Los cerros de Guayaquil están vivos y estos son los mejores lugares para admirar sus gigantescos árboles
A propósito del Carnaval, quienes se quedan en Guayaquil pueden visitar los cerros de la ciudad que durante el invierno florecen y se adornan con mantos verdes y flores amarillas.

Un ejemplo del florecimiento del Bosque Seco Tropical de la Costa, en el área de Conservación La Esperanza, en Guayas. Foto tomada en enero de 2026.
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Cortesía biológo Jhonny Ayón
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Redacción primicias
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Los guayacanes y sus flores amarillas no solo florecen en Loja o Santa Elena, también se pueden admirar en los cerros que sobreviven en Guayaquil. Desde el cerro Paraíso, el Azul y el bosque protector Cerro Blanco, diversas especies de árboles cobran vida en la ciudad con las primeras lluvias de 2026.
Solo en el Cerro Blanco, aquel pulmón virgen de Guayaquil que sobrevive en medio de las canteras y urbanizaciones de la vía a la Costa, sus hojas grises y de color café se tornan verdes y con diminutas flores amarillas.
Y como explica el ingeniero forestal del bosque protector, Jhony Ayón, en Cerro Blanco no solo hay guayacanes, sino sus primos hermanos: los maderos negros.
“Es un árbol muy similar, si uno lo ve a distancia piensa que es un guayacán, y sí todo comienza a reverdecer por las lluvias”, explica Ayón, quien en el bosque protector Cerro Blanco también cultiva guayacanes.
Un retoño de guayacán, que luego crecerá hasta los 10 metros para convertirse en adulto, cuesta desde USD 1 en Guayaquil, es decir, con poco puede ser parte de la reforestación de esta especie o ponerlo en su jardín para apreciarlo en invierno.
Pero antes de plantarlo, primero vale la pena conocer un poco más sobre el guayacán. Es un árbol de la especie Handroanthus chrysanthus, y nativo del Bosque Seco Tropical, conocido no solo por sus lindas flores amarillas, sino también por su madera extremadamente dura.
Precisamente, en la época de invierno el Bosque Seco Tropical de la Costa cobra vida, y así es posible ver el florecimiento de diversas especies de árboles, no solo guayacanes.

Guayaquil 'florece' de enero a mayo
Si mira hacia el cerro Azul, que se levanta entre Ceibos y la vía Perimetral, podrá distinguir los parches amarillos entre el manto verde que florece en invierno, entre enero a mayo de cada año.
No es un florecimiento accidental, se trata del ciclo propio del hábitat que predomina en los cerros de Guayaquil: el Bosque Seco Tropical, un ecosistema amenazado por varios factores y que se extiende desde Ecuador a Perú.
Según el ingeniero Ayón, el florecimiento de los cerros de Guayaquil muestran que no están muertos ni son maleza.

Cuando no llueve en la ciudad, es decir, en la época de verano, “los árboles y plantas se adaptan a las condiciones secas, y entran en una reserva de energía”, explica Ayón.
“Por eso, los vemos secos y se observan manchas de troncos y sin hojas, pero es un proceso natural”, añade el experto forestal.
Si bien el florecimiento del guayacán es corto, entre cuatro o cinco días, en Cerro Blanco y otros cerros de Guayaquil, este árbol tiene una particularidad: sus frutos maduros liberan semillas, lo que fomenta la actividad polinizadora a través de una de las mejores amigas del ambiente, las abejas.
¿Qué lugares puede visitar en Guayas?
Si busca un lugar para admirar la naturaleza durante el largo feriado de Carnaval, una opción es ir al bosque protector Cerro Blanco, que funciona de lunes a domingo, desde las 08:00 hasta las 16:00.
Por USD 18, puede no solo adentrarse en el bosque para apreciar los guayacanes, también puede descubrir los maderos negros, el bototillo y hasta los árboles de pechiche, del que se elabora un tradicional dulce en la Costa.
Ayón explica que el guayacán y otras especies propias del bosque Seco Tropical también florecen en cantones de Guayas como Pedro Carbo, Isidro Ayora y Lomas de Sargentillo. Y en la vía a la Costa, es posible encontrarlos a la altura del kilómetro 22.

También es posible sembrar su propio guayacán, y en Cerro Blanco hay arbolitos de la variedad ‘prieto o sabanero’, de ocho meses de edad.
Es un árbol de crecimiento lento, y que necesita un espacio grande para crecer en el jardín con un radio de unos siete metros a la redonda, y sin exceso de sombra.
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