Raúl Toledo, el ecuatoriano que llegó a Nueva York con un dólar, abrió barberías y perdió USD 1 millón en la pandemia
Esta es la historia de Raúl Toledo, un migrante ecuatoriano que nunca dejó de empezar de nuevo y que trabajó para brindar eduación a sus hijas en Ecuador.

Raúl Toledo, después de una entrevista con PRIMICIAS en su barbería en Nueva York, el 17 de junio de 2026.
- Foto
Felipe Larrea / PRIMICIAS
Autor:
Actualizada:
Compartir:
DESDE NUEVA JERSEY. Cuando Raúl Toledo recuerda su infancia en Cuenca, vuelve inevitablemente a los campos donde trabajó junto a sus padres y sus nueve hermanos. Hijo de agricultores, creció en un hogar humilde donde estudiar lo básico era apenas el primer paso antes de salir a buscar trabajo.
"Somos 10 hermanos. La situación era muy difícil. Mi papá y mi mamá nos hicieron estudiar lo básico y teníamos que salir cada quien a buscar nuestras fuentes de trabajo para poder ayudar", recuerda en una entrevista con PRIMICIAS desde Nueva York.
Desde adolescente aprendió dos oficios que marcaron su destino: la carpintería y la barbería. A los 15 años ya cortaba el pelo, sin imaginar que décadas después esa habilidad le permitiría sobrevivir en uno de los momentos más difíciles de su vida.
Como miles de ecuatorianos a comienzos de siglo, observaba a Nueva York como la ciudad de las oportunidades. Sin embargo, su sueño era mucho más sencillo.
"Yo venía solamente para juntar USD 10.000 y comprarme un carro. Era mi máximo sueño y a lo que aspiraba unos meses después de trabajar en Nueva York. Siempre me ha gustado trabajar y siempre me han gustado los retos", cuenta.
Siete meses para llegar a Estados Unidos
El viaje fue una prueba de resistencia. Toledo salió de Ecuador y tardó cerca de siete meses en llegar a Estados Unidos. Durante el trayecto caminó largos tramos por Centroamérica, enfrentó engaños de coyotes y vio desaparecer parte del dinero que llevaba consigo.
"Caminé por casi tres meses. Los coyotes a uno lo robaban, lo dejaban botado. Gracias a Dios avancé a llegar a este país".
Cuando finalmente llegó a Nueva York, en 2003, llevaba apenas USD 1 en el bolsillo. "Yo llegué aquí a Nueva York con USD 1".
Carecía de contactos que pudieran ayudarlo. Aunque contaba con familiares en Estados Unidos, decidió abrirse camino solo. "Tengo muchos primos acá, pero emprendí solo y tengo la suerte de decir que no les pedí favor a ninguno de ellos. Me desenvolví solo".
Tres meses viviendo en la calle
Lo que vino después fue la etapa más dura de su vida. Sin dinero, sin empleo y sin un lugar donde dormir, vivió tres meses en las calles de Nueva York. Es una historia que nunca les contó a sus padres.
Durante semanas sobrevivió sin comida, sin agua y sin acceso a una ducha. "Yo tenía como cuatro o cinco días andando en la calle. Sin comer, sin agua, sin tener dónde dormir, sin dónde bañarse".
La experiencia lo marcó para siempre. De hecho, confiesa que vivir en la calle fue de las cosas "más difíciles" y que nunca lo imaginó.
Pero había algo que le aterraba más que el hambre. "La noche. La noche sin saber dónde caer, qué le va a pasar en un país sumamente extraño que uno no conocía de nada".
La mano que cambió su destino
Cuando parecía no haber salida, aparecieron dos personas que marcaron su vida. Primero un mexicano que lo encontró desanimado en la calle y le habló de una oportunidad laboral. Luego una mujer dominicana que decidió darle trabajo en una barbería.
"Ella me abrió las puertas de su negocio y empecé a trabajar", cuenta. Aquella oportunidad le permitió abandonar la calle y comenzar a reconstruir su vida.
Antes de encontrar estabilidad tuvo que enfrentar incluso la indiferencia de algunos compatriotas. Recuerda que, al buscar empleo en una barbería donde trabajaban ecuatorianos, uno de ellos quiso cobrarle USD 300 para hacerle una prueba y permitirle trabajar.
"El mismo paisano me quería cobrar USD 300 por enseñarme y para darme el trabajo". Sin dinero para pagar ni herramientas propias, aquella puerta se cerró. Pero poco después se abrió otra.
Deudor de USD 30.000
Como muchos migrantes, llegó endeudado. El viaje le costó unos USD 16.000, pero entre préstamos, intereses y pérdidas durante la travesía, calcula que la deuda superaba los USD 30.000.
Su primera semana de trabajo dejó ganancias mínimas. "Ganaba USD 70 a la semana. Con las propinas llegaba a USD 80 o 100".
Durante el día trabajaba como barbero. En las noches limpiaba restaurantes y oficinas hasta las cinco de la mañana. "Trabajaba de día en una barbería y en la noche hacía limpiezas. Me pagaban USD 270 por semana".
El objetivo era claro: pagar las deudas, alquilar un cuarto y comenzar desde cero.

