"Transformarnos en nuestros propios héroes": Universidad Católica y el proyecto que busca cambiar el fútbol formativo
En Universidad Católica no hablan únicamente de producir futbolistas. Hablan de formar personas capaces de competir en el alto rendimiento y, si no lo logran, que sean agentes de cambio en sus entornos. Detrás de esa idea existe una estructura que hoy involucra a cerca de 300 personas entre futbolistas (hombres y mujeres), entrenadores y equipos multidisciplinarios.

José Mato, jefe de formativas de Universidad Católica, en el complejo de La Armenia, en abril de 2026.
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Felipe Larrea / PRIMICIAS
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Desde abril de 2022, cuando José Mato asumió la jefatura de formativas, Universidad Católica redefinió su proyecto desde una lógica integral. "El propósito que nos trazamos fue convertir este espacio en un escenario de desarrollo y crecimiento integral, donde se vaya respetando la autenticidad de cada uno de los chicos y chicas del club", explica.
El proceso atraviesa todas las áreas: 'scouting', formación, educación, salud mental, análisis de datos y hasta la relación con las familias. El conjunto 'Cammarata' no pretende únicamente detectar talento; busca acompañarlo. Cuidar. Formar. Capacitar.
Este proceso arranca mucho antes de que un jugador vista la camiseta del club. Según Mato, el primer paso es el 'scouting' (detección de talento), pero no solamente enfocado en el futbolista. "No solo vinculamos al jugador o jugadora, sino también a su entorno, a su familia".
A partir de ahí, Universidad Católica analiza distintas dimensiones del deportista: cognitiva, técnica, física y emocional. La intención es construir procesos individualizados que permitan desarrollar al jugador de forma "holística".
Para lograrlo, el club priorizó zonas específicas del país que históricamente producen más talento. Esmeraldas, Guayas, el Valle del Chota y Santo Domingo son algunos de los focos principales del proyecto.
Actualmente, las formativas masculinas cuentan con 110 futbolistas, mientras que las femeninas reúnen 76 (186 en total). El equipo de trabajo está conformado por alrededor de 40 personas entre entrenadores y especialistas.
El fútbol como identidad
En cancha, Católica busca una identidad reconocible desde las categorías menores hasta el primer equipo. Juan Revelo, entrenador del club, explica que la estructura base es un 4-3-3 que se replica en todas las divisiones. Sin embargo, aclara que la principal característica del proyecto es la flexibilidad.
"No definiría una metodología cerrada. Tal vez nuestra metodología es justamente ir ajustándonos conforme avanza el proyecto", dice.

El trabajo se centra en ejercicios con balón, intensidad, ritmo y continuidad. U. Católica intenta construir equipos dinámicos y protagonistas. "Buscamos mucha repetición de esfuerzos, movilidad y continuidad al juego. No perder tiempo con el balón", resume Revelo.
Esa identidad ya no está separada del primer equipo. Según el entrenador, desde el año pasado las categorías formativas, el filial y el plantel profesional comenzaron a acercarse cada vez más a un mismo modelo de juego.
Formar sin romper la esencia
Uno de los mayores desafíos del fútbol formativo moderno es equilibrar tecnología y sensibilidad humana. En Católica, aseguran que ambas cosas deben convivir.
Mato considera que el video análisis y la estadística transformaron el trabajo de las cantera. "Ya no es únicamente la subjetividad del entrenador. Ahora nos apoyamos en el dato y en el video análisis para construir escenarios de aprendizaje".
Sin embargo, insiste en que la tecnología no puede deshumanizar el proceso. "Intentamos cuidar mucho que el jugador no pierda su esencia. Creemos que la data y la autenticidad del futbolista son complementarias".
El proyecto también pone énfasis en aspectos poco visibles del juego. Mato menciona, por ejemplo, el trabajo sobre los movimientos de los futbolistas alejados de la zona del balón, algo que considera una debilidad regional frente a las grandes ligas del mundo.
Pero el aspecto emocional ocupa un lugar igual de importante en el proyecto. De hecho, el club está apostando por el desarrollo y la gestión psicológica de los futbolistas.
En ese contexto, Universidad Católica incorporó un área de potencial humano liderada por Paz Ocampo, enfocada tanto en los jugadores como en los propios entrenadores. Asimismo, dio un gran paso con la incorporación de Julia Larrea, psicóloga dedicada exclusivamente a los equipos femeninos.
Un vestuario menos ansioso
En el fútbol juvenil, convivir con la presión de llegar a primera división o ser transferido al extranjero suele alterar procesos y generar egos difíciles de manejar. Juan Revelo asegura que Católica intenta normalizar ese recorrido.
"Ya no se siente que ser promovido sea algo extraordinario", cuenta. Los jugadores suben y bajan constantemente entre categorías, filial y primer equipo, algo que busca reducir la ansiedad y naturalizar el crecimiento.
"Hemos trabajado mucho para que no exista ese quiebre. Que venir de selección no cambie nada".
Juan Revelo, entrenador Universidad Católica
Esa dinámica también intenta evitar rupturas emocionales cuando un futbolista regresa de selecciones juveniles o pierde temporalmente protagonismo.
La exigencia, dice, existe en todo momento, pero acompañada de herramientas y formación. "A veces somos muy estrictos, pero no damos herramientas. Primero hay que instruir al jugador y luego sí exigirle".
Mucho más que fútbol
Uno de los pilares del proyecto está fuera de la cancha: el cuidado cotidiano de los jugadores. De los 110 futbolistas masculinos, 58 viven en la casa club y reciben alimentación, educación y atención médica. Según Mato, invierten entre USD 800 y 1.000 mensuales por jugador.
El desafío más grande, admite, muchas veces está en convencer a las familias de que el proceso académico es tan importante como el deportivo. "Es una batalla constante hacerles entender que el joven no debe ser únicamente jugador".

Católica también trabaja en mecanismos de acompañamiento para quienes no logran consolidarse. En los últimos meses salieron 17 futbolistas del proceso formativo, aunque el club intenta evitar desvinculaciones traumáticas.
Por eso, Mato explica que el objetivo es estructurar procesos para así no abandonar abruptamente a los chicos ni a sus familias, que también son afectadas por estas decisiones.
La intención es que incluso, quienes no lleguen al profesionalismo, salgan fortalecidos. "Si no logra ser futbolista profesional, queremos que salga como un ser humano que aporte a la sociedad", menciona Revelo.
La ambición: exportar talento al mundo
Aunque Católica ya se consolidó como protagonista nacional en divisiones formativas y tuvo experiencias internacionales recientes en Colombia, Brasil, Bolivia y la Copa Libertadores Sub 20, el objetivo final apunta más lejos.
"A largo plazo queremos consolidarnos como una plataforma de promoción de jugadores al escenario internacional", dice Mato.
"Apuntamos a convertirnos en una potencia mundial de formativas".
Juan Revelo, entrenador Universidad Católica
Lo cierto es que, a la interna del club son conscientes de que el camino todavía está en construcción. Nadie dentro del proyecto habla de un proceso terminado. Más bien, de un modelo que vive en revisión permanente. "Ahora estamos en una constante transformación y cuestionamiento", resume Mato.
Y quizás ahí esté la esencia del proyecto: no solamente producir futbolistas, sino construir un entorno donde el aprendizaje nunca se detiene.
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