Abaratar costos para disfrutar el Mundial 2026, uno de los objetivos de los ecuatorianos que viven en Estados Unidos
Viajes en carros caravana, casas convertidas en hospedaje y redes que crecen en WhatsApp para conseguir hospejae y armar rutas. La comunidad ecuatoriana en Estados Unidos lleva más de un año preparándose para vivir el Mundial como un reencuentro.

Armando Zumba,David Kuhn,Miguel Ortiz,Mark Codd, Carlos Gonzalez con banderas ecuatorianas y camisetas amarillas, Miguel y sus amigos siguen a la selección en distintas ciudades de EE. UU., anticipando desde ya el ambiente del Mundial.
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NUEVA YORK. No han empezado los partidos, pero el Mundial 2026 ya se vive en cuartos que se habilitarán para recibir a otros, grupos de WhatsApp y reservas hechas con meses de anticipación. En Nueva Jersey Jersey, Kansas, en Nueva York o en Florida, la comunidad ecuatoriana en Estados Unidos lleva más de un año organizándose para algo que va mucho más allá del fútbol: amor por los colores.
El torneo, que por primera vez reunirá a 48 selecciones y se jugará en tres países (Estados Unidos, México y Canadá), tendrá una particularidad que ya nadie discute: en las gradas, el idioma dominante será el español. En un país donde viven más de 65 millones de latinos, el Mundial será también una disputa simbólica entre comunidades migrantes que se apropian del espectáculo como si fuera propio.
Y dentro de ese mapa, los ecuatorianos han empezado a trazar el suyo. En Kansas City, donde se jugarán varios partidos en el Arrowhead Stadium, la organización no es improvisada. Circulan diseños con zonas específicas para hinchas ecuatorianos dentro del estadio, se negocian tarifas grupales en hoteles y se activan redes comunitarias que funcionan como agencias de viaje informales.

“Esto no es solo venir a ver un partido. Para muchos de nosotros es la primera vez que vamos a vivir un Mundial, y hacerlo lejos de Ecuador cambia todo. Es una forma de volver a la tierrita, aunque sea por unas horas. De sentir que estamos juntos otra vez, que seguimos siendo parte de lo mismo”, dice Pablo Quintanilla, lojano, de 38 años, que llegó a Estados Unidos hace más de doce años y que, sin proponérselo, terminó coordinando una red de ecuatorianos para el Mundial.
Quintanilla habla desde el cansancio y la insistencia. Durante meses le ha tocado hacer lo que nadie ve: reunir contactos, pasar noches enteras buscando disponibilidad, comparar precios, escribir a hoteles, negociar tarifas y verificar que todo sea real.
“Hay gente que no tiene dónde quedarse o no sabe cómo moverse. Si no organizas bien, terminas pagando el doble o cayendo en estafas”
Pablo Quintanilla, migrante ecuatoriano en Estados Unidos
Todo empezó hace un año, con un grupo pequeño que quería asegurar entradas y hospedaje. Hoy son decenas, quizá cientos, conectados en cadenas que no paran de crecer. Pero su trabajo no se limita a conseguir camas. También ha armado rutas.
Desde Nueva Jersey, por ejemplo, saldrá un grupo en carro el jueves previo al partido en Kansas. Pero no es un viaje directo. Es un trayecto planificado con paradas estratégicas en distintas ciudades y puntos turísticos, pensado para convertir el desplazamiento en parte de la experiencia.

“Queremos que el viaje también cuente. No todos pueden hacer turismo en Estados Unidos, entonces aprovechamos el Mundial para eso también”, dice.
En ese movimiento, el Mundial empieza antes del estadio. Miguel Ortiz, ecuatoriano residente en Atlanta, lleva semanas intentando asegurar boletos para el partido de Ecuador. No lo ha logrado.
No es la primera vez que organiza su vida alrededor de la Selección. En los últimos años, él y su grupo de amigos han recorrido distintos estados de Estados Unidos para asistir a partidos previos al Mundial: amistosos, eliminatorias, torneos regionales, siguiendo a Ecuador donde toque jugar.

Han cruzado carreteras, coordinado viajes de último momento y aprendido a moverse entre estadios como parte de una rutina que ya no es excepcional. En cada partido repiten el gesto: la camiseta amarilla, la bandera extendida, la foto que prueba que, incluso lejos, siguen estando.
“Es complicadísimo conseguir entradas ahora. Hay mucha demanda, los precios suben, y a veces ni siquiera sabes si lo que estás comprando es real”, dice. “Tengo amigos que vienen desde Ecuador y todavía no sabemos si vamos a poder entrar al estadio”.
La incertidumbre no frena los planes. Al contrario. Miguel y sus amigos ya están buscando alternativas para recibir a sus amigos en casa. “Si no conseguimos entradas, igual nos juntamos. Eso ya está decidido. El Mundial no es solo el estadio”.
Ese tipo de organización, doméstica, informal, colectiva, es la que está marcando el ritmo previo al torneo. Casas que se convierten en hospedaje, grupos que comparten gastos, comunidades que replican, en otro país, la lógica del barrio.
En los mapas de Estados Unidos que circulan por redes, hay una zona marcada en rojo. Es el lugar donde los ecuatorianos planean concentrarse dentro del estadio. No hay un dato exacto de cuántos serán. Pero todos tienen claro algo: Ahí, por unas horas, no estarán de visita.
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