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Esto no es político

Alexandra y María José: dos gestos que retratan la forma de ver al poder

María Sol Borja

Periodista. Conductora del podcast Esto no es Político. Ha sido editora política, reportera de noticias, cronista y colaboradora en medios nacionales e internacionales como New York Times y Washington Post.

Actualizada:

08 abr 2026 - 05:55

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En política, los gestos suelen decir mucho más que los discursos y estas semanas dos funcionarias han desnudado dos formas irreconciliables de mirarlo: el que retrata la integridad para hacer cumplir la ley y el que se usa para la vanidad propia.

Lo ejemplifican dos mujeres: Alexandra Villacís, ex vocal subrogante en el Consejo de la Judicatura y María José Pinto, vicepresidenta de la República.

La historia de Villacís en el Consejo de la Judicatura es la crónica de una batalla por la legalidad que tiene más impacto del que podemos medir. Tras semanas de una lucha mediática y judicial innecesaria en una democracia, pero imprescindible en un estado al servicio de un líder político poco respetuoso de la independencia de poderes,  Villacís logró que la justicia ordenara su restitución.

Sin embargo eso no ocurrió. El ministro del Trabajo, Harold Burbano, siguiendo el rol obsecuente que ha tenido con su jefe, decidió ignorar la decisión de la justicia y con la misma maña con la que aplicó el supuesto impedimento a Villacís para sacarla de la Presidencia de la Judicatura —que le correspondía tras la renuncia de Mario Godoy— se negó a restituirla en su cargo.

Harta de dar una batalla infértil en un país desinstitucionalizado (probablemente), Villacís renunció.

¿Quién resiste meses de hostigamiento, presiones y campañas de desprestigio orquestadas desde lo más alto del poder?

Su reciente renuncia deja un sabor similar a la de Carlos Serrano, el juez al que el estado le dio la espalda y le obligó a exiliarse para preservar su vida y cuya denuncia reveló supuestas vínculos entre el crimen organizado y funcionarios de la Judicatura, entonces presidida por Mario Godoy.

Ambos ya están fuera del sistema que parece expulsar a quienes quieren hacer cumplir la ley.

Villacís — a quien no conozco más allá de haberla entrevistado como periodista— demostró con su tesón que la legitimidad no se gana con mañas y que, en el ejercicio desigual de poder, no es suficiente tener la ley de su lado. Incluso teniéndola se puede perder. Y eso es desesperanzador.

Sin embargo, un pequeño rayo de luz se filtra entre las grietas de la impunidad.

Villacís también demuestra que el poder sólo es digno de ejercer bajo condiciones de independencia y justicia.

En el extremo opuesto el gesto de María José Pinto demostró una indolencia absoluta con lo que pasa en el país. Mientras leíamos una noticia más sobre la muerte de otro niño de Taisha en un hospital por falta de atención oportuna, en sus redes se difundía un video en el que, sentada en un columpio, evocaba una vieja canción. La imagen la mostraba absolutamente ajena a la tragedia que ella debería estar resolviendo.

Quizás cuando lo hizo no se sabía aún que otro niño había fallecido. Podríamos darle el beneficio de la duda. Pero, la situación de crisis de los hospitales no es reciente. Lo sabemos desde hace años y lo sabe ella, como funcionaria a cargo. Cuando los resultados en Salud son nulos y las carencias en las zonas más vulnerables del país cobran vidas, la frivolidad en redes sociales retrata dónde está el foco del gobierno.

Esta desconexión no es un hecho aislado —ni exclusivo de Pinto—. Hemos visto a la legisladora Rosa Torres usando la miseria de las inundaciones de Babahoyo como fondo decorativo de Instagram o las fotos de la familia presidencial en lujosas vacaciones mientras las cifras de muertes violentas iban en aumento.

Es el escenario de lo bello, de lo exclusivo, de lo pacífico, privilegio de quienes nos gobiernan, frente al país desatendido, olvidado y carente. El síntoma de un poder que se mira al espejo y se aplaude mientras el país se desangra.

No se trata solo de imágenes desafortunadas en momentos en que el país necesita soluciones; se trata de la indiferencia política ante el dolor ajeno.

Mientras una funcionaria como Villacís desgasta su nombre y su tranquilidad defendiendo a la institucionalidad, la Vicepresidenta parece entender su cargo como una plataforma de branding personal.

En Salud, donde la diferencia entre una gestión eficiente y la negligencia se mide en vidas perdidas, el silencio de los resultados es ensordecedor.

El columpio de María José Pinto se mueve al ritmo de una realidad paralela, una donde las carencias de la atención médica en el país no logran romper la burbuja estética de un equipo de gobierno que parece medirlo todo en likes.

Al final, con estas acciones Alexandra y María José representan las dos orillas de un país que se debate entre la urgencia y la indolencia. Una se retira con la integridad intacta, dejando una lección de resistencia ética en un sistema que castiga al que cumple la ley; la otra permanece, cómoda en su burbuja, mientras el país aguarda respuestas que no llegan.

  • #María José Pinto
  • #Consejo de la Judicatura
  • #Ecuador
  • #Vicepresidencia
  • #crisis sanitaria
  • #salud
  • #Ministerio de Salud

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