Chimbacalle recupera su estación del tren, pero un derrame de combustible en los talleres complica su rehabilitación
La estación de ferrocarril en el sur de Quito avanza en un proceso de rehabilitación, pero a pocos minutos de allí, en los talleres ubicados en Chiriyacu, persiste un escenario de deterioro, contaminación y abandono.
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La Estación del Tren de Chimbacalle, uno de los lugares más simbólicos del sur de Quito, atraviesa un nuevo proceso de recuperación y mantenimiento. Por las fiestas de fundación de la capital, este viejo ícono histórico busca que el sonido de sus motores y silbatos vuelvan a resonar entre sus habitantes.
El edificio —que recibió por primera vez una locomotora el 25 de junio de 1908, cuando se inauguró la línea Guayaquil-Quito— había quedado marcado por el abandono, la inseguridad y el vandalismo tras la paralización del sistema ferroviario nacional en 2020, durante el gobierno del expresidente Lenín Moreno.
Hoy, la imagen es distinta. Cada mañana, un grupo integrantes del programa gubernamental Jóvenes en Acción, junto con personal de la empresa Ferrocarriles del Ecuador en liquidación, llega a la estación para ejecutar tareas de limpieza y restauración.
Desde diciembre de 2024, cuando inició esta gestión, se han borrado grafitis, pintado fachadas, reparado puertas, limpiado bodegas y habilitado áreas internas que, en su momento, estaban infestadas, sucias y sin servicios básicos.
En los rieles descansan una locomotora a vapor, vagones y “chivas” que habían sido vandalizados y que ahora están siendo reacondicionados para que el público pueda visitalos; por ahora, no está previsto retomar los viaje en el tren desde esta estación.
El objetivo es que para el 6 de diciembre, durante las fiestas de fundación de Quito, la estación abra nuevamente con una imagen digna de su valor histórico
Liquidador: “Encontramos todo destruido y tomado por la delincuencia”
Jaime Páez, liquidador de Ferrocarriles del Ecuador, describe la magnitud del trabajo emprendido:
“Cuando llegamos, esto estaba vandalizado, sin agua, sin luz, con paredes pintadas y puertas dañadas".
Jaime Páez.
Páez dice que incluso tuvieron que trasladar sus oficinas hasta la estación para proteger las instalaciones y recuperar el espacio. También cuenta que algunos vagones del tren estaban ocupados por personas en situación de calle y que fue necesaria la intervención policial para desalojar el área.
Desde entonces, extrabajadores ferroviarios, vecinos y voluntarios se han sumado al proceso de recuperación.
“Este sitio ahora es un punto de encuentro. Desde diciembre de 2024 hemos recibido miles de visitantes. La recuperación ha motivado incluso a los vecinos a pintar sus casas y mejorar sus fachadas”
Jaime Páez.
Actualmente, en Chimbacalle se restauran una locomotora, doce vagones, dos chivas, dos tanqueros y tres tolvas. Además, la cafetería, que estaba en estado crítico —con animales muertos y equipos destruidos— fue desinfectada y reacondicionada. Una parte del edificio, dice Páez, será destinada a un nuevo museo ferroviario.
Un contraste a 10 minutos: los talleres de Chiriyacu, entre ruinas y contaminación
Pero el renacer no es completo. A menos de 10 minutos de la estación, en los talleres de Chiriyacu, que son parte del complejo del ferrocarril, la realidad es otra: allí persiste un deterioro profundo que evidencia años de abandono.
Las estructuras metálicas están corroídas, el techo de uno de los talleres se incendió hace poco tiempo, varias locomotoras y vagones están grafiteados y destruidos, los tornos están inservibles y las herramientas dan cuenta de décadas sin mantenimiento —aunque solo han pasado cinco años de su cierre—.
La inseguridad también es un problema: desde 2020 no hubo guardianía, lo que permitió el ingreso de personas, el robo de piezas y daños continuos.
El hallazgo más crítico es una fosa con un derrame de hidrocarburos de, aproximadamente, un metro de profundidad. Según los administradores actuales, ese bunker, combustible usado antiguamente para las locomotoras de vapor.
Páez asegura que están trabajando para retirarlo:
“Se requiere una empresa certificada para recoger ese material; estamos atendiendo el tema”.
Jaime Páez.
PRIMICIAS consultó al Ministerio de Ambiente sobre la existencia de este derrame y posibles acciones, pero hasta el cierre de esta nota, el viernes 28 de noviembre, no hubo respuesta.
Entre la memoria y la incertidumbre
El ferrocarril ecuatoriano dejó de operar oficialmente en mayo de 2020, tras la decisión del entonces presidente Lenín Moreno de cerrar la empresa estatal y ponerla en liquidación.
Para muchos trabajadores y habitantes del sector, el cierre marcó el inicio del deterioro visible hoy en Chiriyacu y el abandono paulatino de Chimbacalle.
Aunque el Gobierno actual impulsa la recuperación de algunos puntos emblemáticos, el futuro del sistema ferroviario completo aún no está claro. Existen, según Páez, acercamientos de empresas extranjeras interesadas en invertir bajo esquemas de concesión, pero cualquier decisión dependerá del Ejecutivo y del Ministerio de Transporte.

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