Así es Puebloviejo, el cantón de Los Ríos que se convirtió en uno de los lugares más peligrosos del mundo
PRIMICIAS visitó Puebloviejo, el cantón de Los Ríos que cerró 2025 con una tasa de 360 muertes por cada 100.000 habitantes, el peor registro global. En la ciudad se evidencia calma y relativa paz; sin embargo, en los alrededores hay una lucha criminal por el control del corredor logístico de la cocaína.
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Bajo el sol vertical del mediodía y una temperatura de más de 30 grados, el asfalto de la vía que conecta a Puebloviejo con Catarama, en Los Ríos, parece despedir vapor. Una patrulla militar, parte del dispositivo de seguridad desplegado en la zona más crítica del Ecuador, ha detenido la marcha de un SUV azul.
Al volante va un hombre joven y a su lado, una mujer que evita el contacto visual. En el registro, los uniformados hallan un estuche con fajos de billetes de distintas denominaciones que suman más de USD 10.000.
El conductor titubea, suda aún más de lo que justifica el clima y no logra explicar el origen del efectivo. Es una escena que podría parecer rutinaria en cualquier control de carreteras, pero aquí -en el epicentro de la violencia nacional- activa todas las alertas de riesgo.
Mientras los militares acordonan el perímetro y bloquean el paso de motocicletas ante la posibilidad de que sicarios intenten un rescate o la recuperación del dinero, el teléfono del detenido revela el terror que asola a la provincia de Los Ríos: chats que hacen alusión directa a la banda criminal Los Lobos, mensajes sobre extorsiones y negociaciones para la compra de armas y municiones.
La tensión escala cuando el hombre, visiblemente nervioso, logra que un conocido -que pasaba por la zona- haga una llamada y se marche. Cuarenta minutos de espera por la Policía se sienten como horas en una zona donde Los Lobos se disputan el territorio a sangre y fuego contra Los Choneros y Los AK-47.
Cuando finalmente llega una camioneta civil, descienden cinco hombres armados; uno lleva un chaleco de una unidad táctica policial. Llegan civiles, conocidos del aprehendido, con copias simples de un RUC; la mujer -que acompañaba al conductor- se oculta tras la puerta del vehículo.
Tras una negociación tensa, el detenido se marcha como acompañante en su propio auto, conducido por un agente. Hasta el cierre de esta edición (seis días después del operativo), no se registró ningún proceso por lavado de activos o un delito similar.
Puebloviejo, 'el corazón del narco'
Para entender cómo un cantón agrícola llegó a este punto de violencia y criminalidad, un equipo de PRIMICIAS recorrió esta ciudad la mañana del 3 de febrero de 2026.
Entre Quevedo y Puebloviejo hay unos 77 kilómetros, a través de la vía E25. Se pasa por Ventanas y Mocache, territorios ya golpeados por el crimen con tasas de entre 81 y 108 muertes por cada 100.000 habitantes.
Puebloviejo, conocido históricamente como "El Corazón de Los Ríos" por su ubicación céntrica entre los 13 cantones de la provincia, recibe al visitante con un calor sofocante de más de 30 grados y una humedad que se pega a la piel.
Es una geografía de contrastes: extensiones inmensas de bananeras y comunidades rurales que esconden, según la inteligencia militar, una parte estratégica del negocio de las drogas.
Al ingresar al cantón, tras pasar unas letras coloridas con el nombre de la ciudad y una avenida ancha rodeada por palmeras, la atmósfera es pesada. Son las 10:00 de la mañana en la avenida Fermín Chávez, la arteria principal.
A pesar de la hora, muchos locales comerciales -desde pizzerías hasta tiendas de electrodomésticos- permanecen cerrados. Una patrulla militar ejecuta controles de armas y explosivos, mientras los habitantes, que son pocos y se conocen entre sí, escanean con desconfianza a cualquier forastero.
