Mundial, día 28: ¿La FIFA mueve los hilos para ayudar a Messi? ¿O es un mito que Argentina sea el equipo del poder?
La dictadura argentina, Diego Maradoana y Lionel Messi han sido factores que han determinado la percepción sobre Argentina y la FIFA en los Mundiales.

Composición con una imagen del festejo de Argentina tras vencer a Egipto el 7 de julio de 2026 y un retrato de Gianni Infantino, presidente de la FIFA.
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EFE
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El vigesimoctavo día del Mundial no tuvo duelos en la cancha, pero no hubo aburrimiento pues fue el momento para desarrollar una de las grandes polémicas, no solo de los cuartos de final, sino de todo el torneo: el partido entre Argentina y Egipto.
Todos (los que no saben de fútbol) apuntan acusadoramente a la FIFA por sus supuestas ayudas a la Selección de Argentina y a Lionel Messi. Para ellos, expertos en hallar conspiraciones debajo de la cama, los rioplatenses son los más consentidos, los mimados, los que se benefician de sorteos y arbitrajes para ser campeones. Argentina, en otras palabras, es el equipo del poder y está predestinado a ganar por los hilos de la FIFA, presidida por Gianni Infantino.
Pero, ¿es tan así? Tras el electrizante y polémico triunfo de la albiceleste por 3-2 sobre Egipto, el escritor argentino Martín Caparrós comentó que le parece curioso que "para millones, la Argentina sea el caballo del comisario, el equipo del poder. Nunca nos había pasado, no sabemos cómo jugar ese papel".
Esa afirmación tiene sus matices. En 1978, la selección argentina sí cargó con el estigma de ser el equipo del poder. La ecuación era simple y siniestra: la FIFA pactó con la dictadura de Videla porque era la única vía para celebrar el Mundial en ese territorio, la primera sede bajo el puño de un gobierno autoritario desde la Italia fascista de Benito Mussolini.
El máximo organismo del fútbol ignoró con frialdad las denuncias internacionales sobre el horror que se vivía en el país. Por eso, damas y caballeros, la historia es clara: Argentina ya conoció en carne propia lo que es jugar con las cartas marcadas a favor (cof, cof, la goleada a Perú) por parte del ente rector.
Sin embargo, la figura contestataria de Diego Maradona invirtió el papel de Argentina. Las fogosas quejas del 10 contra la tendencia mercantilista de la FIFA, gobernada por ese genio del marketing (y la geopolítica) que fue el brasileño João Havelange, presidente de la FIFA entre 1974 y 1998.
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Por eso, Havelange fue considerado el primer gran enemigo público de Diego Maradona y Brasil pasó a ser visto como el equipo del poder. Por supuesto, a esto también contribuyó que Pelé haya sido convertido por la FIFA como el máximo símbolo del fútbol y que se repitiera hasta la saciedad que México 1970 fue el mejor Mundial de la historia.
Y, así, tuvimos por algunos años esa dicotomía Pele=FIFA contra Maradona=resistencia.
El ocaso de Maradona ante la opinión pública, y el auge de la rivalidad entre Lionel Messi y el portugués Cristiano Ronaldo volvió a reposicionar a Argentina como el equipo más querido de la dirigencia. Todo fue porque Sepp Blatter, presidente de la FIFA entre 1998 y 2015, expresó en 2013 ante estudiantes de Oxford Union que "Lionel Messi es un buen chico, el que a cada madre y padre le gustaría tener en casa".
En cambio, Sepp Blatter tuvo reparos con Cristiano Ronaldo: "El otro es algo diferente. El otro es como un comandante en el campo de juego", dijo el suizo, mientras se levantaba de su silla y caminaba por el escenario de forma rígida y robótica para imitar burlonamente la postura de CR7.
Sin querer, Blatter había instaurado cuasi oficialmente que la FIFA tomaba partido en la rivalidad futbolística más importante de la historia y eso se ha contagiado en la percepción pública sobre Argentina.
La FIFA, como todo sabemos, promocionó a Messi como imagen global del fútbol y, tras el éxito en Qatar 2022, el argentino llegó al Mundial 2026 como la máxima figura mediática y financiera, la vedette, el blanco de todos los flashes.
Nada de esto, que ocurre en el ámbito de las ideas y las discusiones, se ha reflejado en hechos concretos. No existe evidencia de que la FIFA haya ordenado a sus empleados o a los jueces ayudar a Messi o Argentina: no hay actas reuniones, memos, chats, fotos de reuniones sospechosas o algo parecido.
Todo esta narrativa corresponde más a proyecciones de malos perdedores que no han aceptado la cruda realidad: Messi ya le ganó a CR7 en el debate como el mejor de la historia.
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