El indiscreto encanto de la política
La captura de Maduro; impactos inmediatos en Ecuador y América Latina
Catedrático universitario, comunicador y analista político. Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca.
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Más allá de las discusiones jurídicas sobre derecho internacional, soberanía y democracia, la captura de Nicolás Maduro abre un conjunto de impactos inmediatos que América Latina —y en particular Ecuador— no puede ignorar.
La región entra en una fase de incertidumbre respecto al rumbo que tomará Venezuela y, sobre todo, sobre los límites reales de la acción estadounidense. Esa indefinición no es inocua. En política internacional, la ausencia de reglas claras suele traducirse rápidamente en costos económicos y riesgos estratégicos.
En lo económico, el primer efecto es la volatilidad. El aumento del riesgo geopolítico introduce primas adicionales en energía, seguros marítimos, transporte y financiamiento.
Los mercados no esperan definiciones institucionales para ajustar precios: suben los spreads soberanos, se encarece el crédito externo y se castiga con mayor dureza a economías con fragilidades fiscales o alta dependencia de importaciones.
Aunque Ecuador no depende del petróleo venezolano, cualquier shock en un productor relevante altera las expectativas globales. Esto puede reflejarse en mayores costos logísticos, presión sobre los precios de combustibles y un clima de inversión más cauteloso, especialmente en economías dolarizadas y con márgenes fiscales limitados.
En lo social y migratorio, el efecto inmediato puede contradecir la intuición optimista. Si bien existe la expectativa de retornos, la experiencia regional muestra que la incertidumbre política suele empujar, al menos en una primera fase, nuevos desplazamientos: familias que salen por temor, por desorden institucional o por deterioro económico.
Solo cuando una transición se estabiliza institucionalmente suelen producirse retornos sostenidos.
En seguridad, la fractura de estructuras criminales asociadas a un Estado suele generar reacomodos. Redes que pierden protección buscan nuevas rutas y territorios, lo que incrementa tensiones en países ya expuestos al crimen organizado transnacional. Ecuador, por su ubicación y fragilidad institucional en esta materia, no es un actor periférico en ese proceso.
En lo político, la región se reordena. La reacción frente a la operación de Donald Trump funciona como un marcador de alineamientos. Apoyar, condenar o guardar silencio tiene costos.
Ecuador aparece claramente ubicado entre los gobiernos que respaldan la acción estadounidense, lo que consolida una relación cercana con Washington.
Ese alineamiento trae beneficios prácticos —cooperación en seguridad, respaldo político, acceso a financiamiento—, pero también implica costos: menor margen de maniobra diplomática y mayor dependencia de un eje de poder que redefine ritmos y prioridades.
Lo ocurrido en Venezuela no ofrece soluciones rápidas, ofrece señales. Y las señales, en política internacional, ordenan comportamientos y redistribuyen riesgos.
Estar del lado “del poderoso” puede ser una ventaja; pero nunca es gratis.