México llega a la inauguración del Mundial 2026 bordeando el ridículo, ¿la presidenta Sheinbaum es la culpable?
Las protestas callejeras, el caos en el Azteca y las actitudes de la presidenta Clauida Sheinbaum han empañado por completo la fiesta que debía vivirse en México, país que organiza por tercera vez un Mundial. ¡Nada que ver con el ambiente de 1970 o de 1986!

Composición gráfica de un retrato de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, y protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
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EFE
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El balón por fin se pone a rodar, pero México (el país, la nación, la Patria de Benito Juárez) llega al partido inaugural ante Sudáfrica con la enorme sensación de que la fiesta del fútbol no se la vive de acuerdo a las expectativas.
La acumulación de crisis organizativas, políticas y hasta logísticas ha empañado por completo el ambiente, muy lejos de la euforia vivida en el legendario certamen de 1970 y de la emotividad que se desprendió del torneo de 1986.
Al contrario, antes del pitazo inicial del 11 de junio hasta podría pensarse que México (la nación, el Gobierno) se ha esmerado en autoboicotearse y en acercarse al ridículo en diferentes ámbitos, como si todos se hubieran puesto de acuerdo en fracasar.
Se dice que todo esto tiene una explicación: que la FIFA haya entregado la organización a tres países ha fragmentado el sentido de pertenencia del evento. El mexicano común, que ama al futbol, percibe que este no es su Mundial. Percibe que que esos 13 partiditos asignados a México (Estados Unidos tiene 78 y Canadá otros 13) no les permite considerarse como anfitriones. Este es un Mundial gringo, con subsedes en los países vecinos, y ya. ¿Para qué tomarse tantas molestias?
Por eso, no hay necesidad de guardar las apariencias o de pactar treguas políticas. A diferencia de Estados Unidos y Canadá, diversos grupos sociales de México están utilizando la enorme vitrina internacional del Mundial para presionar al gobierno de Claudia Sheinbaum.
Marchas y caos en Ciudad de México
Ahí están, por ejemplo, los maestros en huelga del sindicato de educación y estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, que se manifestaron en las calles de la Ciudad de México. Ya hubo bloqueos caóticos, cierres con vallas metálicas en el Zócalo (con afectaciones a las zonas del Fan Fest) e, incluso, derribo de estatuas decorativas del torneo. ¡La policía llegó a decomisar explosivos artesanales! Un caos.
Por su lado, el colectivo que busca a las más de 130.000 personas desaparecidas en México ha convocado a marchas masivas en las inmediaciones del estadio Azteca justo antes del partido inaugural contra Sudáfrica. Se han pintado consignas anti-FIFA y existe la amenaza de colapsar las ya de por sí saturadas vías de transporte de Ciudad de México. Hay pánico entre los jefes de seguridad.
Polémica en el Azteca
Luego, está la polémica en torno a los arreglos en el mítico estadio Azteca, donde se jugaron las finales de 1970 (Pelé, consagrado) y 1986 (Maradona, consagrado). En 2026, la imagen del estadio está golpeada en lo simbólico porque no será usada en la gran final.

Una pena, pero de todos modos se esperaba que el Coloso de Santa Úrsula sea la carta de presentación de México para el Mundial, pero su remodelación a marchas forzadas (empezó tardísimo, en 2024, pese a tener la sede ganada desde 2018) ha sido duramente criticada. Parte de los nuevos asientos no permiten la visibilidad de la cancha y la estructura no estuvo lista a tiempo.
Sumemos la poca claridad de México (del Gobierno, de la ideología) para entender de qué se trata un Mundial. Claudia Sheinbaum enarbola la bandera de un feminismo desactualizado y ha generado otros ridículos, como la canción 'La niña fútbolista', verdadero hazmerreír que puede enterrar la carrera de Julieta Venegas, quien ahora sí tiene ganas de cantar "qué lástima, pero adiós".
Además, Sheinbaum cedió su entrada al partido inaugual con Sudáfrica a una futbolista indígena, Yolett Cervantes, y romperá con la tradición mundialista de que el primer mandatario del país anfitrión asiste al primer cotejo. La presidenta afirma que su ausencia es un “gesto simbólico” en apoyo a las mujeres.
Por supuesto, esto en realidad es una coartada de Sheinbaum, que desea evitar los abucheos que recibieron sus antecesores Gustavo Díaz Ordaz (1970) y Miguel de la Madrid (1986).
La pérdida de las transmisiones en televisión abierta y el elevado costo de las entradas contribuyen al enfado general en México, donde la afición siente que el Mundial se ha transformado en un evento elitista que deja fuera al ciudadano promedio.
Hasta el cine se porta en contra
De eso se han quejado hasta intelectuales como el cineasta Alejandro González Iñarritu, quien, con nostalgia, evocó al México de 1986, que ya no existe: "Mi padre no tenía dinero, pero recuerdo que me llevó al partido entre Argentina e Inglaterra, el famoso encuentro del gol de la 'Mano de Dios' de Maradona. Si mi papá pudo invitarme, quiere decir que podía pagar ese boleto."
Por fortuna, lo normal es que todas las polémicas previas al arranque del Mundial se olvidan una vez que comienzan los partidos. Pero quizás esto no ocurra y los problemas persistan porque, después de todo, este no es el Mundial de México.
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