“Hay que abrirle los ojos a la gente”: Así fue el liderazgo comunitario de Jorge Cuesta, el periodista asesinado en Guayaquil
El asesinato de Jorge Cuesta deja un vacío en Sauces 6, al norte de Guayaquil, donde durante 38 años desarrolló un liderazgo barrial, organización comunitaria y defensa de derechos desde una postura frontal y cercana a la gente.

Jorge Cuesta, periodista y líder comunitario asesinado en Guayaquil.
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A Jorge Cuesta no le interesaban los cargos. Durante 38 años construyó un liderazgo desde el contacto directo con la gente, caminando el barrio, tocando puertas y diciendo lo que otros preferían callar. Su forma de hacer comunidad no pasaba por lo institucional, sino por la insistencia y la cercanía, bajo una idea que repetía con convicción: “Mi partido es la comunidad”.
El periodista fue hallado sin vida en su domicilio, en Sauces 6, el lunes 30 de marzo. Se lo encontró con signos de violencia y embalado. La Policía ya maneja una hipótesis de su asesinato.
Quienes compartieron con él coinciden en que su rasgo más visible era la franqueza. No evitaba confrontar cuando consideraba que era necesario y tampoco buscaba agradar. “Jorge fue siempre muy cuestionador, no tenía pelos en la lengua y no apadrinaba a nadie”, recuerda la periodista y lideresa comunitaria Dannis De Lucca, quien lo conocía desde que eran niños en el centro de Guayaquil.
Esa actitud se mantuvo hasta sus últimos meses, cuando desde su rol en el Consejo de adultos mayores utilizaba sus espacios para cuestionar y exigir. Como él mismo decía, no estaba ahí para “calentar un puesto”, sino para reclamar cuando las cosas estaban mal.
Empoderar a la comunidad: enseñar a reclamar derechos
Su trabajo, según quienes lo acompañaron, tenía un objetivo claro: empoderar a la comunidad. No se trataba solo de gestionar, sino de enseñar a reclamar. “Abrirle los ojos a la comunidad” era parte de su propósito, en especial entre los adultos mayores, a quienes animaba a informarse y a exigir sus derechos.
Esa lógica marcó toda su trayectoria, basada en la insistencia y en una frase que repetía a quienes trabajaban con él: “Si tenemos que joder, hay que joder tocando puertas (…) el que no pide no recibe nada”.
Ese carácter frontal convivía con una profunda vocación de servicio. Para De Lucca, hay un rasgo que define mejor que ningún otro su forma de ser: la generosidad. “Era un hombre inmensamente generoso (…) si había que dejar de comer para darle el plato a otra persona, lo hacía”. Su liderazgo no estaba orientado a beneficios personales, sino al bienestar colectivo. “Jorge no pedía para él, pedía para la comunidad”, resume.

Esa misma visión lo llevó a formar nuevos liderazgos, con un énfasis particular en las mujeres. Creía en su capacidad organizativa y en su fortaleza dentro del tejido barrial. “Decía que las mejores líderes eran las mujeres (…) que debían informarse, leer y no dejarse avasallar”, recuerda De Lucca. Más que concentrar poder, buscaba multiplicarlo.
El legado de Jorge Cuesta en Sauces 6
Para quienes también ejercen la gestión comunitaria, su figura deja además una reflexión sobre los riesgos de este trabajo. Gustavo Rivadeneira, gestor comunitario, señala que se trata de una labor sacrificada y muchas veces incomprendida, en la que quienes intervienen en problemáticas sociales se exponen constantemente. Sin embargo, más allá de ese contexto, considera que el legado de Cuesta está en la forma en que ejerció su liderazgo: “una actitud abierta, tolerante e inclusiva (…) una forma de liderazgo que construye, que une y que dignifica”.
Definir a Jorge Cuesta no es sencillo, pero quienes lo conocieron coinciden en que dejó una marca difícil de reemplazar. “Era un ser humano especial, de esos que vienen uno cada 100 años”, dice De Lucca, al recordar a un hombre que defendía, insistía, acompañaba y también hacía reír. Su ausencia deja un vacío evidente, pero también una forma de hacer comunidad que, para muchos, se convierte ahora en un camino a seguir.
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