Leyenda Urbana
Los aranceles de Noboa se cuelan en la cita de Petro con Trump
Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC
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El anuncio del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, de imponer a Colombia aranceles del 30%, bajo el nombre de “tasa de seguridad”, porque Bogotá no hace lo suficiente en materia de lucha contra el narcotráfico y la minería ilegal en la frontera, podría ser vista como una temeraria movida, pero eficaz estrategia, al haber logrado que su homólogo, Gustavo Petro, finalmente se interesara por la frontera común a la que visitó el fin de semana, a pocos días de su encuentro con el presidente Donald Trump, en la Casa Blanca, en la que temas como aranceles y frontera no quedarán por fuera.
La medida provocó la respuesta de Colombia de un arancel similar y recíproco a los productos ecuatorianos con lo cual se ha instalado una “guerra arancelaria” que ha producido angustia en los sectores productivos de los dos países, que trabajan para contribuir a superar el conflicto, al igual que la Comunidad Andina.
Ciertas lecturas de por qué Noboa adoptó tal medida hablan de un distractor ante las serias denuncias que afectan a su Gobierno; los tímidos resultados de la guerra interna contra el crimen organizado y la enorme cifra de los homicidios con que Ecuador cerró 2025.
Pero está también la evidencia de que Colombia rompió su propio récord como mayor productor de cocaína del mundo, con más de 3.000 toneladas, 60% de las cuales salen por los puertos de nuestro país, arruinando la vida de los ecuatorianos.
De hecho, la decisión de Noboa llevó a que Petro asegurara que la política de incautación de drogas en Colombia es tan eficaz que ha obligado a los capos a trasladarse al Ecuador, por lo que las fuerzas de seguridad de su país deberían enseñar a las ecuatorianas cómo se controlan los puertos para evitar el contrabando. Y que “los banqueros no recojan los dineros del narcotráfico”.
Alardear que Colombia sabe cómo controlar los puertos y decir que puede transferir la experiencia a Ecuador, cuando le quedan apenas siete meses para dejar el poder y después del anuncio de los aranceles, resulta, por lo menos, extraño, porque Petro conoce que son los narcos de su país los que utilizan Ecuador para comercializar la droga.
Su reacción es preocupante si se considera su historial de intromisión en asuntos de política interna de Ecuador, como cuando dijo que hubo fraude en las elecciones que ganó Daniel Noboa; o cuando llama “preso político” a Jorge Glas, sabiendo que tiene tres sentencias por corrupción y le otorga la nacionalidad colombiana y pide lo dejen ir a su país.
Petro bien pudo usar los tres días que pasó en Manta, sin agenda pública, luego de la investidura de Noboa, el 24 de mayo de 2025, para propiciar una reunión de funcionarios de los dos países y traspasar el know-how que dizque tiene, para cuidar los puertos.
No haber compartido lo hace ver como vecino insolidario con el país hermano que sufre los tormentos del abandonado de la frontera, sobre todo en la zona del Putumayo, que ha sido tomada por grupos armados escindidos de las FARC, y a quienes no se ha sabido que él los combata.
Por esa frontera desguarnecida ingresan grupos del crimen organizado como el Comando de la Frontera que asesinó, en una emboscada, a once militares ecuatorianos en el Alto Punino, durante una operación de control de la minería ilegal.
El fin de semana, el subsecretario adjunto de Defensa de Estados Unidos, Joseph M. Humire, mantuvo, en Quito, reuniones estratégicas con las autoridades ecuatorianas, en las que se reafirmó la cooperación bilateral en la lucha contra el narcotráfico.
El 3 de febrero, Gustavo Petro se reunirá con Donald Trump, quien amenazó con imponer aranceles a Colombia por no combatir el narcotráfico, y, seguro, hablarán de la frontera; allí se colarán los aranceles de Noboa.