¿Viaja dentro de Estados Unidos para Navidad y fin de año? Una guía para migrantes con dudas de qué papeles llevar
Para muchas familias migrantes en Estados Unidos, aún aquellos con documentación en regla, moverse entre estados —visitar parientes, tomar vacaciones cortas o mantener tradiciones— se ha vuelto una decisión que se piensa mucho. Una experta migratoria recomienda qué documentación llevar a mano.

Miembros de la Guardia Nacional se movilizan dentro de Union Station, en Washington DC, en medio de viajeros. La temporada de fin de año moviliza a millones de personas dentro de Estados Unidos para encontrarse con sus familias y seres queridos.
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NUEVA YORK. Cada diciembre, José y su esposa repetían el mismo ritual: revisar documentos, calcular rutas, pasajes, planificar las paradas. Viven en Nueva Jersey y solían viajar en avión hasta Florida para pasar las fiestas con la familia de ella. Ambos tienen procesos de asilo abiertos, social y licencias estatales. Aun así, este año tomaron otra decisión: no viajar.
“Antes era comprar un vuelo barato y ya. Ahora es pensar todo el tiempo si habrá un control extra, si nos toca explicar más de lo necesario”, cuenta José. El miedo no surgió de un incidente real, sino de semanas escuchando historias ajenas. “Sabes que no estás haciendo nada malo, pero igual te preguntas, y si pasa algo?”
Ana, ecuatoriana de 34 años, vive un temor similar. “En carretera siento más control”, explica. Tiene documentación válida, un proceso en regla y años viviendo en Nueva York. Aun así, la idea de un aeropuerto le genera ansiedad: revisiones, preguntas rápidas, procedimientos desconocidos. Esta Navidad decidió quedarse en la ciudad, aunque eso significara perderse la reunión familiar en Chicago. “No es racional —dice—, pero el miedo no siempre lo es”.
La experiencia de Miguel, manabita de 32 años, añade otra capa. Él tiene un caso en curso; su esposa, tarjeta de residencia; su hijo, ciudadanía estadounidense. Cuando viajan, cada uno porta documentos distintos. “Es como si fuéramos tres casos separados”, dice. No han tenido ningún problema en carretera, pero la falta de uniformidad documental lo inquieta. “No es el trayecto, es la duda de no saber qué te van a pedir en cada estado”.
El contexto ayuda a explicar ese temor. Datos públicos muestran que la actividad de detención migratoria se mantiene en niveles elevados. Según cifras oficiales, a noviembre de 2025 había más de 65.000 personas bajo custodia de Immigration and Customs Enforcement (ICE). Reportes indican que una amplia mayoría de los detenidos no tenía condenas penales, sino que enfrentaba infracciones administrativas o procesos migratorios en curso. Aunque estas detenciones no ocurren necesariamente durante viajes interestatales, su volumen y visibilidad contribuyen a una sensación de vigilancia extendida que impacta incluso a migrantes con documentos en regla.
A esto se suma la confusión persistente en torno al Real ID, cuyo uso es obligatorio para vuelos domésticos según los plazos del Gobierno federal. El Real ID no acredita estatus migratorio, solo identidad. No tenerlo no implica detención, pero sí puede impedir abordar un vuelo. Esa confusión —entre identidad y estatus— ha alimentado temores innecesarios, señalan abogados migratorios.

La explicación de una experta migratoria
Tatiana Vivas, especialista en estudios migratorios y licenciada en Ciencias Políticas, quién trabaja asesorando a comunidades latinoamericanas, afirma que en términos generales, una persona con estatus legal vigente —residencia, visa válida, TPS, parole, asilo pendiente con documentos actualizados o permiso de trabajo respaldado por un estatus— debería poder viajar dentro de Estados Unidos sin riesgo directo. “La clave es poder demostrar estatus si se requiere”, explica.
En cuanto al parole, el viernes 12, la administración de Donald Trump puso fin al parole a migrantes con residencia temporal de Ecuador y otros seis países.
Y agrega un matiz relevante: “Debido a las políticas actuales, hay un aumento visible de revisiones en aeropuertos y en algunos retenes dentro de la zona fronteriza de 100 millas”. Por eso, aunque viajar es legal, recomienda estar bien documentado. “Muchos expertos incluso sugieren evitar vuelos si la persona se siente insegura o no conoce bien su proceso”.
Qué documentos se recomienda llevar
Vivas detalla lo que suele aconsejar (siempre aclarando que no sustituye asesoría legal):
Identificación básica: licencia estatal o State ID; pasaporte vigente.
Según estatus:
– Residentes: Green Card.
– Visas: pasaporte + visa válida + I-94.
– TPS: EAD + carta de aprobación o recibos.
– Asilo pendiente: recibo del I-589 + EAD si lo tiene.
– Parole humanitario: I-94 + pasaporte.
– Permiso de trabajo: siempre acompañado del documento migratorio que lo respalda.
Para todos: copias organizadas, prueba de domicilio, teléfono cargado, contacto de un abogado.
Qué hacer y qué evitar en un control
Desde el enfoque de derechos civiles y prácticas de organizaciones comunitarias, la especialista resume:
Sí puede hacer:
- Mantener la calma y responder con respeto.
- Presentar solo los documentos necesarios.
- Ejercer el derecho a no responder preguntas adicionales: “I prefer to remain silent until I can speak with an attorney” (Prefiero permanecer en silencio hasta que pueda hablar con un abogado).
- Preguntar: “Am I free to go?” (¿Soy libre de irme? )
- Solicitar intérprete si no entiende.
No debería hacer:
- Mentir o entregar documentos falsos.
- Firmar papeles que no comprende.
- Entregar su teléfono sin orden.
- Responder preguntas que no está obligada a contestar.
- Discutir o resistirse físicamente.
Recomendaciones antes de viajar
1. Revisar la vigencia del estatus migratorio antes del viaje.
2. Cumplir estrictamente las leyes de tránsito: límites de velocidad, inspección vehicular al día, luces, cinturón, seguro vigente. Todo lo que evite una detención de tráfico innecesaria.
Fundaciones y otros organismos también mencionan una recomendación frecuente en talleres comunitarios: evitar stickers de banderas, slogans o símbolos que puedan llamar atención innecesaria si la persona prefiere reducir al mínimo cualquier interacción.
Moverse dentro de Estados Unidos, para millones de migrantes, dejó de ser un acto automático. Hoy es una decisión calibrada, negociada entre la realidad legal del país y la tranquilidad personal.
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