Paula Torres, en primera persona: "Así me convertí en campeona mundial de marcha"
La cuencana Paula Torres hizo historia al ganar dos medallas de oro en el Mundial de Marcha en Brasilia. En una entrevista íntima con PRIMICIAS, la destacada atleta ecuatoriana habla sobre el camino que recorrió y las personas que la llevaron a este éxito.

Paula Torres, con sus medallas de oro del Mundial de Marcha, tras una entrevista con PRIMICIAS en Quito, el 14 de abril de 2026.
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Santiago Guerrero / PRIMICIAS
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Es un mañana completamente despejada en Brasilia y Paula Torres se abre paso en medio del calor y la humedad. Ya ha marchado durante más de tres horas y 20 minutos y la meta se encuentra en el horizonte.
Regresa a ver atrás. Su rival, la italiana Sofía Fiorini, no está a la vista. Ya marchó más de 41 kilómetros, una maratón entera, faltan apenas unos metros para el sueño de toda una vida, para lograr el sueño que pocos deportistas pueden conseguir... para ser campeona mundial.
"Durante casi toda la competencia me sentí bastante cómoda, esos últimos kilómetros me pesaron un montón, pero no faltaba nada para terminar. Pensé que la carrera se me iba a hacer muy larga, pero la disfruté, la viví mucho", recuerda en una entrevista exclusiva con PRIMICIAS.
Paula continúa avanzando en el asfalto de la capital brasileña, regresa a ver a sus lados. En medio de los asistentes, resalta la figura de Andrés Chocho, su entrenador, una de las piezas clave para esta proeza.
El experimentado exmarchista, quien durante su carrera fue campeón panamericano y compitió en cuatro Juegos Olímpicos —y es hoy es uno de los mejores entrenadores de atletismo del planeta—, no paró de alentarla y aconsejarla durante toda la prueba.
"Para mí es muy importante que esté en la pista, porque él ve las cosas desde otra perspectiva. A veces, por el cansancio, por el estrés y por la presión de la competencia, uno como atleta puede dejarse llevar por las emociones del momento".
Según Paula, entrenar con Andrés Chocho fue "un antes y un después" en su proceso. "Siempre la gente me ha dicho que voy a llegar lejos, que soy muy buena, que tengo talento... pero yo siempre sentía que me faltaba 'ese algo' para que el trabajo funcione. Y cuando empecé a trabajar con Andrés, supe que este era mi lugar".

Incluso, fue idea de él, un mes atrás, que ella compitiera en la prueba de maratón, en lugar de la media maratón. A regañadientes, Paula aceptó este desafío.
"No fue mi elección, fue de Andrés", se ríe la campeona. "Me parece chistoso porque yo le decía 'nunca he de hacer una maratón', le decía 'nunca', así, rotundamente. Solo un entrenamiento le bastó para convencerme".
"Fue un mes que tuve que aumentar un poco la carga de los kilómetros e intentaba autoconvencerme que no era para tanto. Después, en el proceso, lo disfruté muchísimo. Fueron entrenamientos muy largos, que yo creo que me ayudaron a trabajar una parte que no la tengo muy fuerte: la paciencia".
"Fue aceptar la tarea, aceptar el trabajo, aceptar el dolor, y así, poco a poco, me fui llenando de confianza".
Paula Torres, campeona mundial de marcha.
Andrés Chocho —quien también es el entrenador del campeón olímpico Daniel Pintado y de la campeona mundial Kimberly García— explica que no fue una decisión que se tomó de un día para otro.
"Analizamos los resultados previos. Ella es medallista de bronce en 35 kilómetros y cuarta a nivel mundial en 20, entonces lo más lógico era que vaya a la maratón".
Dos semanas antes de la carrera, Paula y su equipo de trabajo viajaron a Brasil, a acostumbrarse al clima y al ambiente. Fue una decisión clave, que demuestra el profesionalismo de la atleta y su preparador.
"Gracias a esto me llené de confianza y por eso (en la carrera) tomé la decisión de jalar al grupo e irme a un ritmo que yo sabía que quizás era un poquito rápido, pero en el que me sentía cómoda".

Continúa la carrera, la meta se sigue acercando y a Paula le llega un poco de nerviosismo. Necesita que alguien le entregue la bandera tricolor para colgársela antes de llegar a la meta. ¿Quién se encargará de está misión? Nada más y nada menos, que el campeón olímpico, y su pareja, Daniel Pintado.
"Estaba pensando que ojalá Daniel esté cerca del final, para no tener que llevar la bandera durante toda la vuelta, sino solo los últimos metros. Y justo lo hizo, parece que me leyó la mente".
Y sí, efectivamente, le leyó la mente, pues los dos han sembrado una conexión especial. Han sido el soporte vital el uno para el otro. Paula apoyó a Daniel durante su lesión en estos últimos meses y Daniel apoyó a Paula en este camino al triunfo.
"Es muy bonito tenerle en mi vida, como mi compañero, como mi pareja. Siempre he pensado que estamos detrás de los mismos objetivos, de los mismos sueños, cada uno a su manera", expresa mientras se sonroja.
"Justo en esos días le decía, 'oye, gracias por todo lo que haces por mí', porque me cuida un montón, está pendiente de un montón de cosas que por mí misma no podría ver, porque no tengo la experencia. Estoy muy feliz de tenerle a él en mi vida, a mi lado".

