me ocurren, hasta a mí me asustan.
De vuelta al caso Jaque-ANT. En las investigaciones seguro se podrá saber también quiénes pagaron los servicios de tramitadores y/o funcionarios corruptos (habrá listas de nombres, comprobantes de pago, contactos en los teléfonos, historiales de WhatsApp, etc.), ¿o estoy pidiendo demasiado? Permítanme soñar y digamos que los investigadores cuentan con esa información y tienen la voluntad política de escarmentar a corruptos y a corruptores. ¿Cuántas mega cárceles, como esa que dicen que van a construir en Santa Elena para albergar a 15 000 reclusos, creen que necesitaríamos para deshacernos de corruptos y corruptores? Se me ocurre que algunas decenas. Es tristísimo.
¡¿Por qué seremos así?! ¿El Estado es corrupto porque la sociedad de la que salen quienes lo manejan es corrupta? ¿O la sociedad es corrupta porque las instituciones estatales lo son, desde que tenemos memoria? Habría que estudiar años para sacar conclusiones más completas; lo único cierto es que la impunidad reinante es la raíz de donde nacen la mayoría de nuestros males. La facilidad para delinquir o cometer irregularidades sin castigo alguno se ha vuelto la norma; por qué alguien se interesaría en hacer lo correcto, si le va a costar sangre, sudor y lágrimas, en lugar de apenas USD 300.
Tal parece que en Ecuador al nacer nos dividen entre corruptores, que conforman la gran mayoría, y corruptos. Aunque en realidad la distinción es vana, porque todos somos corruptos si se mira bien, solo que unos demandan el producto o servicio corrompido y otros lo ofrecen. División del trabajo, que llaman. Tristísimo.