"No vendemos ni un 5%": Comerciantes también sufren la falta de hinchas en los estadios de fútbol en Ecuador
Los vendedores que trabajan en los estadios de fútbol en Ecuador aseguran que sus ingresos se han desplomado. Señalan a los horarios nocturnos, la inseguridad, la situación económica de los hinchas y las dificultades para comprar entradas digitales como algunas de las causas.

Una comerciante ofrece su producto en el interior del estadio Olímpico Atahualpa de Quito, el agosto de 2026.
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PRIMICIAS
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Los estadios del fútbol ecuatoriano tienen cada vez más espacios vacíos y el problema no solo se refleja en las gradas. Afuera y dentro de los escenarios deportivos, los comerciantes que viven de la llegada de los hinchas también sienten el golpe.
"Del 100% antes vendíamos, digamos, un 80%. Ahora no vendemos ni un 5%. Entonces está full, full bajo las ventas aquí. Prácticamente estamos subsistiendo", cuenta Ana Salas, integrante de la Asociación de Trabajadores en Estadios.
Su testimonio resume una realidad que se repite entre varios vendedores entrevistados por PRIMICIAS en los estadios Atahualpa, Gonzalo Pozo Ripalda (Aucas) y el Banco Guayaquil, de IDV. Para ellos, la disminución del público significa directamente menos ingresos al final de cada jornada.
Muchos trabajan al día y compran mercadería con la expectativa de venderla durante las horas previas y posteriores a un partido. Si las gradas están vacías, el negocio también se resiente.
Por ejemplo, entre 2022 y 2026, el campeonato ecuatoriano de fútbol registró un promedio de 3.668 boletos vendidos por partido. Y en esta temporada, hasta la Fecha 23, la cifra llegó a 3.787, una ligera mejora frente a los 3.604 de 2025, pero aún lejos de convertir a los partidos en espectáculos masivos.
El contraste es todavía mayor cuando se observan los equipos. Mientras Liga de Quito y Emelec superan los 10.000 boletos vendidos por partido como locales en esta temporada, Guayaquil City registra apenas 539 en promedio.
Deportivo Cuenca, Aucas, Delfín, Macará e Independiente del Valle también se encuentran muy por debajo de las cifras de los clubes con mayor convocatoria. Para los comerciantes, sin embargo, las razones de este fenómeno son más amplias que los resultados deportivos.
Los horarios, un problema para los vendedores
Janeth Taco, quien también pertenece al gremio, considera que los horarios de los partidos han tenido un impacto directo en sus ventas. "A veces la gente no viene por la lluvia o por el frío, o porque es muy de noche. Si los partidos fueran al mediodía, ayudaría mucho", explica.
La vendedora sostiene que un partido programado a partir de las 18:00, y en fin de semana, reduce la cantidad de personas que acuden al estadio y, por consecuencia, las posibilidades de vender. "Es muy tarde, la gente desde una cierta hora ya prefiere estar en su casa con su familia".
Ana Salas coincide. Para ella, jugar un partido un domingo a las 19:00, en Quito, no resulta atractivo para buena parte de las familias que hoy, además, "tienen otras prioridades".

