El Chef de la Política
Los distintos significados de una renuncia
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
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Como todo acto humano, una renuncia tiene que ser interpretada en función del contexto que rodea a la decisión. Cuando el ambiente en el que se desenvuelve la persona es seguro, fiable y ofrece, por tanto, condiciones mínimas, hay poco que decir. Esa renuncia responde a un genuino ejercicio de voluntad de quien la asume. En la vida privada, las renuncias se dan mayoritariamente bajo escenarios de ese tipo. En la vida pública, por el contrario, las renuncias suelen estar vinculadas directamente con los dimes y diretes del poder y sus circunstancias. Por ello, cuando un funcionario público renuncia aduciendo motivos personales, lo que menos existe son motivos personales. Las casualidades en política no existen, dirán algunos, otorgando así mayor sustento a lo planteado.
En Ecuador se está configurando un patrón de renuncias de funcionarios públicos, tanto de elección popular como también de designación, que debería llamar la atención. Aunque las motivaciones que se esgrimen son distintas, hay que leer esas renuncias en el contexto en el que se verifican. Por ello, observar esas súbitas salidas sin agregar al análisis del entorno en el que los actores toman esas decisiones puede llevar a una errónea valoración. Dicho de otro modo, hay que mirar más allá de lo epidérmico de la declaración de despedida e intentar ahondar en lo que puede estar detrás.
En ese plano, hay actores que juegan un rol clave en el ambiente político que vive el país y cuyo comportamiento pueden ser un insumo importante para entender las renuncias que ya se han dado y también las que están por llegar. Me refiero específicamente al triste y vergonzoso papel que cumplen desde hace algún tiempo instituciones como la contraloría general del Estado, la fiscalía y el sistema judicial en general o el servicio de rentas internas. Estas instituciones, ya no controlan ni regulan, simplemente persiguen, atienden consignas políticas y su labor se halla reducida a la del simpe recadero de las disposiciones de quienes son la fuente de su designación. La fuente real de designación, no la que dice la ley o la Constitución.
En un contexto como el descrito, la autonomía de las personas para decidir su permanencia en los cargos se reduce considerablemente. Las opciones no son muchas y se limitan en realidad a dos. Te quedas y asumes los costos del informe de responsabilidad penal, el allanamiento, la orden de prisión preventiva o el repentino examen a tus impuestos; o te vas de forma tranquila, parapetado en el rótulo de la renuncia y bajo el subtítulo de razones personales como motivación de la salida. Puesto así, en blanco y negro, si bien otro tipo de explicaciones para las renuncias pueden existir, no parecen ser las que tienen ahora mismo el mayor sustento. Los seres humanos tomamos decisiones a partir de las condiciones que nos rodean, decían los funcional-estructuralistas, como Parsons o Merton.
Pero la interpretación de las renuncias no es importante solo para evidenciar cómo se mueven las fichas desde lo micro del sistema político o del subsistema electoral. En realidad, lo decisivo de este tipo de análisis es que refleja el estado general de la democracia. Dicho de otro modo, cuando hay renuncias respecto a las que existen fundadas sospechas que se deben a cuestiones relativas al uso arbitrario del poder, ahí hay un mal síntoma sobre el respeto a las libertades básicas, eje fundamental del funcionamiento del régimen democrático. Dicho sin ambages: cuesta creer que sean motivos personales los que movilicen el creciente número de renuncias que se están observando en el país.
Aunque esas renuncias conducen a un nuevo equilibrio de la vida política y de las fuerzas que pugnan por el poder, no hay que dejar de lado el hecho que esa estabilidad es efímera y de consecuencias nocivas en el mediano y largo plazo. Cada renuncia debe ser observada en contexto y bajo las condiciones que rodean al momento político que se vive. Cuando realizamos ese ejercicio, las supuestas razones personales para las dimisiones empiezan a diluirse para dar paso a otro tipo de explicaciones. Aquellas explicaciones en las que el temor o el miedo ganan terreno.