Y para Daniel, hablar de Paula es sinónimo de entrega, soporte y cariño. "Ella ha estado en los momentos más buenos y malos de mi carrera. Estuvo conmigo antes de París y después, en la lesión, me acompañó a Barcelona", recuerda el campeón olímpico.
"De hecho, el ticket (a Brasil) lo compré a última hora, porque dije 'no me puedo perder esta competencia, no puedo verla por tele'. Justo mis hijos se habían quedado conmigo y les dije 'Niños, ¿quieren ir a Brasil? Vamos, vamos a verle'".
Y es así que, en los últimos metros en Brasilia, Paula le da su gorra y Daniel le entrega la bandera ecuatoriana.
Y llega esa imagen que ella había soñado durante toda su vida. Paula cruza la línea de meta, con la bandera amarilla, azul y roja colgada en su cuello y flameando en su espalda —como la capa que pertenece a esta heroína ecuatoriana—, en una foto que quedará para la posteridad.
"Siempre había visualizado este tipo de cosas, fue literalmente como lo había imaginado. Me puse la bandera y en los últimos metros ya ni siquiera sentía cansancio, solamente esa alegría de saber que estaba a punto de ser campeona mundial, que es un título que siempre quise tener".
Con un tiempo de tres horas, 24 minutos y 37 segundos —récord continental en la maratón—, Paula se llevó dos medallas de oro: una en la categoría individual y otra con el equipo femenino ecuatoriano, donde estuvo acompañada por Karla Jaramillo, Nathaly León, Johana Ordóñez y Magaly Bonilla.

Luego de los abrazos con su equipo de trabajo, la cuencana se sube al podio, para recibir sus preseas. En medio de este momento repleto de emociones, la marchista regresa a ver arriba, para una dedicatoria muy especial.
"Lo primero que hice fue pensar en mi mami (quien falleció hace tres años), porque justo el cielo estaba bastante despejado. Sentí que estaba hecho el trabajo, estaba conseguido el objetivo, le dije 'Gracias, gracias, porque ya sucedió'".
Paula recibe su medalla y se la cuelga en su cuello. La besa y la admira. Es de oro. Se ha convertido en la mejor del mundo, y entonces recuerda a su abuela, aquella figura que también fue clave en su crianza.
"Desde que ya no está mi mamá, creo que mi abuelita sintió esa responsabilidad de cuidarme. Siempre mi objetivo ha sido hacerle ver que estoy bien, que me está yendo bien en esto que elegí. Siempre quise tener esa oportunidad de darle este oro".
"Ella ya tiene 94 años, pero en realidad creo que está mejor que yo físicamente", se ríe Paula. "Estoy muy feliz porque, cuando éramos niños, mis papás tenían que trabajar para darnos de comer, así que era mi abuelita quien me alistaba para la escuela, quien me daba el almuerzo. Entonces, el haber podido ganar esto y que ella me viera fue muy emotivo para mí".

Y, en medio de todo el ruido, los aplausos, las felicitaciones, las aclamaciones... Paula se toma un momento para reflexionar, para analizar cómo, en tan poco tiempo, su vida ha dado un giro de 180 grados.
Hace apenas dos años, ella no contaba con los recursos suficientes para desarrollar su profesión. Con la perseverancia que la caracteriza, la azuaya buscó maneras de financiarse, llegando incluso a organizar una carrera de Trail para recaudar fondos para su preparación.
"Literalmente, ha sido un proceso. Antes tenía que hacer un montón de cosas para poder sustentar mi preparación. Siempre, en la medida de lo posible, mi familia ha estado ahí. Todo ha cambiado mucho, gracias a Dios, ahora tengo los recursos y las posibilidades para invertir de la mejor manera".
Actualmente, Paula es parte del Programa de Fomento Deportivo de Banco Pichincha, con apoyo de Crisfe, el cual acompaña a los mejores atletas del país en sus metas profesionales, financieras y educacionales. Este ha sido un respaldo clave para pagar entrenamientos, fisioterapia, alimentación y viajes al exterior.
Después de tantos recuerdos, de agradecer a toda la gente que la ha apoyado, Paula toma sus dos medallas de oro, son pesadas, gigantes. Las mira, analiza sus detalles, no desea ni morderlas, porque quiere que se mantengan intactas, son la prueba física de que tantos años de sacrifico tienen sus frutos.
"Cada vez que tengo un buen resultado, me siento orgullosa del país al que represento, de la gente que represento, y es, asímismo, una manera de devolverles un poquito de todo el apoyo que me dieron en su momento".
Y antes de finalizar la entrevista, Paula Torres —que no suelta sus medallas por nada del mundo— deja un último mensaje, que demuestra su ambición. Ya es campeona mundial, pero esta historia continúa: "Puedo invitarles a todos que sueñen conmigo. Siempre he dicho que quiero ser campeona olímpica, y estoy yendo paso a paso, pero voy bien".

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