El Chef de la Política
Cuando las formas son tan importantes como el fondo
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
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La geometría expresa a través de formas los contenidos más profundos. No es solo cuestión de figuras, puntos y planos. La geometría enseña de matemáticas y también del conocimiento que está más allá de lo evidente, el de naturaleza esotérica. Por eso los grandes geómetras de la historia, con Euclides a la cabeza, pasando por Descartes y Gauss, tuvieron en claro que fondo y forma se funden en una sola cosa. Así, la geometría, una de las artes liberales del trivium del lenguaje, sirve como una gramática del buen proceder. Del correcto proceder, en fondo y en forma.
Lástima que esas lecciones de vida que nos llegan de la geometría, pero también de la familia y otras formas de socialización, ahora se encuentren tan devaluadas. En lo privado y en lo público se observan esas falencias. Desde luego, en lo público es donde más llaman la atención y generan espasmo, cuando no indignación. Al respecto, nuestra cotidianeidad es un laboratorio social perfecto para detectar como las formas se pierden súbitamente y con ello también los contenidos. No solo hay que ser sino parecer, diríamos, desde otra perspectiva. Los ejemplos abundan y algunos de ellos son dignos de estudio. Ninguno llama a una valoración jurídica ni legal sino de ética pública. No es, por tanto, una discusión normativa sino cívica, ciudadana. No es cuestión de legalidad sino de pulcritud frente a lo político, a lo de todos.
En el concurso para fiscal general, por ejemplo, postula quien ahora es fiscal general. Mientras se verifica esa pantomima mal orquestada por el Consejo de Participación Ciudadana, el candidato sigue ejerciendo sus altas funciones. No le importa mantenerse en relación procesal con actores políticos clave ni tampoco las elucubraciones respecto a su imparcialidad en los casos que se ventilan en su despacho. Él sigue ahí, orondo, sin despeinarse. Dejar el cargo hasta que se resuelva el concurso para él no es una opción. No sabe de formas y menos de geometría.
Algo similar ocurre con una candidata a fiscal general, que al mismo tiempo ejerce funciones de jueza nacional. Primero señaló públicamente que quisiera ser presidenta de ese alto tribunal de justicia. Alto porque funciona en los últimos pisos de un enorme edificio, no por la calidad profesional y ética de la mayoría de sus integrantes. Como no le resultó ese cargo ahora va por la fiscalía, pero sin dejar su despacho. En otras palabras, mientras espera que se resuelva el concurso ella sigue juzgando a actores políticos y tomando decisiones que, directa o indirectamente, pueden incidir en el concurso. Si la geometría o las formas le acompañaran, esa jueza debería retirarse temporalmente de sus funciones. Pero no, eso no va a pasar nunca. Acá las normas de buen comportamiento se perdieron hace tiempo.
Pero la jueza que al mismo tiempo es candidata a fiscal no es la única sujeta a escrutinio dentro de la Corte Nacional. Allí, en ese espacio en el que ahora mismo lo único ceremonioso que queda son las togas que se han dado en utilizar para tratar de esconder la miseria de muchos de los jueces, hay una candidata a presidir el Consejo de la Judicatura que al mismo tiempo conoce y resuelve casos del más alto calado. Al igual que en los otros casos, no suelta su espacio, sino que espera allí, agazapada, si sale otro cargo, en buena hora, si no es así, no pierde el privilegio actual. Pedir licencia no está entre sus opciones. Las formas, que pueden ser sinónimo de decencia en este punto, no son tan importantes.
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Y así avanzamos, navegando entre la ausencia de formas y la pérdida de credibilidad de las instituciones públicas y de sus principales funcionarios. Acá hay tres ejemplos de personas que son parte esencial del sistema de administración de justicia que, ni por asomo, se les ocurre cuestionarse que su actuación habla de sus ilimitadas ambiciones personales. Ojalá en algún momento ellos aprendan de geometría y de formas. Dudoso resulta creer que a estas alturas de la vida emprendan en el conocimiento de la proposición 47 de Euclides y de la demostración implícita que allí existe sobre el teorema de Pitágoras. Más dudoso, sino imposible, esperar que por elemental sentido de imparcialidad dejen sus cargos temporalmente mientras se ventilan los procesos de designación en los que tienen intereses directos.