Leyenda Urbana
Encarcelar a Maduro y gobernar con Delcy Rodríguez, el plan de Trump para Venezuela
Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC
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La euforia que provocó la caída del dictador sanguinario Nicolás Maduro causante de torturas, desapariciones, muertes y de la diáspora de más de ocho millones de venezolanos pronto mutó en desasosiego al comprobar que si bien el tirano había sido derrocado y encarcelado en una celda federal de Brooklyn, el régimen seguía enquistado a cargo de los acérrimos cómplices del sátrapa chavista, que será juzgado por narcoterrorismo y tenencia de armas.
La operación militar de precisión quirúrgica, la madrugada del 3 de enero, a cargo de un comando Delta Force, el cuerpo más elitista y secreto del Ejército de Estados Unidos, que arrestó a Maduro y a su mujer, debía dar paso a la organización inmediata de la transición a la democracia, para que los venezolanos planifiquen su nueva vida, liberados del usurpador que les arranchó la calma, sus bienes, y afectó su destino.
Pero no fue así.
El anuncio de que la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, estará al mando de Venezuela provocó estupor. Y que el ministro de Defensa, el siniestro Vladimir Padrino López, la reconociera de inmediato, sembró dudas y temores, aunque se tratase de una estrategia para evitar el caos y el derramamiento de sangre, en un país donde el odio se percibe en calles y plazas, y la gente ha podido convivir bajo la amenaza de la bayoneta del dictador y sus compinches.
Cómo desmontar una narco-dictadura, de 26 años, siendo el chavismo una coalición de intereses perversos que controla las Fuerzas Armadas, el petróleo; todos los negocios del Estado, las milicias bolivarianas que manejan ocho millones de armas, y los aparatos de seguridad a cargo de siniestros cubanos que espían y torturan, y cuya presencia siempre fue negada, pero luego de que 32 de ellos, parte de los anillos de seguridad de Maduro, fueran eliminados durante su captura, han tenido que reconocer, son preguntas sin respuestas certeras.
Tras la caída del tirano de Miraflores el mundo parece en vilo.
Que nadie hablara de liberar a los presos políticos confinados en las mazmorras del terrorífico Helicoide, y que la palabra democracia no haya sido mencionada, ni una sola vez, por quienes echaron al dictador, arruga el alma; mientras el planeta contempla el rediseño de una nueva geopolítica que deja a China sin su mayor aliado en el hemisferio occidental y sin su petróleo, una vez que la vigencia de la Doctrina Monroe (América para los americanos) ha sido proclamada, como lo hizo, en 1823, el presidente James Monroe; aunque hoy se habla de la “Doctrina Donroe”, para incluir el nombre de Donald Trump.
Lo que queremos es arreglar el sector petrolero, después arreglar el país y luego, elecciones, anunció desde el Air Force One, el domingo, Donald Trump, de regreso a Washington, con lo que se completa una suerte de agenda para el país conquistado con lo que anticipó, la víspera, en Mar -a- Lago, cuando dijo que van a gobernar “hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y juiciosa”.
De esa transición han excluido a Edmundo González, ganador legítimo de las elecciones de julio de 2024, lo que causó conmoción, sensación que mutó en estupefacción al escuchar decir a Trump que la líder venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, artífice del triunfo en las urnas, “no tiene el apoyo ni el respeto dentro del país”.
Es obvio que la sala de mando de Venezuela está, ahora, en Washington, y para que termine el chavismo debe haber una implosión o los consabidos pactos que la historia se encarga de narrar con asombro y que producen desánimo y fomentan el odio al poder dominante.
No iba a ser fácil salir del chavismo malvado, que hacía que las fuerzas armadas proclamaran: patria, socialismo o muerte, y tenían agentes que sonreían ante los gritos de los opositores torturados.
Duelen las entrañas por la sangre derramada por cientos que lucharon en las calles, por miles de huérfanos que solo llevan consigo una foto de sus seres queridos; por las madres que nunca más volvieron a ver a sus hijos y los abuelos que no llegaron a abrazar a sus nietos nacidos en el exilio.
Encarcelar a Maduro y poner a Delcy Rodríguez, que dicen se mueve con soltura en las zonas grises del poder y con los regímenes autoritarios del mundo, solo podría ser asimilado si se recuerda el repudio de esta chavista al imperialismo para terminar siendo su títere.
Es la indescifrable realpolitik que siempre se impone.