"El cáncer llegó para que yo sea testimonio de vida", el relato de Evelyn Sanango, una sobreviviente
Mientras la Asamblea Nacional aprobó la Ley de Atención Integral del Cáncer, sobrevivientes como Evelyn relatan cómo el apoyo laboral fue vitales para no caer en las estadísticas de la "muerte financiera" o el desempleo.
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Evelyn Yadira Sanango vive en Quito y su sola presencia ilumina la habitación. Lo primero que llama la atención es su cabello largo, castaño y abundante recogido con una vincha negra. Esa melena es una especie de "trofeo de guerra", un recordatorio de lo que perdió y recuperó con creces. Como le han dichos varios conocidos, "ni parece que tuvo cáncer".
En su pecho descansa un collar de la Virgen de Guadalupe fundida en plata; fue un regalo especial de su jefe tras un viaje a México. Evelyn lo porta con cariño, aunque su fe inquebrantable pertenece a la Virgen del Cisne, la 'Churonita' de Loja, a quien encomendó su batalla contra esa enfermedad.
La sonrisa que se dibuja en sus labios parece una fuente de energía que desprende positivismo, casi ocultando las cicatrices de una lucha de 12 años. A sus 44 años, Evelyn es una sobreviviente; lo sabe y lo presume.
Una historia tan potente como la suya siempre estará vigente, pero cobra relevancia luego de que la Asamblea Nacional aprobara la Ley Orgánica para la Atención Integral del Cáncer, una normativa que busca garantizar que los pacientes conservar su empleo durante el tratamiento.
A continuación, su testimonio:

"Me dijeron que las mujercitas nos inventamos el dolor"
"La noticia del cáncer empezó con un dolor del hombro hacia el brazo que llevaba meses. En octubre de 2013 fui al IESS y la doctora, al revisarme, me dijo que no había nada. Le pedí un eco y me respondió que era innecesario, me dijo: 'No, las mujercitas cuando nos queremos enfermar, nos duele'. Esas palabras las tengo tan presentes.
Tuve que insistir. Cuando finalmente me hicieron el eco en noviembre, la tecnóloga se sorprendió. Me dijo: 'Lo que usted tiene es un nódulo oculto, maligno por los bordes'. Me tocó esperar meses para la confirmación. Pero ahí tuve un ángel en el hospital Carlos Andrade Marín que me ayudó a acelerar todo. En tres días me hicieron lo que iba a tardar tres meses y con la punción se confirmó: cáncer maligno en la mama derecha en estadio 3.
Mi oncóloga fue clara: 'Evelyn, lo que se viene no es fácil. Vas a pasar por quimios, operaciones y cambios'. Me preguntó por mis hijos, que en ese tiempo tenían 10 y dos años. Me dijo: 'Por ellos vas a tener que luchar'. Esas palabras fueron la catapulta para no rendirme,".
"Si se tiene que sacar una 'chichi', hágalo, pero tiene que vivir"
"Cuando se confirmó el cáncer, mis jefes me dieron un pilar fundamental. Me dijeron: 'Evelyn Yadira, si se tiene que operar, si se tiene que sacar una chichi, hágalo, pero usted tiene que vivir. Su puesto de trabajo está aquí'. Eso fue clave. Hay casos donde les despiden y la noticia de quedarse sin trabajo afecta psicológicamente. Yo fui bendecida, ellos me dieron la tranquilidad para enfocarme en sanar.
Pasé por dos operaciones en abril de 2014. Y luego, el 23 de mayo, arranqué con la quimio. A los dos días, se me empezó a caer el cabello por montones. Tomé la decisión de raparme. Fui a un centro comercial y le dije al peluquero: 'Déjeme como nalga de bebé'. Él me miraba sorprendido. Yo me arranqué un mechón y era como un chicle.
Mi madre estaba ahí, demostrando fortaleza. Al verme al espejo, decidí cambiar la actitud. Aprendí a usar pañoletas y a combinarlas. Los clientes me decían si me había casado con un musulmán y yo me reía. 'No, tengo cáncer', les decía. Decidí ir un paso adelante de la enfermedad. Lloré lo que tenía que llorar, pero me levanté".
"El cáncer me abrió puertas"
"Mantuve mi mente ocupada trabajando. Mis jefes me daban una semana de descanso tras la quimio y luego yo volvía. Me sentía útil, valorada, no solo una enferma.
Hoy, para mí el cáncer me abrió muchas puertas. Gracias a la enfermedad y a la Fundación Jóvenes contra el Cáncer, gané una beca. Actualmente estoy en sexto semestre de Psicología Clínica en la Universidad Católica. Es un sueño que tuve dormido desde 1999 y ahora lo estoy cumpliendo a los 44 años.
Además, soy payasito de hospital con la fundación Vida Clown. Voy al Carlos Andrade Marín los sábados. Llegar a los pacientes con una sonrisa llena el corazón. No les mentimos diciendo que se van a curar, pero les damos un momento de alegría en medio de lo duro que es el tratamiento.
Yo le pedí a la 'Churonita' que esto fuera una misión. Sé que el cáncer llegó para que yo sea testimonio de vida".
Una ley para proteger el futuro de los pacientes
El testimonio de Evelyn resalta una excepción a la regla: el apoyo incondicional de sus empleadores. Sin embargo, para miles de ecuatorianos, el diagnóstico de cáncer es sinónimo de desempleo y quiebra financiera.
La Asamblea aprobó el 4 de febrero de 2026 la Ley Orgánica para la Atención Integral del Cáncer. La normativa convierte la "buena voluntad" en derechos exigibles, al menos en el papel. Entre sus puntos claves destaca la estabilidad laboral reforzada, que prohíbe el despido no solo del paciente, sino también de sus cuidadores (padres o cónyuges), garantizando licencias remuneradas para el acompañamiento.
Evelyn también recuerda las dificultades financieras. "Mantenía un crédito por mi casa y jamás me enteré de que podía haberse pagado mediante un seguro de desgravamen por enfermedad catastrófica. Pagué todo, recién acabé hace dos años", comenta.
La nueva ley aborda un tema para quienes quieren volver a empezar, mediante el "Derecho al Olvido Oncológico". Si una persona supera el cáncer y pasan cinco años sin recaídas, las entidades financieras y aseguradoras tendrán prohibido usar su historial médico para negarles créditos o seguros.
Con más de 30.000 nuevos casos de cáncer registrados en Ecuador en 2024, historias de superación como la de Evelyn Yadira Sanango son la esperanza de que, con el marco legal adecuado y una detección temprana, el diagnóstico deje de ser una sentencia de muerte, así como una financiera y social, en una enfermedad que también depende del estado de ánimo, y de los ´ángeles´ que aparezcan en el camino.
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