En Ecuador, los partidos políticos significan cada vez menos. Conservan casilla, nombre y colores, pero pierden identidad, coherencia y capacidad para decirle al elector para qué existen y qué representan.
La democracia necesita algo más que comunicación eficaz. Necesita dirigentes capaces de producir argumentos, construir conceptos y pensar más allá del siguiente ciclo informativo. Necesita estadistas.
El Decreto 449 no solo reorganiza ministerios; reorganiza la forma en que se coordina el poder dentro del Gobierno. Esa, probablemente, sea su reforma más trascendental.
Quizá es momento de retomar una discusión: ¿deben las ciudades y provincias seguir eligiendo a sus autoridades mediante mayoría simple, incluso cuando el ganador representa a una clara minoría del electorado?
El Mundial no solo modifica la agenda; también altera el estado de ánimo colectivo. Y las emociones influyen en la forma en que las sociedades interpretan la realidad política.
Cuando desaparece un ministerio, no solo cambia un organigrama; también desaparece una voz en la mesa donde se toman las decisiones. Fusionar ministerios significa alterar la distribución interna del poder.
No fue el discurso de un gobierno que ejerce el poder desde la estabilidad institucional, sino el de una administración que necesita la polarización para sostener su cohesión interna y seguir ganando elecciones.
Ese es el verdadero riesgo: no que Noboa sea Correa, sino que sigamos midiendo la democracia ecuatoriana en función del menos autoritario o del menos malo.
Lo que comienza como un problema judicial o regulatorio se convierte en una discusión institucional sobre la libertad de expresión y los límites del poder, y pasa de ser un caso particular a una preocupación pública.
En Ecuador, los partidos políticos significan cada vez menos. Conservan casilla, nombre y colores, pero pierden identidad, coherencia y capacidad para decirle al elector para qué existen y qué representan.
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La democracia necesita algo más que comunicación eficaz. Necesita dirigentes capaces de producir argumentos, construir conceptos y pensar más allá del siguiente ciclo informativo. Necesita estadistas.
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El Decreto 449 no solo reorganiza ministerios; reorganiza la forma en que se coordina el poder dentro del Gobierno. Esa, probablemente, sea su reforma más trascendental.
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Quizá es momento de retomar una discusión: ¿deben las ciudades y provincias seguir eligiendo a sus autoridades mediante mayoría simple, incluso cuando el ganador representa a una clara minoría del electorado?
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El Mundial no solo modifica la agenda; también altera el estado de ánimo colectivo. Y las emociones influyen en la forma en que las sociedades interpretan la realidad política.
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Cuando desaparece un ministerio, no solo cambia un organigrama; también desaparece una voz en la mesa donde se toman las decisiones. Fusionar ministerios significa alterar la distribución interna del poder.
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No fue el discurso de un gobierno que ejerce el poder desde la estabilidad institucional, sino el de una administración que necesita la polarización para sostener su cohesión interna y seguir ganando elecciones.
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Ese es el verdadero riesgo: no que Noboa sea Correa, sino que sigamos midiendo la democracia ecuatoriana en función del menos autoritario o del menos malo.
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Cuando la defensa de las libertades depende de quien gobierna, el silencio deja de ser una postura y se convierte en una decisión política.
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Lo que comienza como un problema judicial o regulatorio se convierte en una discusión institucional sobre la libertad de expresión y los límites del poder, y pasa de ser un caso particular a una preocupación pública.
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