El salvaje oeste de la frontera norte
Asesor empresarial en estrategia y finanzas corporativas. MBA de la Escuela de Negocios Darden de la Universidad de Virginia. Exasesor McKinsey and Company y finanzas en JPM, CLSA, ABN-AMRO y Valpacífico. Exejecutivo senior Progressive Insurance e IPG.
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Ecuador ya no solo compite por mercados; compite por su propia viabilidad. La visita de Gustavo Petro a Washington este 3 de febrero de 2026 no es una cita diplomática más; es el examen final de un modelo de "Paz Total" que, a ojos del presidente Trump y su Doctrina Donroe, ha reprobado. Para el empresariado ecuatoriano, la tesis es clara: la dependencia de un vecino con el interruptor en la mano y la frontera en llamas es el mayor riesgo sistémico para el país.
1. El "Narco-Impuesto": Una mochila de plomo de miles de millones
Ecuador dejó de ser la "isla de paz" para convertirse en el nodo logístico del excedente colombiano. No somos un país de tránsito; somos la aduana forzosa de una metástasis que no admite eufemismos.
- Siete provincias en cuidados intensivos: La región costa (Guayas, Esmeraldas, Manabí, Los Ríos, El Oro, Santa Elena y Santo Domingo) concentra hoy el 78% de la violencia letal. Ciudades como Durán y cantones de Los Ríos han registrado picos de hasta 140 homicidios por cada 100 mil habitantes, superando a cualquier zona de conflicto activo en el continente.
- El "Efecto Espejo" del Putumayo: La producción potencial de Colombia ha pasado de 350 toneladas en 2010 a un récord proyectado de 3.708 toneladas en 2025. Este excedente no se consume en la región; se "empuja" hacia los puertos ecuatorianos (Guayaquil y Posorja), lo que ha disparado la tasa de hom icidios en el Oriente (Sucumbíos y Orellana) debido al control de las rutas de ingreso.
- El "Narco-Impuesto" a la economía: Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el IEP (2025), el costo de la inseguridad en Ecuador ha alcanzado el 10% del producto interno bruto (PIB), aproximadamente $19,700 millones anuales. Esto incluye gastos en seguridad privada, pérdida de capital humano, extorsiones ("vacunas") y la contracción de la inversión extranjera directa (IED), que huye del riesgo logístico.
2. Doctrina Donroe: El nuevo pragmatismo de Washington D.C.
El 3 de febrero, Petro entrará a una Oficina Oval que ya no habla el lenguaje del idealismo. La Doctrina Donroe (Donald + Monroe) ha oficializado un pragmatismo transaccional donde Washington D.C. prioriza dos cosas: seguridad de suministro y control de recursos.
Para el presidente Donald Trump, que el presidente Gustavo Petro use la energía como un garrote político contra el presidente Daniel Noboa es una afrenta directa. Bajo la óptica de Donroe, la energía es un pilar de seguridad hemisférica, no un favor de buena vecindad. El arancel de seguridad del 30% impuesto por Noboa no es un capricho arancelario; es un mecanismo de defensa proactivo. Washington D.C. decidirá ese día si Colombia sigue siendo un socio confiable o si Ecuador es el nuevo bastión que merece el respaldo total.
3. Escenarios: ¿Hacia dónde movemos la ficha?
Estratégicamente, proyectamos tres rutas críticas para su planificación estratégica:
El Pacto de Febrero (45%): Washington "aprieta" a Bogotá. Regresa el flujo eléctrico, baja el riesgo país y el costo operativo industrial recibe oxígeno.
El Cisne Negro de Mayo (35%): La oposición gana terreno en Colombia y el presidente Petro radicaliza el cierre energético antes de una eventual salida. Acción a tomar: Desvío total de la logística hacia los puertos del Perú.
Sanción Directa (20%): EE.UU. descertifica a Colombia por falta de cooperación antidrogas. El peso colombiano se desploma y el riesgo país de Ecuador sube por mero contagio regional.
4. El Escudo del gas: Soberanía o sumisión
La única respuesta pragmática al "estiaje de confianza" es la independencia energética. Ecuador debe ejecutar con urgencia la revitalización del Campo Amistad (para saltar de 20 a 25 millones de pies cúbicos diarios) y liberalizar sin miedo la importación de Gas Natural Licuado (GNL).
El gas natural no es solo una transición verde; es el blindaje soberano que garantiza que las empacadoras de camarón y las industrias sigan rugiendo cuando Bogotá decida, por ideología o escasez, apagarnos la luz.
El 3 de febrero sabremos si la región recupera la cordura o si debemos acelerar el desacople logístico del norte. Para su empresa, la independencia energética y mirar hacia el sur (Perú) ya no son opciones estratégicas; son su única póliza de seguro contra un vecino que juega con el interruptor.