De la Vida Real
Todo incluido, incluso el Junior
Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido.
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El 30 por la noche buscábamos dónde pasar el 31 de diciembre.
Cuenca, pensamos. Todo lleno.
Vamos a Mindo: no había nada disponible.
En eso nos salió una publicidad de un hotel en el Tena. Les escribí, había disponibilidad y era todo incluido. El precio no estaba caro para ser temporada alta.
La señorita me dijo que las 11:00 era la hora de entrada. Así que madrugamos para llegar a tiempo. Pero no, jamás se llega a tiempo, y menos con tantas viudas en el camino. Llegamos al Tena a eso de las 12:00. Nunca antes habíamos ido y yo tenía muchas ganas de conocer la ciudad. Me quedé enamorada. Es una ciudad que encanta. Me impresionó lo limpia y organizada que es, pese al caos que había por tanta viuda.
El Tena nos cautivó. Paramos un rato, caminamos, compramos algo de fruta y seguimos el viaje. Pero no encontramos los famosos chontacuros, que muero por probar.
Llegamos a la hostería. Nos brindaron un vaso con guayusa y nos llevaron a la habitación. Hacía demasiado sol.
Dentro de las actividades, a las 4 p. m., y con bastante puntualidad, en el itinerario estaba la elaboración de chocolate artesanal. Y con esa actividad apareció el personaje principal de nuestras vacaciones en el Tena: el Junior.
Un señor que le calculo unos 38 años. Gordo, alto y encantador. Nos contó que es de Santo Domingo de los Tsáchilas, pero el amor lo llevó al Tena y se quedó trabajando en la hostería, en la que ya lleva nueve años.
Nos dijo que es feliz porque sus jefes son los mejores. “Ella es de Austria”, nos comentó “y mi jefe de aquí”. Y entre chistes y chismes, mientras tostábamos las pepas de cacao, nos entretuvo con la historia de amor de sus jefes. Seguimos hablando de ellos cuando comimos la fruta con el chocolate hecho por nosotros.
Esta actividad la compartimos con otros huéspedes, con quienes a lo largo de los tres días nos hicimos muy amigos. Y el que nos unió profundamente fue el Junior.
En la noche hubo una rica parrillada hecha por el Junior y fiesta con aguardiente. Y el mesero era el Junior. ¿Y quién animaba la fiesta? Sí, el Junior, al micrófono y con botella en mano. ¡Salud, por un 2026 lleno de éxitos!
A las 9 a. m. del primero de enero teníamos que estar listos para salir al tour. ¿Y adivinen quién era el guía? Sí, el Junior. Hicimos tubing, conocimos el centro de rescate animal amazónico, luego fuimos a una comunidad indígena donde almorzamos maito, aprendimos a hacer chicha de yuca y fuimos espectadores de un baile típico.
Les pregunté si tenían chontacuro y me explicaron que, para tenerlos listos y asados, debía avisarles con tiempo, porque es una larva que se saca del tronco de la palma de chonta. Para sacarlo, hay que abrir —y a veces tumbar— la palma. Fue muy linda la experiencia en la comunidad indígena. Sobre todo, la amabilidad de la gente: es de otro nivel. Nos explicaban todo, nos hacían preguntas. Personas increíbles.
Cada instante el Tena me atrapó más, me enamoró más. Y el Junior nos iba contando cosas, nos daba información sobre lugares que no conoceríamos, mientras íbamos en lancha por el río Arajuno.
Nos decía que tenemos que volver para ir a conocer el ceibo gigante y las cavernas de Jumandy. Nos dijo que dos noches y tres días es muy poco tiempo para todo lo que hay que visitar. Que volvamos por un mes, y ni así terminaríamos de conocer y comer todo lo que hay en el Tena.
Ese día llovió mucho. Pero fue una lluvia perfecta, porque nos sofocábamos del calor, como el día anterior.
Llegamos al hotel. Hicimos tiempo para la caminata nocturna. ¿Y adivinen qué?: el guía fue el Junior.
Vimos arañas, serpientes, luciérnagas y un pez gigante que, según el Junior, no tiene bronquios y sale cada 15 minutos a respirar, que se llama paiche amazónico y es carísimo.
A la mañana siguiente, el mesero —el Junior— atendió a más de 70 huéspedes y, entre risas y molestadas, nos dijo:
“Cuando uno ama lo que hace, se multiplica. Ya ahorita termino de atenderles y salgo para el tour”.
Y así fue como un viaje improvisado lo disfrutamos y nos dejó con la ilusión de volver al Tena lo más pronto posible.
Porque cuando te tratan bien, te reciben bien y todo es limpio, solo dan ganas de regresar.
Gracias, Tena, por permitirnos recibir el 2026 en tu territorio.