Embarazo infantil forzado y violencia de género como detonantes de trastornos psiquiátricos, estas son las cifras de Ecuador
El diagnóstico de la nueva Política Nacional de Salud Mental revela cifras devastadoras: Cinco niñas se convierten en madres cada día producto de violación, en un país donde el 65 % de las mujeres ha sido violentada.

Imagen de referencia del embarazo adolescente en Ecuador, septiembre de 2025.
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Ministerio de Desarrollo Humano
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En Ecuador, la infancia de cinco niñas se rompe, cada día, de manera irreversible. Según el diagnóstico de la "Política Nacional de Salud Mental 2025-2030", oficializada por el Ministerio de Salud Pública, en promedio cinco adolescentes, de entre 10 y 14 años, se convierten en madres diariamente. El documento es tajante en su definición legal y sanitaria: en este rango etario, todo embarazo es considerado producto de una violación sexual.
Esta cifra es solo la punta del iceberg de una "fábrica" silenciosa de problemas de salud mental. Estas niñas no solo enfrentan la maternidad forzada, sino que ingresan a un ciclo de traumas que el sistema de salud pública apenas alcanza a registrar, pero que se manifiesta en cuadros severos de depresión, ansiedad e intentos de suicidio.
Ana Cristina Vera, coordinadora de litigio estratégico de la fundación Surkuna, explica que el impacto en la salud mental es inmediato y brutal: "Tengo nueve años, tengo que cuidar a otro niño, me desespero, me da ansiedad... Veo a las otras niñas de mi edad jugando, veo lo que no puedo hacer. Me frustro".
Esta realidad, sumada a una idea idealizada de la maternidad que la sociedad impone, genera una presión psicológica insoportable para una niña, agrega.
Un mapa de la violencia y el embarazo temprano
El documento oficial detalla que, si se amplia el rango de edad (15 a 19 años), la cifra es aún más abrumadora: cada día, 114 adolescentes se convierten en madres en el país. Las provincias con las tasas más altas en este rango son Morona Santiago, Napo, Pastaza y Los Ríos.
El impacto clínico de estas cifras está medido. Estudios citados en la política pública señalan que el embarazo temprano y la violencia sexual son detonantes directos de depresión (32,8 %), ansiedad (68 %) y estrés severo (76,3 %). Además, el 39,4 % de las madres adolescentes tiene riesgo de presentar problemas de salud mental a largo plazo.
Para Vera, de Surkuna, esto se agrava porque el entorno suele ser hostil. "Muchas veces las familias tienen actitudes culpabilizantes... las obligan a vivir con sus agresores. Hemos acompañado casos de niñas que son obligadas por su propia familia a vivir en relaciones violentas bajo la idea de 'es lo que elegiste'", señala la experta.
Esta revictimización convierte al hogar en un lugar no seguro y eleva el riesgo de conductas autolesivas y suicidio.
Violencia de género: el detonante invisible
El informe del Ministerio de Salud establece que la violencia no es un hecho aislado, sino un determinante estructural de la enfermedad mental en el país. Las estadísticas son alarmantes: 65 de cada 100 mujeres en Ecuador han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida.
Esta realidad satura los servicios de salud. Entre 2022 y 2024, el 81,7 % de las notificaciones por presunta violencia de género en el sistema de salud correspondieron a mujeres. La violencia física (50,8 %) y la sexual (29 %) son las formas más frecuentes de agresión reportadas.
Ana Cristina Vera describe las secuelas físicas y mentales de vivir en este estado de alerta permanente:
"La ansiedad es bastante común. Siempre es como vivir a la defensiva, estar lista para reaccionar, porque eso es lo que hace la violencia en tu vida: tenerte en guardia".
Además, destaca que muchas mujeres desarrollan fibromialgia (dolor muscular generalizado, fatiga, problemas de sueño y concentración) como una respuesta corporal al trauma sostenido y a la destrucción sistemática de su autoestima.
La nueva política pública, vigente hasta 2030, plantea como meta reducir la tasa de suicidio y mejorar la atención con un presupuesto referencial de más de USD 1.146 millones. Sin embargo, como advierte Vera, mientras no se desnaturalice la violencia que ocurre dentro de los hogares —donde a menudo están los agresores—, las cifras de salud mental seguirán siendo el reflejo de una sociedad que enferma a sus niñas.
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