Leyenda Urbana
El estrecho de Ormuz y la Edad de Piedra
Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC
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Un misil en forma de mensaje que lanzó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su red social Truth Social, el domingo 5 de abril, alcanzó los cuatro puntos cardinales, al anunciar que “el martes será el Día de las Plantas Eléctricas y el Día de los Puentes”. Y al asegurar que no habrá “nada que se le parezca” al ataque que desencadenará si Teherán no acepta su ultimátum.
Cuando lean estas líneas, el martes 7 de abril de 2026, estará por concluir el plazo que dio Trump a Irán para que desbloquee el estrecho de Ormuz, o “desatar un infierno”; que tiene al mundo conteniendo la respiración, y llevó al papa León XIV a clamar el domingo, urbi et orbi: “¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz!”
O pudiera ser —ojalá que sí— que se logre, in extremis, un acuerdo o una tregua (se hablaba de 45 días) que abriría una negociación para poner fin a la guerra.
El propio Trump dijo en una entrevista, el domingo por la noche, que hay una buena probabilidad; pero si no hay un acuerdo, “voy a volar todo allí y tomar control del petróleo”, aseguró, y ayer fue más lejos al declarar que “podemos destruir un país entero en una noche y esa noche puede ser mañana”; o sea, este martes 7 de abril.
Confieso que me ha resultado imposible abstraerme de abordar el tema de la guerra, no solo porque de lo que ocurra en Oriente Medio dependerá el destino del mundo, en especial la economía, como se ha visto por el aumento del precio del crudo y sus derivados; sino porque al ser Ecuador aliado estrecho de Estados Unidos, sus acciones y decisiones repercutirán aquí, más aún tras el Acuerdo Comercial Recíproco (ACR) firmado en marzo, entre los dos países, que contiene cláusulas de las que tendríamos que estar mejor informados.
Claro que no es una decisión fácil escribir sobre la guerra en Oriente Próximo, mientras en Ecuador se viven momentos de tensión por el anticipo de las elecciones, contrariando las leyes, lo que constituye un golpe furibundo a la democracia. Y porque se deja de comentar temas como la alerta de la relatora especial de la ONU, Gina Romero, de que el país “sigue avanzando en una deriva autoritaria”.
A estas alturas, ya nadie duda que en Ecuador la división de las funciones del Estado se ha difuminado, por el sometimiento servil de las cabezas de esas instituciones ante el Ejecutivo, y de eso hay que hablar alto y claro, incluso, en medio de la guerra.
También de la desfachatez de las autoridades para asegurar, contra toda evidencia, que no habrá cortes de luz, como repitió la ministra de Energía, hasta que los apagones durante el feriado la desmintieron de manera rotunda, asestando un golpe a la reputación de su Gobierno.
En realidad, el país y el mundo viven en una trepidación constante y el temor es global, porque no hay como abstraerse de los hechos: Tras la captura de Maduro mutó la geopolítica regional. Y en Oriente Medio, hoy mismo, se redibujan los mapas con Israel, Gaza y Líbano bajo fuego.
De Irán todo está por definirse.
Donald Trump reconoció, el domingo, que su Gobierno envió armas a los manifestantes de la oposición iraníes en las protestas de inicio de año, con la esperanza de fomentar levantamientos contra los ayatolás.
Reveló que lo hicieron a través de los kurdos, aunque sospecha que fueron engañados. “Creo que ellos —los kurdos— se quedaron con las armas”, declaró.
Es difícil asimilar, pero en estos momentos el futuro de la humanidad se está definiendo al margen del Derecho Internacional, con la ONU como simple espectadora y la OTAN amenazada.
Todo dependerá de lo que Teherán decida sobre el estrecho de Ormuz devenido en la piedra angular de un conflicto que comenzó por las armas nucleares y de lo que haga Donald Trump que ha amenazado llevar a Irán de vuelta a la Edad de Piedra.
No cabe duda, este 7 de abril de 2026 estará en la historia.