En el parque central, frente al GAD Municipal, una feria gubernamental ofrece servicios de salud y desarrollo humano; hay niños en la calle y gente comprando pan o tomando helado, intentando sostener una normalidad que las cifras desmienten.
La realidad estadística es aplastante y contradice la calma aparente de la mañana. En 2025, Puebloviejo rompió todos los récords al consolidar una tasa de 360 muertes violentas por cada 100.000 habitantes. Para ponerlo en perspectiva, este cantón de apenas 45.833 habitantes registró 165 homicidios en un solo año, superando con holgura a zonas de guerra y a las ciudades más violentas del mundo.
Si se compara con Puerto Príncipe, la capital de Haití tomada por pandillas que registra una tasa de 139 muertes por cada 100.000 habitantes, Puebloviejo casi la triplica con un exceso del 159%. Incluso frente a ciudades mexicanas como Colima o Acapulco, la violencia en este lugar es tres o cuatro veces superior.
Es un abismo de criminalidad que ha crecido un 3.500% desde 2014, cuando la tasa era de apenas 10 homicidios por cada 100.000 habitantes y la violencia era un problema lejano.
La bodega del narco
Al caminar por el centro urbano y tratar de conversar con los locales, el miedo se hace tangible. No es solo precaución, es terror. Al preguntar qué ha cambiado o cómo se vive, las respuestas son evasivas, por el instinto de supervivencia.
“De eso no sé”, “yo no soy de aquí”, “no sé qué responderle”, “son gente que yo no conozco”. Nadie quiere hablar de los muertos, nadie quiere mencionar a las bandas. Sin embargo, las miradas de los motociclistas que circulan por el parque central no se apartan del equipo periodístico y militar.
Son los ojos de una estructura invisible que ha convertido a Los Ríos en la provincia más peligrosa del Ecuador, metiendo a cinco de sus cantones -Puebloviejo, Quinsaloma, Urdaneta, Buena Fe y Babahoyo- en el top 10 nacional de violencia.
Fuentes de inteligencia militar consultadas durante el recorrido explican la lógica detrás de las masacres. Puebloviejo no es violento por azar, sino por logística. Su ubicación privilegiada lo ha condenado a ser el centro de acopio y distribución del narcotráfico.
A 50 minutos de Vinces -donde en 2024 se halló la caleta histórica con 22 toneladas de cocaína- y a tiempos de viaje estratégicos de los puertos de Guayaquil (2 horas y media), Puerto Bolívar (4 horas) y Manta, la zona funciona como una inmensa "bodega" de la droga que baja desde la frontera norte con Colombia.
Aquí, las bandas locales brindan servicios de seguridad y almacenamiento a organizaciones transnacionales sin exclusividad; guardan la mercancía de quien pague hasta que se cierre el negocio en Europa.
Esta dinámica de "bodega" y corredor logístico ha transformado la geografía en un campo de batalla. La explosión de violencia, que tuvo su punto de quiebre en 2019 cuando la tasa se duplicó a 31,9, y que se aceleró brutalmente desde 2022, pasando de 73,9 a la monstruosa cifra de 269,2 en 2023, responde a la disputa por el control de estas rutas.
Una violencia foránea
Los militares confirman que la mayoría de los crímenes ocurren en las zonas rurales alejadas del centro o en las vías, como la de Catarama. Además, muchos de los cuerpos levantados en el cantón corresponden a ejecuciones cometidas en otros lugares.
La visita al cementerio local confirma el dato: filas de lápidas recientes, muchas pertenecientes a jóvenes fallecidos en 2025, son el testimonio de un año donde la violencia se desbordó un 71,9% respecto al 2024.

Mientras el sol cae, la imagen del hombre del SUV azul y su -aparente- liberación exprés resuena como un indicio. En las vías que rodean a Puebloviejo se mueve todo: droga, dinero, minerales obtenidos en la minería ilegal y armas.
La capacidad del Estado para controlar este flujo parece desbordada por una geografía difícil y una corrupción sistémica, dejando a los habitantes atrapados en el epicentro de una tormenta criminal.
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