Leyenda Urbana
Las mujeres de Irán superaron la barrera del miedo y son protagonistas de la historia
Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC
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Los cambios que se han precipitado en Irán y que el mundo observa con asombro no habrían sido posibles si las mujeres de ese país no superaban la barrera del miedo, alzaban su voz y se lanzaban a las calles para repudiar al régimen clerical de los ayatolás que las sojuzgó y anuló, por más de cuatro décadas.
La muerte de Mahsa Amini, joven kurda de 22 años, en septiembre de 2022, bajo custodia de la policía de la moral, luego de ser apresada “por no llevar bien puesto el velo”, causó tanto dolor y coraje, que produjo una movilización nacional sin precedentes, y marcó un punto de inflexión.
Mujeres de todas las edades y condición salieron a protestar, se despojaron del velo (hiyab) símbolo de opresión y no pocas hasta se cortaron su cabello.
El grito de “mujer, vida y libertad” fue lanzado en las manifestaciones y su eco alcanzó los cuatro puntos cardinales.
En varias ciudades del mundo hubo actos de solidaridad y prominentes figuras se cortaron el cabello en apoyo a las mujeres de Irán, país donde las protestas mutaron en desobediencia civil, hecho excepcional desde el triunfo de la revolución islámica, en febrero de 1979, que puso fin a la monarquía del Shah Mohamed Reza Pahleví, e instaló en el poder al ayatolá Ruhollah Jomeiní que puso en vigor la sharía, ultra retrógrada ley islámica.
De un plumazo, el clérigo bajó de 18 a nueve años la edad para contraer matrimonio; las mujeres perdieron el derecho a pedir el divorcio y el derecho a la custodia de los hijos; se disolvieron los tribunales de protección familiar; las mujeres no podían ser jueces y la poligamia volvió a ser permitida por ley.
Aquello fue el regreso al medioevo; un viaje al infierno de los ayatolás; por eso, que las mujeres salieran a protestar fue un canto a la vida.
Por eso también resultó doloroso para Ecuador que cuatro legisladoras del correísmo, que se proclamaban revolucionarias, viajaran a Irán, epicentro del discrimen y la persecución a las mujeres, después de que Irán fuera expulsado de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de la ONU.
Bajo el régimen de los ayatolás, Viviana Veloz jamás hubiese presidido la Asamblea Nacional, ni Marcela Holguín hubiese sido primera vicepresidenta de la Asamblea ni dirigiría los medios Públicos; pero ellas, junto a Pamela Aguirre y Johana Ortiz fueron a Teherán a lavar la cara de un régimen que persiguió y asesinó a las mujeres. Y se pusieron el velo del que las iraníes se despojaban.
Los registros de la infamia política recogerán este hecho, como castigo perpetuo para las falsas revolucionarias.
Un año después del viaje del deshonor, en 2024, en Irán fueron ejecutadas más mujeres que en los 17 años anteriores, a pesar de que se creyó que, con la llegada al poder de Masud Pezeshkian, considerado moderado reformista, la persecución podía disminuir.
Según la organización Irán Human Rights (IHR), en 2024 fueron ahorcadas 31 mujeres; nueve más que las 22 de 2023 y las 16 de 2022.
Pero las iraníes nunca más se callaron.
En enero pasado, bajo el lema de “arde diablo” quemaron las imágenes del líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, que las sojuzgó desde cuando asumió en 1989, en reemplazo del ayatolá Ruhollah Jomeiní.
Las protestas comenzaron en diciembre de 2025, en el bazar de Teherán, por la crisis económica, y se extendieron por todo el país hasta enero de 2026, e hicieron recordar la llamada “Revolución verde”, de 2009, en respuesta al fraude electoral en favor del ultraconservador Mahmoud Ahmadineyad, el mismo que visitó Ecuador para reunirse con Rafael Correa, del que se declaraba amigo; igual que de los Kirchner, Chávez y del socialismo del Siglo XXI.
De esas protestas que siguieron hasta enero pasado el saldo de la represión sería la demencial cifra de 36.000 muertos, aunque oficialmente se reconocen 3.600.
En esas jornadas surgió la imagen de mujeres que usaron fotos de Alí Jamenei para encender cigarrillos y se alzó como símbolo de coraje, ya que Irán prohíbe fumar a las mujeres y usar la foto de Jamenei también lo está y son dos hechos castigados por la ley islámica.
Luchar contra el poder es el acto más noble del ser humano y, desafiarlo, un reto permanente. Las iraníes lo hicieron frente a la sanguinaria teocracia, y lograron cambios respecto de la edad del matrimonio, el divorcio y más.
Mientras en Oriente Medio se reconfigura una nueva geopolítica, e Irán quema sus naves al agredir a los países vecinos, las mujeres estarán planeando sus próximas acciones para consolidar su libertad, y continuar siendo protagonistas de la historia.