El nacimiento de un empresario
Tras años de sacrificio llegó la recompensa. En 2008 abrió su primera barbería propia. La decisión nació de una inconformidad con las reglas de los negocios donde había trabajado. No le gustaba el trato distante hacia los clientes ni las prácticas que, según él, alejaban a las personas.
Lo cierto es que este ambicioso cuencano quería un negocio diferente. Y con el tiempo el proyecto creció más allá de lo que imaginó. Antes de la pandemia llegó a tener seis locales distribuidos en Queens.
El emprendimiento generó empleo para decenas de personas. En total tenía 65 empleados entre barberos, manicuristas, gente de limpieza y su contador de confianza.
Había alcanzado aquello que buscó durante años: estabilidad económica, reconocimiento y una empresa sólida.

La pandemia que lo derrumbó todo
Entonces llegó la pandemia. Y todo se derrumbó de la noche a la mañana. Los locales tuvieron que cerrar y Toledo pasó seis meses enfermo en casa. "Seis meses que casi me mató el Covid-19".
Mientras tanto, las rentas seguían acumulándose. Cada mes debía pagar aproximadamente USD 63.000 únicamente en arriendos. Por lo que, por seis meses, se endeudó en más de USD 300.000.
Cuando pudo regresar encontró órdenes de desalojo en varios de sus negocios. Y es que los propietarios exigían pagos imposibles para permitir la reapertura de los locales.

Sin acceso a ayudas gubernamentales debido a su situación migratoria de entonces y con asesorías que considera equivocadas, no pudo salvar sus negocios. "No tuve ayuda del Gobierno. No pude hacer nada. Es perder mis negocios, cerrar los negocios".
La cifra de las pérdidas resulta difícil de dimensionar. "La inversión mía fue de USD 770.000 y más 300 mil que me quedó a rentas. Para mí fue sobre USD 1 millón".
A eso se sumaba un préstamo de USD 100.000 obtenido en Ecuador para invertir en Estados Unidos. "Para mí ha sido ese tiro mortal al cuello".
Volver a empezar
Durante los últimos años se dedicó a pagar deudas, vender activos y reconstruir lentamente su economía. "Ha sido un reto. Privarse de muchas cosas, buscar nuevas metas, nuevas salidas, pensar cómo echar para adelante".
Hoy conserva un negocio, mantiene una clientela construida durante más de dos décadas y vuelve a mirar el futuro con optimismo.

El sueño pendiente
A pesar de llevar más de dos décadas en Estados Unidos, hay algo que todavía no ha hecho: volver a su país. Ya son 24 años que no pisa Ecuador.
Hoy tiene documentos, estabilidad y la posibilidad de viajar, pero admite que siente nervios de volver a un país que ya no reconoce. Siente que todo será nuevo, diferente.
Sin embargo, mantiene intacto el deseo de reencontrarse con los suyos. "Pienso uno de estos días sorprenderle a mi familia y regresar a disfrutar con mi gente".
Sus padres siguen vivos. También sus dos hijas, el orgullo más grande de su vida. Una de ellas, aquella por la que decidió emigrar, ya es médica. "Yo vine aquí a trabajar para que mi hija pudiera estudiar. Hoy en día mi hija es médico y me da tanto orgullo".
A sus 44 años, después de haber llegado con USD 1, dormir en la calle, construir seis negocios y perder más de USD 1 millón, Raúl Toledo sigue aferrado a la misma convicción que lo acompañó desde Cuenca. "Doy gracias a Dios por darme salud, darme vida y darme la oportunidad de llegar a este país".
Compartir: