¿Estás a favor o en contra de la invasión?
Pablo Cuvi es escritor, editor, sociólogo y periodista. Ha publicado numerosos libros sobre historia, política, arte, viajes, literatura y otros temas.
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Según un artículo de ‘El Universo’, entre los temas que más han ocupado a los ecuatorianos en las redes en 2025 se hallan EE.UU. y Trump, por supuesto, y también Venezuela, Colombia y otros vecinos americanos, pero no aparece la invasión rusa a Ucrania, como si ese conflicto estuviera demasiado lejos, allá entre eslavos….
Salvo que allá se está jugando el destino de Occidente, o, para no ser tan dramáticos, se está remodelando el orden mundial. En semejante escenario, los sucesivos godoyes que tanto nos disturban acá tienen la dimensión de los güilli güillis, pero Ecuador, como país, algo suena: cuando aún gobernaba Biden, Noboa quiso entregar helicópteros viejos rusos para que EE.UU. los reenviara a Kiev y le diera nuevos a cambio, pero Vladimir paró en seco el canje: cortó las importaciones de flores y el Gobierno reculó.
Ahora, Noboa luce cómodo con la política imperial y grosera de Trump frente a Venezuela; no así millones de latinoamericanos que detestan la dictadura mafiosa y torturadora de Maduro, pero les cuesta muelas aceptar la intervención militar, una más en esa larga historia de invasiones e intervenciones de EE.UU. en América Latina desde el siglo XIX.
Un dilema semejante se vivió en 1982, cuando la dictadura fascista de Argentina, encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri, general fanfarrón y aficionado al whisky, intentó recuperar las Malvinas por la vía de las armas.
Ni corta ni perezosa, Margaret Thatcher envió una Task Force a liberar ‘sus’ Falkland Islands. Mientras esta poderosísima fuerza naval cruzaba el Atlántico, la gran mayoría de países americanos, incluido Ecuador, invocaron el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) para rechazar la intervención de una potencia extracontinental, a pesar de que eso significaba un apoyo de facto a la dictadura militar argentina.
Recuerdo que Brasil no permitió que las naves inglesas se reaprovisionaran en ninguno de sus puertos y que Perú envió a Argentina los misiles franceses Exocet que alcanzaron importantes buques ingleses. En cambio, el Chile de Pinochet se puso abiertamente del lado inglés, al igual que EE.UU., que invocó el tratado del Atlántico Norte… en el Atlántico Sur.
Ésta era una pista hacia lo que se jugaba detrás pues la Inteligencia soviética había monitoreado todo el tiempo el desplazamiento de la Task Force y transmitido ese material a los militares argentinos. Entonces, tal como ahora junto a China, Moscú le disputaba a Washington el reparto del planeta. Por eso, un agudo comentarista señalaba hace poco que los cruentos sucesos de las Malvinas podían ser vistos como la primera guerra por el control de la Antártida.
En cualquier caso, muchos intelectuales de América Latina rechazaron la intención de Galtieri de agitar el nacionalismo para lograr el respaldo del pueblo argentino. Y las todavía impolutas y valientes Madres de Mayo sacaron un cartel contundente: “Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también”. En otras palabras, la izquierda trataba de separar las cosas, pero la rápida derrota de los militares argentinos terminó con la dictadura para alivio general.
Hoy, Venezuela, al igual que Ucrania, se enmarca en la disputa global ya que Maduro cuenta con el apoyo económico y militar de Rusia, China e Irán. Entonces: ¿oponerse a la intervención imperial significa de hecho colocarse del lado del imperialismo ruso? ¿Es posible estar al mismo tiempo contra la dictadura chavista y contra el Corolario Trump, añadido recientemente a la Doctrina Monroe?
Ese dilema ético y político ha alcanzado a los cenáculos literarios: la novelista colombiana Laura Restrepo acaba de declinar su participación en el prestigioso festival Hay porque los organizadores han invitado a María Corina Machado.
Pero más allá del festival, surge la vieja pregunta: ¿qué derecho tiene Restrepo, o cualquier intelectual de café, de cuestionar a una luchadora como Machado que está jugándose la vida en Venezuela, donde cuenta con el apoyo del 70% de la población, más millones de migrantes que solo esperan la caída del chavismo para volver?
Por su parte, Trump viola el derecho internacional al hundir lanchas con gente y advertir que recuperará a la brava “el petróleo que Venezuela le ha robado a EE.UU.,” delatando el motivo central de su intervención.
Al fin de cuentas, las grandes potencias siempre se han pasado por el forro los dilemas morales y los derechos humanos. Después de Venezuela, Trump tiene en carpeta la anexión de Groenlandia para controlar el Ártico, mientras Putin alardea de sus misiles nucleares, que pueden eludir el escudo de EE.UU y destruir sus ciudades.
Pinta mal el 2026, salvo para Daniel, que estará dorándose en la Florida mientras las masacres continúan en la Costa ecuatorial.