Así se desgastó la relación entre Petro y Noboa, que deriva en una guerra comercial entre Ecuador y Colombia
La presión de Donald Trump, el combate al narcotráfico y la prisión de Jorge Glas han marcado la relación entre Gustavo Petro, presidente de Colombia, y Daniel Noboa, primer mandatario de Ecuador.

Retratos de Daniel Noboa, presidente de Ecuador, y Gustavo Petro, presidente de Colombia.
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EFE
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La relación entre Gustavo Petro, presidente de Colombia, y Daniel Noboa, su colega de Ecuador, comenzó auspiciosamente, con cordialidad. Que el colombiano haya sido el único mandatario presente en la primera posesión de Daniel Noboa, el 23 de noviembre de 2023, fue interpretado como un poderoso gesto de respaldo del país vecino, que resaltó aun más por el hecho de que Petro era —y lo sigue siendo— un aliado de Rafael Correa y su grupo.
A priori, son personas con un bagaje contrapuesto. Gustavo Petro es un exguerillero del M-19 que se convirtió, el 7 de agosto de 2022, en el primer izquierdista en asumir el poder en Colombia. Habla mucho en público y esa incontinencia verbal, que genera muchas polémicas, la extiende a su cuenta de la red social X, antes llamada Twitter, donde siempre menciona a ese país del siglo XIX llamado la Gran Colombia, que curiosamente nunca se llamó así.
Daniel Noboa, en cambio, es hijo de Álvaro Noboa, uno de los hombres más adinerados de Ecuador, y se formó en Estados Unidos, donde nació. Mucho más reservado tanto en público como en las redes, Noboa se ve a sí mismo como un socialdemócrata afín al brasileño Lula, a pesar de su Gobierno se ha acercado bastante a Estados Unidos en 2025, por lo que se alinea más a la corriente de derecha de la actual geopolítica regional.
La disparidad ideológica los ha distanciado y hoy están en orillas diferentes, Noboa alineado con la política de seguridad regional de Donald Trump, y Petro luchando para convencer a Estados Unidos que Colombia se esfuerza en la lucha contra la narcoguerrilla.
El factor Jorge Glas
El primer gran impasse entre Petro y Noboa llegó el 5 de abril de 2024, cuando uniformados del Bloque de Seguridad de Ecuador violentaron la sede de la Embajada de México en Quito y arrestaron al exvicepresidente Jorge Glas para que cumpla una condena por corrupción. Petro se unió al rechazo general contra el Gobierno de Ecuador por este allanamiento, pero además plegó a la causa del correísmo que considera a Glas como preso político.
Las tensiones bajaron en diciembre de 2024, cuando ambos presidentes se reunieron en las Islas Galápagos para firmar la Alianza por la Vida.
Pero Petro ha seguido abogando públicamente por Jorge Glas y enturbiando la relación bilateral con esa insistencia. El 24 de mayo de 2025, para la segunda posesión de Daniel Noboa, el mandatario colombiano expresó en Quito que Glas era un preso político.
Lo curioso es que viajó a Quito, para la posesión de Daniel Noboa, pese a que no reconoció el triunfo electoral de Daniel Noboa del 13 de abril de 2025 y optó por apoyar el reclamo de fraude sin pruebas que lanzó Luisa González, la derrotada candidata del correísmo.
Eso no fue todo. Petro, tras las elecciones en Ecuador, expresó que había una lista negra de correístas perseguidos por el Gobierno de Ecuador (Diego Borja, Luisa González, Alexis Mera, Aquiles Álvarez...), les ofreció asilo e incluso denunció que observadores electorales colombianos fueron detenidos, lo cual nunca sucedió.
Por eso causó asombro que, aunque nunca rectificó esta declaración, sí participó en la posesión de Noboa. Aunque, en realidad, quería irse a otra parte, y nadie sabe por qué.

Tras la posesión de Noboa, Petro se trasladó a Manta. Hasta hoy, es un misterio el motivo de la visita de Petro, quien pasó del 24 al 26 de mayo en una lujosa casa con acceso a la playa, sin salir ni recibir visitas. Según el propio Petro, se fue a Manta, uno de los epicentros del narcotráfico, a escribir parte de un libro y estuvo vigilado por fuerzas de seguridad de Ecuador.
En septiembre de 2025, Petro anunció que se otorgó la ciudadanía colombiana a Jorge Glas y volvió a pedir su liberación.
Daniel Noboa, en respuesta, aumentó su distanciamiento con su colega al suponer, el 31 de octubre, que "nada bueno" hubo en la visita de Petro a Manta en una entrevista. Esto fue una respuesta a una declaración de Petro del 21 de octubre, cuando dijo que "la cocaína se está yendo por Manta" para defenderse de Donald Trump, que acusó al colombiano de ser un "líder de narcotraficantes".
En ese punto, ya Donald Trump comenzaba a ser un importante factor de discordia entre Noboa y Petro. De entrada, Noboa jamás ha defendido a Petro de las amenazas de Trump.
La reciente captura de Nicolás Maduro en Caracas por fuerzas especiales estadounidenses (3 de enero de 2026) amplió esta brecha diplomática, pues Noboa respaldó las acciones de Estados Unidos, mientras que Petro tildó la detención de "secuestro".
El 20 de enero de 2026, Petro volvió a insistir en la liberación de Glas. Quizás era un tuit más de Petro sobre el tema, pero ha colmado paciencia en Carondelet.
Aun así, fue sorprendente que Noboa responda con un reclamo por la ausencia de ayuda de Colombia para combatir al narcotráfico en la frontera. Y eso fue acompañado con la imposición de aranceles del 30%, una tasa de seguridad para financiar lo que, supuestamente, Colombia ha dejado de hacer.
Esto ha desatado lo que se conoce ya como una "guerra comercial", pero es algo más: estamos ante el duelo entre dos visiones contrapuestas del mundo en un escenario geopolítico que se está transformando por los impulsos de Donald Trump. Y esto aparace cuando Petro alista su viaje a Estados Unidos, que sige mirando a los gobiernos izquierdistas como aliados del narcotráfico; será muy incómodo que Marco Rubio le pregunte por los reclamos de Noboa.
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