Experta en prevención de crimen organizado. Docente de la UG, con más de 5 años de expertise en prevención de crimen organizado y lavado de activos. Licenciada en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas. Máster en Seguridad.
Combatir el lavado como el crimen organizado en Ecuador exige ir más allá de perseguir a quienes cometen los delitos. Es indispensable desmantelar las estructuras económicas y políticas que permiten a las organizaciones criminales operar.
Los niños sicarios son una realidad que incomoda en Ecuador. A los grupos de delincuencia organizada les resulta indiferente si esos jóvenes enfrentan una pena de prisión prolongada o si mueren en su primera misión.
Lejos de garantizar el desmantelamiento definitivo de la organización criminal, la eliminación o captura de sus dirigentes parece estar acelerando un proceso de recomposición interna.
Mientras el debate público se concentra en sicarios, cabecillas y bandas, existe una notable reticencia a investigar, procesar y extraditar a actores de cuello blanco que lavan activos, corrompen instituciones y proporcionan cobertura al crimen organizado.
La eficacia de la respuesta estatal se mide por la capacidad de identificar, procesar y condenar a los "peces gordos" que facilitan el funcionamiento de las redes criminales.
La crisis de seguridad ecuatoriana no responde únicamente a una disputa por control territorial, sino a un problema más profundo: la progresiva normalización de redes criminales dentro de estructuras políticas, económicas y estatales.
Entre especialistas, desde Guayaquil hasta Washington o Roma, existe un consenso claro: una política seria contra el crimen organizado comienza por rastrear y desarticular sus flujos financieros, incluso cuando ello implique incomodar a actores con poder.
El panorama difícilmente cambiará mientras las acciones no alcancen a aquellos criminales que operan con mayor nivel de invisibilidad, insertos en la esfera pública y en los círculos de poder económico y social, desde Samborondón hasta Cumbayá.
Si se quisiera aprovechar el toque de queda, los verdaderos objetivos de alto valor deberían centrarse en actores insertos en las estructuras políticas y económicas que sostienen el funcionamiento del crimen organizado.
Combatir el lavado como el crimen organizado en Ecuador exige ir más allá de perseguir a quienes cometen los delitos. Es indispensable desmantelar las estructuras económicas y políticas que permiten a las organizaciones criminales operar.
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