¿Por qué no hay ambiente mundialista en Ecuador a pesar de que falta poco para el pitazo inicial?
Ha llegado el momento de reconocer que el verdadero ambiente depende de un producto coleccionable que, en esta ocasión, llega muy tarde.

Hinchas de Ecuador en un partido por Eliminatorias.
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A pesar de la ola de calor que agobia a la Costa, el ambiente mundialista está más frío que los hielos que cargaba el buen Baltazar Ushca. No existe la euforia de otras ocasiones y, a 55 días del primer partido del Mundial 2026, la gente en Ecuador tiene la cabeza en otra parte. ¿Por qué tanta frialdad? ¿Es culpa de la Selección?
La Tricolor tiene su peso en esto, en parte por los resultados deportivos, pero sobre todo por el juego. Hace rato que no existe un partido de Ecuador redondo, contundente e inapelable. Ni siquiera el triunfo sobre Argentina en Eliminatorias fue tomado como un espectáculo digno de enmarcarse. Ecuador cumple, hace lo justo, generalmente empata y ya está. Para algunos, eso no basta.
Además, por cuestiones logísticas, fue imposibe que la Selección se reúna para un partido de despedida o algo parecido antes del Mundial. Esto contribuye al desapego hacia un equipo con jugadores que hacen sus carreras en el exterior y que la hinchada solamente sigue por streaming. No se puede amar lo que no se conoce.
Los problemas cotidianos también influyen en este ambiente poco mundialista. Y, como si no fuera suficiente con el alza de la gasolina y las guerras comerciales, persiste la impresión de que Donald Trump ha convertido al Mundial en una trampa de indocumentados. Y una trampa carísima, además.
Pero el gran culpable de este ambiente glacial es (redoble de tambores) ¡el atraso en la venta del álbum Panini del Mundial! Debido al monumental formato del Mundial, que en realidad es un festival que prioriza la cantidad antes que la calidad, el famoso álbum tardó en estar listo.
Ha llegado el momento de reconocer que el verdadero ambiente mundialista depende de este producto coleccionable que pone a niños y adultos a bregar por llenarlo lo antes posible. La compra de funditas y cajas, el frenético intercambio de cromos, el retiro del papel protector, el llenar cada módulo con el jugador o el estadio respetivo y todo lo que moviliza a los compradores alrededor de este fetiche culposo siempre fue la chispa del fuego premundialista.
Seguramente, cuando chicos y grandes empiecen a pegar los cromos de Moisés Caicedo, Willian Pacho y Enner Valencia, por fin se habrá despertado la euforia de que estamos en vísperas del Mundial. Pero todo dependerá del resultado con Costa de Marfil.
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