El indiscreto encanto de la política
Por qué Ecuador debe respaldar a Ivonne Baki en la ONU
Catedrático universitario, comunicador y analista político. Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca.
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Una ecuatoriana podría dirigir la ONU por primera vez en la historia. No es un escenario hipotético: Líbano postuló formalmente a la guayaquileña Ivonne Baki para suceder a António Guterres en la Secretaría General.
Sin embargo, la respuesta del Gobierno ecuatoriano ha sido el silencio absoluto. En diplomacia, esa ausencia no es neutralidad: es una decisión.
La ONU atraviesa una crisis simultánea de legitimidad y gobernanza, y existe consenso creciente sobre la necesidad de que una mujer ocupe el cargo por primera vez.
En este contexto, Ecuador enfrenta una oportunidad excepcional de incidencia global, en medio de una disputa abierta entre potencias y de presiones cruzadas sobre la supervivencia del multilateralismo.
Los beneficios potenciales son interesantes. El Secretario General influye en la agenda del Consejo de Seguridad y articula la cooperación con agencias especializadas del sistema de Naciones Unidas.
Para Ecuador, esto facilitaría el acceso a programas y financiamiento en seguridad, desarrollo y medio ambiente. El cargo no garantiza estos beneficios de manera automática, pero abre puertas que hoy están cerradas, como se ha observado en otros procesos en los que el liderazgo del Secretario General amplificó la visibilidad y el margen de incidencia internacional de sus países de origen.
Existe un distanciamiento evidente entre Baki y Daniel Noboa. En febrero de 2024, el presidente dio por terminadas sus funciones como embajadora en Estados Unidos y la designó en Francia; nueve meses después, volvió a agradecerle los servicios prestados, cerrando así su ciclo diplomático.
El escenario actual es distinto. Baki cuenta hoy con el respaldo formal de Líbano y mantiene una relación cercana con Donald Trump. Esta conexión cobra relevancia cuando el Gobierno ecuatoriano ha alineado explícitamente su política exterior con Estados Unidos.
La candidatura de Baki, en consecuencia, avanza con o sin Ecuador, pero ahora con un respaldo internacional al cual Carondelet se debería sumar.
Mientras tanto, otras potenciales postulaciones de la región progresan con apoyo estatal explícito: Michelle Bachelet por Chile, Rebeca Grynspan por Costa Rica y Rafael Grossi por Argentina.
El eventual respaldo ecuatoriano no garantizaría su triunfo. Pero su ausencia sí asegura que Ecuador sea percibido como un país incapaz de articular una política exterior coherente, incluso cuando sus propios intereses están en juego.
Y eso dice más sobre Ecuador que sobre Ivonne Baki.