“No es venganza, sabían dónde buscar”: Así es el lugar donde vivía el padre Maximiliano Estupiñán, asesinado en Quito
El lugar donde vivía el padre Maximiliano es recordado por su familia como “una casita de cuento de hadas”. En ese inmueble, en Guayllabamba, el sacerdote fue hallado sin vida y su crimen aún no se esclarece.

Imagen de la casa del padre Maximiliano Estupiñán y una fotografía del sacerdote de archivo.
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Autor:
Redacción Primicias
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El padre Maximiliano Estupiñán, asesinado en Guayllabamba, parroquia rural de Quito, vivía en un entorno que parecía detenido en el tiempo. Con sus propias manos construyó una casa rústica, de entramado de madera, inspirada en estilos tradicionales de Alemania y Suiza. Para su familia, aquella vivienda en medio del bosque era “una casita de cuento de hadas”.
En ese lugar, el 22 de marzo de 2026, el cuerpo del sacerdote fue hallado sin vida, tras haber sido golpeado con un objeto contundente. El cadáver quedó en el patio y, de forma preliminar, se presume que al menos dos personas participaron en el crimen.
Los sospechosos fueron captados por una cámara de seguridad cuando salían de la vivienda. Desde entonces, las autoridades trabajan en su localización. Horas después del hecho, un vocero policial del Distrito Calderón señaló que el asesinato “podría tratarse de una venganza por la forma en que se utilizó el objeto contundente”.

Sin embargo, esta hipótesis ha sido rechazada por la familia, que también cuestiona la versión de que no hubo robo durante el crimen.
“No es venganza, sabían dónde buscar”
En diálogo con PRIMICIAS, un familiar del sacerdote, conocido como padre Max, afirmó que llevaba una vida austera, sin lujos y dedicada al trabajo y al servicio, lo que lo hacía muy querido por quienes lo conocían.
Para sus allegados, esto descarta un posible móvil de venganza.
“Le robaron. Esas personas sabían dónde buscar, dónde estaban sus ahorros, porque no están. Él los mantenía en un lugar reservado, no a la vista de los demás”.
Familiar del padre Maximiliano Estupiñán
Según relatan, los agresores también se llevaron su celular, su reloj y dinero en efectivo. Más allá de eso, en la vivienda no había bienes de gran valor.
El padre Maximiliano tenía un gusto por lo antiguo. Cocinaba en un horno de leña de 1919, dormía en una cama de hierro forjado y utilizaba muebles sencillos, como estantes pequeños y una escalera de madera que conducía a un ático. Entre sus pertenencias destacaban cafeteras de estilo campestre y figuras y cuadros religiosos.

Para su familia, su verdadera riqueza era “su forma sencilla y única de vivir”.
¿Qué ha pasado con la investigación?
De acuerdo con sus allegados, las autoridades continúan con la identificación de los sospechosos. Una de las hipótesis es que el sacerdote pudo haber reconocido a quienes ingresaron a su vivienda, lo que habría derivado en el ataque.
También se analiza si el caso podría estar relacionado con extorsiones, debido a la presencia de grupos delictivos que operan en sectores como Chaquibamba, Guayllabamba y Cusubamba.
Semanas después del crimen, otro hecho violento se registró en la zona: el cuerpo de un taxista fue abandonado en Chaquibamba, sector donde residía el sacerdote.
Por ahora, unidades especializadas de la Policía Nacional continúan recabando información para esclarecer el asesinato.

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