El Acuerdo de Comercio Recíproco Ecuador–Estados Unidos: ¿Salvavidas de la dolarización o espada de doble filo?
Asesor empresarial en estrategia y finanzas corporativas. MBA de la Escuela de Negocios Darden de la Universidad de Virginia. Exasesor McKinsey and Company y finanzas en JPM, CLSA, ABN-AMRO y Valpacífico. Exejecutivo senior Progressive Insurance e IPG.
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El pasado 13 de marzo de 2026, Ecuador y Estados Unidos estamparon sus firmas en el Acuerdo de Comercio Recíproco (ART, por sus siglas en inglés). Este instrumento no es un Tratado de Libre Comercio (TLC) tradicional, como los que rigen a nuestros vecinos Perú y Colombia; es un acuerdo de “nueva generación”, moldeado por la política de reciprocidad de la administración Trump 2.0.
Mi tesis es directa: el ART constituye la infraestructura legal indispensable para que la dolarización sobreviva en un mundo cada vez más proteccionista. Sin el ART, el producto ecuatoriano nace con un castigo de precio frente al vecino, lo cual es insostenible en una economía dolarizada.
No negociar no era una opción; sin embargo, el éxito depende de la capacidad de Ecuador para gestionar sus riesgos y ejecutar reformas internas críticas.
El balance neto es positivo, pero su distribución será desigual si no se interviene.
Los tres pilares reales del acuerdo
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Arancelario
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Desmantela la sobretasa del 15% impuesta por Washington D.C. en 2025 y otorga acceso preferencial inmediato a más del 53% de nuestras exportaciones no petroleras (USD 2.786 millones).
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Regulatorio
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Impone una convergencia y desregulación agresiva. Ecuador ha aceptado los estándares de seguridad y emisiones de EE.UU. para vehículos, y homologará automáticamente los fármacos y dispositivos médicos aprobados por la Food and Drug Administration (FDA), eliminando registros redundantes. Además, la supresión de inspecciones pre-embarque reducirá los costos logísticos entre un 8% y un 12%. Esta modernización regulatoria es una ventaja estratégica: atrae inversión de mayor valor agregado y reduce la dependencia tecnológica de proveedores asiáticos en bienes de capital.
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Geopolítico y de seguridad económica
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Posiciona a Ecuador como un socio preferencial de EE.UU. en la región para el nearshoring y la diversificación de cadenas críticas (minerales, agroindustria). Esto mejora la percepción de riesgo país y facilita el acceso a financiamiento vía EXIM Bank (banco de exportaciones) y el DFC (Development Finance Corporation) para proyectos de infraestructura.
Notorio es la nueva disponibilidad de financiamiento para clientes exportadores por parte de bancos en EE.UU. con tasa variable SOFR (antes LIBOR) y un spread menor a la tasa activa del sistema ecuatoriano. Y del interés por empresas ecuatorianas, sea exportadores o de consumo local, con mejores valores empresariales. Esto afectará la estrategia de muchas empresas en el Ecuador.
Los riesgos reales
·- Riesgo jurídico. El más grave. El acuerdo descansa sobre la autoridad ejecutiva unilateral del presidente de EE.UU., una herramienta que la Corte Suprema de ese país ya limitó en febrero de 2026. Existe una probabilidad alta de que el ART reciba retos por cortes federales estadounidenses entre 2027 y 2028. Debemos permanecer atentos y preparar el cabildeo adecuado tanto con el Congreso como el Senado de EE.UU., post elecciones de mid-term, con el objetivo de mejorar lo obtenido y garantizar su permanencia en el largo plazo. Y claro, tener un plan B de contingencia.
- Riesgo de asimetría y desindustrialización. Si bien el balance neto a tres años es positivo, la distribución es profundamente desigual. Sectores vulnerables enfrentan la competencia directa de productos estadounidenses subsidiados.
- Riesgo de una implementación débil. El historial de Ecuador en reformas regulatorias y aduaneras es desalentador. Si no modernizamos las aduanas y simplificamos trámites en los próximos 12 a 18 meses, los beneficios se licuarán, y EE.UU. podría activar salvaguardias comerciales.
Recomendaciones estratégicas
El Acuerdo de Comercio Recíproco no es una entrega del país, pero tampoco es una panacea. Es una herramienta de soberanía competitiva. La soberanía hoy es la capacidad de elegir con quién integrarse, no el aislamiento. En un mundo fragmentado, la previsibilidad jurídica es la nueva soberanía, y Ecuador ha logrado anclar su economía dolarizada a EE.UU., que representa 25 a 27% de la economía global.
Para que el ART sea sostenible política y socialmente, el Gobierno y el sector privado deben ejecutar de inmediato tres acciones ineludibles:
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Activación del Fondo Nacional de Reconversión Exportadora y Empleo (Fonarex)
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Se requieren inversiones fuertes públicas, privadas, de donantes bilaterales y multilaterales de USD 300 a 600 millones en 3 años para proteger el empleo en los sectores vulnerables y acelerar su reconversión productiva.
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Diversificación comercial acelerada
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Debemos usar esta posición de fuerza con el ART para ratificar acuerdos con la UE (fase 2), China, Corea del Sur, Canadá, Japón y Emiratos Árabes Unidos con un objetivo de crecer USD 800 a 1.200 millones anuales.
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Modernización institucional urgente
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La digitalización total de aduanas y la adopción real de estándares internacionales son obligatorias.
Sin estas tres patas, el ART será una fuente de ganancia económica y receta para tensiones sociales y políticas evitables.
La soberanía del siglo XXI no es cerrarse; es competir con las mismas reglas que nuestros vecinos. Ecuador tiene la oportunidad de pasar de adolescencia exportadora a madurez productiva. La pregunta no es si debíamos firmar; es si estamos dispuestos a acompañar el acuerdo con las políticas que lo hagan funcionar para todos los ecuatorianos.