"Los niños preguntan si ellos también van a la cárcel", el impacto del ICE en planteles en Estados Unidos
El miedo a las detenciones del ICE en Estados Unidos incrementa el ausentismo o que padres no pueden ir a retirar a sus hijos. También obliga a activar protocolos de emergencia y empuja a docentes y familias a reorganizar la vida escolar en comunidades latinas.

En Bloomfield High School, Nueva Jersey, una bandera de Ecuador aparece entre los carteles durante la protesta estudiantil organizada por alumnos de secundaria contra el endurecimiento de las políticas migratorias y las redadas del ICE.
- Foto
Selene Cevallos
Autor:
Actualizada:
Compartir:
NUEVA YORK. En la escuela pública donde trabaja Esther, en Nueva Jersey, dos pupitres quedaron vacíos sin aviso previo. No hubo excusas médicas ni correos formales. Los niños simplemente dejaron de ir. La profesora decidió no preguntar. En el clima actual, la ausencia también comunica.
Desde hace varios meses, la política migratoria atraviesa la vida escolar en distintos distritos de Estados Unidos. Las redadas del ICE, ampliamente difundidas en comunidades latinas, han empezado a alterar rutinas básicas como asistir a clases, participar en actividades escolares o decidir quién recoge a los niños al final de la jornada. En aulas con alta presencia de estudiantes inmigrantes, el temor ya no se queda en casa.
Esther, puertorriqueña, enseña a cuarto grado en una escuela de Newark donde más del 70% de los alumnos proviene de familias inmigrantes y cerca del 60% es hispano. En su salón hay niños de Ecuador y de otros países de América Latina. La diversidad no es nueva. Lo que cambió es el contexto en el que esos niños crecen y aprenden.
En su clase, el ausentismo no se disparó de forma general, pero la salida repentina de dos alumnos encendió alertas. Esther optó por no indagar ‘demasiado’. Sabe que insistir puede profundizar el temor en familias que ya viven en estado de alerta. “La preocupación no se limita al rezago académico, sino al impacto que deja en el grupo cuando alguien deja de ocupar su lugar sin transición ni despedida”, aclara.
Indica que la escuela no cuenta con un sistema oficial de clases en línea diseñado para situaciones de este tipo de emergencia. Frente a ese vacío, Esther comenzó a conectarse por Zoom de manera voluntaria para que quienes no pueden asistir presencialmente, mantengan el vínculo con el aula. Asegura que incluso lo hace con alumnos de otros grados y de otras escuelas, sin costo.
La logística diaria también cambió. A la salida, ya no siempre aparecen madres o padres. En ocasiones, un adulto autorizado recoge a varios niños a la vez. Las listas de personas habilitadas se actualizan con mayor frecuencia y las autorizaciones se revisan con más rigor. La organización familiar se adapta para reducir exposiciones innecesarias.
En este sector de Nueva Jersey, las noticias locales han reportado cientos de detenciones de latinos en las últimas semanas. Ante ese escenario, la escuela activó entrenamientos internos. Docentes y personal recibieron instrucciones claras sobre cómo actuar si un agente migratorio intenta ingresar al edificio. El protocolo incluye impedir el acceso, formar una cadena humana y activar un comité interno encargado de resguardar a los niños, mientras se notifica de inmediato a organizaciones de derechos civiles y redes de activistas con las que la comunidad escolar mantiene contacto directo para encender la alerta.
En paralelo, los profesores reciben otras indicaciones: ‘Qué pasa si un agente llega a la casa’. ‘Qué hacer si mamá no aparece’. “Las escuelas, pensadas como espacios de resguardo, empiezan a absorber tensiones que se originan fuera de estas cuatro paredes”.
Entre los estudiantes circula un nombre que dejó de ser ajeno. Liam, el niño ecuatoriano detenido junto a su padre durante un operativo migratorio, aparece en las conversaciones del aula como un caso cercano, no como una noticia distante.
“Los chicos preguntan si los niños también van a la cárcel, si eso también puede pasarles a ellos, si basta con portarse bien, si pueden ser llevados aun estando con su familia”.
Esther, profesora puertorriqueña de una escuela en Newark, Nueva Jersey
A más de 2.000 kilómetros de Nueva Jersey, la inquietud se repite. Mani, profesora guayaquileña que vive y trabaja en Texas, describe un episodio que la marcó. En su distrito, los docentes recibieron una capacitación sobre qué hacer si son detenidos por un agente migratorio, pese a que todos tienen visa de trabajo actualizada. La charla incluyó pasos concretos y contactos legales. “Solo estar ahí sentada fue impactante”, recuerda. La formación dejó en evidencia que la incertidumbre ya forma parte del entorno laboral.
Campañas y manifestaciones
En Bloomfield, Nueva Jersey, estudiantes de secundaria se organizaron la semana pasada para manifestarse contra el endurecimiento de las políticas migratorias. La movilización se realizó frente al edificio escolar. Carmen, nombre protegido, profesora del centro, subraya que se trató de una protesta pacífica y explica que surgió tras la detención de padres o conocidos de algunos alumnos, como una forma de visibilizar una preocupación que ya atraviesa la vida cotidiana del colegio.

Durante la concentración, los estudiantes sostuvieron carteles hechos a mano y corearon consignas centradas en la defensa de sus familias y compañeros. En los mensajes aparecían referencias a la separación de padres e hijos, al rechazo a las redadas en espacios escolares y a la idea de que la inmigración forma parte de su identidad cotidiana. Algunos alumnos portaban banderas de países latinoamericanos, entre ellos Ecuador, mientras otros grababan la protesta con sus teléfonos. “No es política, es nuestra vida”, se leía en uno de los carteles. Para muchos, la movilización fue una forma de decir que lo que ocurre fuera del colegio también los afecta dentro de él
Según cifras oficiales del Department of Homeland Security, durante el año fiscal 2025 Estados Unidos ejecutó más de 520.000 deportaciones formales, una de las cifras más altas de la última década. En lo que va del año fiscal 2026, ICE ya ha realizado más de 55.000 deportaciones, según los reportes de la Oficina de Estadísticas de Seguridad Nacional, manteniendo una presión sostenida sobre comunidades con alta presencia inmigrante y un impacto directo en la vida escolar.
En la escuela, Esther dice que ahora el desafío ya no se limita a completar el programa académico. Docentes y familias intentan sostener un espacio donde aprender no implique exponerse, donde ir a clases no sea una decisión condicionada por el miedo y donde la infancia conserve su lugar. “La pregunta de fondo es otra: cómo garantizar que los niños solo se preocupen por imaginar qué quieren ser cuando crezcan y no por si mañana, al volver de la escuela, sus padres van a ser detenidos por ICE. Incluso ellos, los niños”, concluye.
Compartir: