Tener visa vigente no garantiza la entrada a Estados Unidos: tres relatos de cómo el país inadmitió el ingreso a turistas
Cada vez más viajeros con visa vigente están siendo rechazados al llegar a Estados Unidos. En aeropuertos, decisiones tomadas en minutos pueden convertir unas vacaciones en un retorno inmediato.

Un avión se aproxima para aterrizar en el aeropuerto de Newark, en Nueva Jersey, con la Estatua de la Libertad en primer plano, en una foto del 23 de enero de 2026.
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AFP
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NUEVA YORK. El pasaporte desaparece primero. Después el teléfono. Luego el tiempo. Ramoncito recuerda ese momento con precisión: un oficial tomó su documento, le pidió que esperara ‘solo unos minutos’ y lo condujo a una sala sin ventanas dentro del aeropuerto. Pensó que era un control rutinario. Cuatro horas después entendió que algo no iba bien.
Había viajado desde Guayaquil para pasar Navidad con su madre, a quien no veía desde hacía meses. Tenía 20 años, visa de turista vigente y un historial limpio de entradas anteriores a Estados Unidos. “Siempre había venido y regresado sin problemas”, cuenta. Planeaba quedarse apenas tres semanas. El boleto de retorno estaba comprado. Pero las preguntas comenzaron a girar en otra dirección.
—¿Por qué debería creer que usted va a volver a Ecuador? —le preguntó un agente.
Ramoncito explicó que trabajaba y estudiaba, que su vida estaba allá. Dijo también que se quedaría en casa de su madre. Ese detalle cambió el ambiente. Su madre había solicitado asilo años atrás y permanecía en el país. “Ahí sentí que se me congeló la mandíbula, no podía ya pensar”, recuerda. Le pidieron mostrar cuánto dinero llevaba. Respondió que unos 300 dólares en efectivo. El oficial anotó algo sin mirarlo.
Horas después le pidieron entregar el teléfono. Pensó que sería un procedimiento breve, pero comenzaron a revisarlo frente a él. Abrieron sus redes sociales, conversaciones, su cuenta de Instagram y el historial de fotografías. Revisaron incluso imágenes eliminadas que permanecían en la papelera. Cada desplazamiento en la pantalla parecía una búsqueda silenciosa de algo que él desconocía.
El nerviosismo empezó a sentirse físicamente. Las manos le sudaban pese al aire frío del aeropuerto. Era diciembre y venía pensando en la cena de Navidad, en abrazar a su madre después de meses sin verla. Mientras observaba cómo recorrían su vida digital, intentaba repetirse en silencio que debía mantenerse tranquilo. “No estoy haciendo nada malo. No estoy haciendo nada malo”. se decía. Pero la calma es difícil cuando alrededor hay oficiales armados, placas metálicas brillando bajo la luz blanca y preguntas repetidas con distintos tonos y acentos.
—Relájese, solo estamos verificando información —le dijo uno de los agentes.
Las preguntas regresaban en ciclos: cuánto tiempo pensaba quedarse, quién pagaba el viaje, por qué visitaba con frecuencia a su madre. Cambiaban el orden, reformulaban frases, volvían sobre respuestas ya dadas.
La espera se volvió incertidumbre. Sin teléfono ni información, el tiempo dejó de tener medida. Otros viajeros entraban y salían escoltados; algunos lloraban, otros discutían en voz baja, cuenta. Permaneció más de 24 horas retenido antes de escuchar la decisión final: no podía entrar. Su visa quedaba cancelada y debía regresar a Ecuador.
El retorno tampoco fue inmediato. Primero fue enviado a El Salvador y allí esperó varias horas más antes de abordar el siguiente vuelo. El trayecto completo tomó más de doce horas hasta aterrizar finalmente en Guayaquil. Ya en Ecuador buscó asesoría legal e inició el proceso para intentar recuperar su visa. El resultado, sin embargo, dependerá ahora de las autoridades estadounidenses.

Un mal rato por un hecho de hace 14 años
Algo similar vivió Alberto, nombre protegido, cuando aterrizó en un aeropuerto de Estados Unidos. La entrevista comenzó con preguntas de rutina, cuánto tiempo pensaba quedarse, a qué se dedicaba, cuál era el motivo del viaje; hasta que, horas después, el oficial regresó con un nuevo cuestionario.
—¿Dónde estaba usted hace 14 años? —preguntó— ¿Ha sido detenido alguna vez?
Alberto —un profesional que tiene un largo historial de ingresos y salidas de Estados Unidos y frecuenta congresos de su especialidad en diversos continentes— respondió que no recordaba e, intentando aliviar la tensión, bromeó diciendo que era difícil saber qué hacía uno tantos años atrás. El agente cortó la conversación de inmediato.
—Aquí las preguntas las hago yo.
El oficial repitió entonces la consulta sobre una posible detención. Sorprendido, Alberto negó haber sido arrestado hasta que, tras insistirle, recordó una antigua infracción de tránsito en Guayaquil por la que había permanecido retenido algunas horas, una sanción administrativa que nunca consideró equivalente a un arresto. Tras horas de interrogatorio y sin comunicación con su familia, decidió regresar voluntariamente. Aun así, su visa fue cancelada y actualmente ya inició el trámite de perdón migratorio ante las autoridades estadounidenses, un proceso que realiza, según explica, para limpiar su récord y evitar futuras restricciones, más que por un plan inmediato de regresar al país.
Transportaba una mascota y no pudo entrar
Pamela tampoco imaginó que su viaje terminaría antes de salir del aeropuerto. Llegaba con visa de turista transportando la mascota de familiares y fue conducida a inspección secundaria. Las preguntas se centraron en la duración del viaje y en quién cubriría sus gastos. Permaneció retenida más de un día, sin comunicación directa, y tardó más de dos jornadas en completar el regreso a Ecuador entre interrogatorios y escalas aéreas.
Walter Jurado, abogado de inmigración en Nueva York, explica que estos episodios no siempre constituyen deportaciones formales, sino negativas de admisión en frontera. “La visa permite viajar hasta Estados Unidos, pero la entrada la decide el oficial migratorio. Si considera que la persona no demuestra intención clara de regresar a su país, puede cancelar la visa en ese mismo momento”, señala. En la práctica, añade, la consecuencia puede implicar restricciones de ingreso durante varios años.
Especialistas recomiendan que los turistas preparen su viaje más allá de tener la visa vigente. Llevar pruebas de empleo o estudios, demostrar solvencia económica, contar con itinerarios definidos y boletos de retorno confirmados puede resultar determinante durante una entrevista migratoria. También aconsejan mantener coherencia entre lo declarado al oficial y la información disponible en dispositivos electrónicos o redes sociales, que pueden ser revisados durante inspecciones secundarias.
Comprender el alcance real de la visa de turista se vuelve clave. No está diseñada para estancias prolongadas ni visitas frecuentes que puedan interpretarse como residencia informal. Viajes largos, dependencias económicas o vínculos familiares permanentes en Estados Unidos pueden despertar dudas incluso sin que exista una infracción previa, explica el experto.
Las historias de Ramoncito, Alberto y Pamela reflejan un endurecimiento silencioso en los controles de entrada. No se trata únicamente de quienes intentan quedarse sin documentos, sino también de viajeros que descubren, ya dentro del aeropuerto, que el ingreso depende menos del visado estampado en el pasaporte que de la capacidad de demostrar, en pocos minutos y bajo presión, que el viaje tiene un final previsto fuera del país.
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