Columnista invitada
Más allá de un mapa de calor de Guayaquil
Experta en prevención de crimen organizado. Docente de la UG, con más de 5 años de expertise en prevención de crimen organizado y lavado de activos. Licenciada en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas. Máster en Seguridad.
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Los mapas de calor, además de ser una herramienta útil para visualizar la concentración espacial de la violencia en una zona determinada, permiten identificar patrones territoriales relevantes. La información presentada se basa en una base de datos que abarca el período comprendido entre 2014 y 2024. Específicamente, las causas de muerte mapeadas corresponden a la ciudad de Guayaquil e incluyen sicariatos, asesinatos y homicidios. Se excluyeron los casos de feminicidio del análisis, a pesar de que existe una correlación relevante entre la violencia de género y la presencia del crimen organizado, así como con la existencia de entornos familiares disfuncionales, los cuales pueden convertirse en espacios propicios para el reclutamiento de nuevos integrantes de los grupos delictivos organizados (GDO).
Guayaquil se configura como una ciudad con elevados niveles de violencia. En promedio, la ciudad tiene 11 muertos por día en 2025, situación que se evidencia claramente en el mapa de calor. Para el final de este 2025, si la tendencia se mantiene Guayaquil debería de cerrar el año con un aproximado de 4.015 actos violentos. En este mismo mapa también se observa el cantón Durán, tradicionalmente considerado una “ciudad dormitorio” de Guayaquil, cuya dinámica está estrechamente vinculada a la de la urbe principal.

No obstante, el mapa revela una realidad particularmente alarmante: Guayaquil, además de ser un territorio estratégicamente relevante para los grupos delictivos, registra altos niveles de violencia de manera sostenida desde el año 2014. La intensidad y extensión del mapa de calor en el espacio urbano no responden a un patrón normal de criminalidad ordinaria, sino que constituyen un claro síntoma de un problema estructural y profundo de violencia como de gobernanza criminal.
Se identifican dos zonas que destacan de manera particularmente notoria por su alta concentración de violencia: el Guasmo Sur y la Isla Trinitaria. A primera vista, esta situación puede explicarse porque, más allá de sus condiciones de pobreza, estos territorios se encuentran profundamente influenciados por su cercanía y vinculación con los puertos de aguas profundas de la ciudad. Allí donde existen puertos no solo se concentran flujos de entrada y salida de mercancías, sino también dinámicas criminales asociadas al control logístico.

En el caso del Guasmo Sur se observa la presencia de los operadores portuarios públicos y privados y la zona de las esclusas, esta última un espacio de acuicultura de alto interés estratégico, con reportes recurrentes de piratería como de casos de extorsión en el canal. En un territorio geográficamente reducido se concentra una elevada densidad de infraestructura logística, como galpones y depósitos aduaneros, lo que incrementa de manera significativa su valor estratégico para las economías criminales. La infraestructura logística, entendida como un conglomerado de oportunidades para la provisión de servicios criminales, facilita la contaminación de contenedores para la salida de grandes volúmenes de sustancias ilícitas, como su almacenamiento y ocultamiento temporal en la infraestructura industrial como en las casas de los barrios vecinales.
Por otro lado, en Isla Trinitaria, tal como en el Guasmo Sur, la presencia de operaciones portuarias generan una prevalencia de gobernanza criminal. En comparación, se puede ver que la parroquia Ximena es la tercera parroquia con más muertes violentas entre enero y agosto de 2025. Esta parroquia históricamente ha tenido pandillas, pero desde el 2022 tiene un incremento constante de la violencia, debido a que las bandas locales no trabajan en crimen común, sino que prestan servicios para el crimen organizado. La parroquia Ximena, como en general el Guasmo Norte, históricamente ha tenido presencia del GDO Los Lagartos; sin embargo, debido a la fragmentación actual, poca información se ha recopilado de las bandas locales en la actualidad.

Lo relevante de estas zonas de calor en Guayaquil es que condensan una serie de fenómenos complejos que favorecen la generación y reproducción del crimen organizado. A eso se le suma la provisión insuficiente de servicios básicos de calidad, la coexistencia desordenada de zonas industriales y residenciales y una limitada articulación con instituciones estatales y la gestión portuaria. Si bien existen protocolos de seguridad que establecen líneas base de calidad, estos suelen circunscribirse exclusivamente al interior de las instalaciones portuarias, no se extiende de manera efectiva a las zonas aledañas, donde se desarrollan la mayoría de las dinámicas criminales asociadas.