No todo está perdido
Pablo Cuvi es escritor, editor, sociólogo y periodista. Ha publicado numerosos libros sobre historia, política, arte, viajes, literatura y otros temas.
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Dos noticias alegres y una triste. Empecemos con la triste: según el New York Times, los pocket books o libros de bolsillo, que vivieron su esplendor a mediados del siglo XX, se hallan al borde de la extinción, al menos en EE.UU.
Eran tirajes masivos de ediciones baratas que se vendían en cualquier quiosco, cuyos estantes mezclaban el género sensacionalista de los ‘pulp fiction’ con obras maestras de grandes escritores que, en cualquier chaqueta arrugada o bolso de mujer o mochila de soldado, llegaban a todos los rincones del planeta.
Con su letra menuda, sus hojas de papel periódico mal encoladas y unas cubiertas entre cursis y truculentas, estas víctimas de la revolución digital han ido pasando al basurero de la historia junto a las pequeñas cámaras de fotos, los cronómetros, las lupas, las linternas, las colas en los bancos y las mil funciones más que asumieron los smartphones.
A los jóvenes tiktokteros el anuncio ni les va ni les viene, pero a los de mi generación nos pega bajo la línea de flotación pues leer era subrayar con entusiasmo, comentar al margen y manchar las hojas con la taza de café, olvidarlos en cualquier sitio o caja de cartón, para hallarlos amarillados 20 años después, repasar los subrayados y asombrarnos del joven que los había trazado.
Menos mal que una noticia de Londres restablece el equilibrio. Destaca The Guardian el renovado interés del público inglés por libros serios e inteligentes de no ficción. Este fenómeno se explicaría porque la gente busca con angustia algún sentido en estos tiempos oscuros e impredecibles. Quieren entender algo de lo que está pasando y para eso nada mejor que un libro que trata los temas con amplitud y detalle, provocando la reflexión.
Pruebas al canto: ‘Sapiens: de animales a dioses’, de Yuval Noha Harari, ese enfoque original y entretenido del desarrollo humano, ha vendido cerca de 25 millones en muchas lenguas. Ayuda que Harari sea, además, un gran expositor que se difunde mucho en las redes sociales, donde advierte los peligros de la IA.
Otros temas que despiertan el interés de este público lector son el ensayo político, los debates económicos, la medicina científica, la historia. No se trata solo de novedades: pueden ser libros importantes que salieron hace algunos años y siguen en cartelera, o jóvenes autores que desplazan también a los últimos libros de bolsillo que siempre fueron los parientes pobres, aunque publicaran a Hemingway y Platón.
La segunda noticia positiva son las adaptaciones al cine, que promocionan de paso a sus novelas originales. Además, los buenos guiones cinematográficos contrarrestan la simplificación narrativa a la que han llegado las series de Netflix, plataforma que obliga a los guionistas a que reiteren con frecuencia el argumento para que los espectadores –que nunca dejan de chatear en sus tóxicos celulares– se mantengan levemente conectados a la trama.
Ejemplo de adaptación, la flamante ganadora de los premios Bafta y con varias nominaciones al Óscar: ‘Hamnet’. El gancho no podía ser más prestigioso: William Shakespeare y la creación de su obra más emblemática, ‘Hamlet’, que en su época era un nombre intercambiable con Hamnet, el hijo varón del dramaturgo.
Sin embargo, la película gira alrededor de Agnes, la esposa de William. Cómo fue ella en la realidad, o incluso en la novela no importa tanto como la imagen estremecedora que la estupenda actriz premiada, Jessie Buckley, va creando en la pantalla mientras Paul Mescal nos presenta a un Shakespeare medio blandengue en la vida pueblerina hasta que marcha a encontrarse con su destino en Londres, abandonando mujer y tres hijos en su natal Stradford, donde Hamnet, de once años, muere súbitamente a causa de la peste.
La desgracia ahonda el rencor de Agnes con su esposo pero exacerba la culpabilidad creativa del genio, que convertirá su dolor en una de las obras más difundidas de la historia universal, sobre todo en la escena teatral y gracias a los libros de bolsillo, faltaba más.
De modo que no todo está perdido en este atrabiliario mundo trumpista ya que existe gente que vuelve a los libros serios y desafiantes, mientras otros siguen acudiendo al cine a descubrir los secretos de William Shakespeare.
Hay, no obstante, otra película que me gusta más: la noruega ‘Valor sentimental’, premiada en Cannes, en el Bafta y candidata al Óscar. Me gusta porque es cine sin ganchos ni truculencias, cine del cine, sobrio, con otra mujer atormentada y ese aroma nórdico de las películas de Ingmar Bergman que uno veía con devoción en el teatro Universitario. Ese es el mundo cultural que no está perdido mientras haya gente que le siga dando cuerda.