Los comerciantes recuerdan que anteriormente los horarios permitían concentrar varios partidos en un mismo escenario, como los tripletes en el estadio Atahualpa, en donde un hincha podía ver fútbol desde las 08:00 hasta las 14:00.
Gloria Mosquera, integrante de la Asociación y segunda generación de una familia dedicada a esta actividad, reconoce que los tripletes permitían llenar estadios y juntar a hinchas de diferentes equipos. "Había mucha gente, el hincha podía llegar al estadio, compartir con rivales y no pasaba nada".
Según Mosquera, esa dinámica se perdió y con ella también desapareció parte del movimiento comercial que generaban los partidos.
Un cambio de hábito en los hinchas
Mosquera considera que la transmisión de todos los encuentros por televisión ha cambiado los hábitos de los aficionados. "La gente ya no acude, prefiere ver en su casa cómodamente".
Fernando Olmedo, quien pertenece a la Asociación de revendedores de entradas a espectáculos públicos, entre esos partidos de fútbol, también cree que ese factor ha influido en la disminución de gente en las gradas. "¿De qué me sirve venir al estadio a ver un partido si puedo ver por televisión?".
La paradoja también aparece en los datos de audiencia. La LigaPro ha logrado generar interés a través de sus transmisiones: hasta la Fecha 24 de 2026 registró 6,8 millones de encendidos acumulados.
Para los comerciantes, esa transformación tiene un efecto inmediato: menos personas recorriendo las inmediaciones del estadio significa menos compradores.
La tecnología también dejó atrás a algunos aficionados
El cambio de las entradas físicas a los boletos digitales es otro de los problemas que identifica Olmedo. Según explica, todavía existen aficionados que llegan a las boleterías buscando comprar una entrada física y se encuentran con que deben realizar el proceso por internet.
"Pero mucha gente, sobre todo de la tercera edad, no sabe la tecnología, cómo meterse, cómo hacer, cómo comprar. Entonces eso también merma a los aficionados que vienen a los estadios”, sostiene.
El comerciante asegura que el sistema digital también ha generado desconfianza por casos de entradas revendidas o utilizadas previamente. Esa situación, dice, puede terminar perjudicando la percepción de seguridad del aficionado.
El problema no es menor para un grupo de vendedores que, precisamente, se ha dedicado durante décadas a la comercialización de entradas para espectáculos públicos. Olmedo asegura que su asociación cuenta con 120 socios activos y que todos coinciden con esta crisis.
Inseguridad y restricciones
Los vendedores también apuntan a la inseguridad como una de las razones por las que las familias han dejado de acudir a los estadios.
Olmedo asegura que la reducción de aficionados viene desde hace unos tres o cuatro años y que los enfrentamientos entre barras han influido en la percepción del público.
"Cuando hay equipos grandes, cuando hay partidos grandes, los aficionados asisten y lo primero que encuentran son problemas, agresiones a los aficionados", afirma.

Taco también menciona las peleas entre hinchas como un factor que ha reducido sus ventas. "Viene menos gente al estadio, no hay ventas, no se vende como antes, por las barras bravas, hay muchas peleas y no hay gente".
A esto se suman las restricciones para ingresar alimentos a los escenarios. María Chasi, quien asegura llevar 56 años dedicada a esta actividad, considera que las reglas para el ingreso de productos afectan especialmente a las familias.
Según cuenta, los aficionados no pueden ingresar ni siquiera con productos pequeños como un chupete o un chicle. Para ella, la situación encarece la experiencia de acudir al estadio, ya que las familias deben comprar los alimentos y bebidas dentro del escenario.
Chasi considera que este tipo de restricciones pueden desincentivar a una familia de cuatro o más integrantes, especialmente en un contexto económico del país complicado.
Un negocio que dejó de ser rentable
La reducción del público tiene una consecuencia directa para quienes trabajan en los alrededores de las canchas: llevar mercadería al estadio ya no garantiza recuperar la inversión.
"Antes no lo tomábamos en cuenta: íbamos a los mercados, comprábamos el producto y nos acercábamos al estadio porque sabíamos que iba a haber público y se iba a vender", explica Chasi. Ahora, asegura, el escenario es diferente. "No hay renta, no es rentable".

Gloria Mosquera también describe una situación de supervivencia. Recuerda que antes tenían una afluencia de público cercana al 80%. Ahora, según su percepción, apenas llega entre 5% y 10% de lo que recibían anteriormente.
"Nosotros antes teníamos para subsistir, en este momento estamos viviendo con lo que viene todos los días y con eso nos estamos dando la vuelta. Es muy difícil ahora el fútbol ecuatoriano", dice.
La frase refleja que el problema de los estadios trasciende las cifras de asistencia. Cada asiento vacío representa también una oportunidad de venta perdida para quienes ofrecen bebidas, alimentos y otros productos a los aficionados.
Un problema que va más allá de la taquilla
La propia LigaPro enfrenta una dificultad que no se explica únicamente por el rendimiento de los equipos. Factores como los precios de las entradas, los horarios, la seguridad, el transporte, la experiencia dentro del estadio y la oferta de entretenimiento compiten por la decisión del hincha.
Los comerciantes agregan otros elementos: las dificultades para comprar boletos digitales, las restricciones para ingresar alimentos y la falta de actividades que incentiven a las familias a volver. "Yo creo que sí debería haber ese tipo de incentivos de hinchada para que venga al estadio", propone Salas.

Mientras los clubes buscan recuperar espectadores y convertir nuevamente al estadio en un lugar de encuentro, los comerciantes esperan que también se piense en quienes dependen económicamente de esa asistencia.
Así, el fútbol ecuatoriano enfrenta otra problemática de los estadios, quizás una menos visible, pero de la que dependen cientos de familias que con el paso de las jornadas tiene menos ingresos y más mercadería sin vender.
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