Rumichaca en silencio, la "guerra comercial" frena la ajetreada vida cotidiana en la frontera Ecuador-Colombia
Bajo un flujo lento en el Puente Internacional de Rumichaca, transportistas y comerciantes enfrentan la incertidumbre de la guerra comercial desatada tras las medidas arancelarias recíprocas y el corte de energía entre los gobiernos de Daniel Noboa y Gustavo Petro.

Vista general de zona de frontera entre Ecuador y Colombia y del puente de Rumichaca, el 23 de enero de 2026.
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Mario González / PRIMICIAS
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CARCHI. Son las 10:00 del viernes 23 de enero de 2026 y el frío viento del norte que golpea al Puente Internacional de Rumichaca trae consigo un silencio inusual, casi inquietante. Lo que normalmente es un torrente de comercio, motores y pitos de camiones, además del bullicio propio del intercambio entre Colombia y Ecuador, hoy está en calma.
"Tensa calma" es la frase que se repite de boca en boca entre los pocos que transitan por este paso fronterizo, epicentro de una guerra comercial desatada en las últimas 48 horas entre los gobiernos de Daniel Noboa y Gustavo Petro.
Antonio Ulises, un transportista ecuatoriano que lleva llantas hacia Colombia, señala con incredulidad la vía despejada. "Como usted puede mirar, pues está casi vacío. Esto suele ser una fila tremenda hasta el semáforo", comenta mientras espera junto a su camión.
Del lado colombiano hacia Ecuador, la imagen es igual de lúgubre: "Solamente dos, tres camiones", describe Ulises. Para él, la situación se resume en una pelea de altas esferas de poder, cuyos "daños colaterales caen hacia abajo".
"Es la pelea entre presidentes, el uno le aumenta el arancel, el otro le quita la luz, el otro le aumenta el tráfico de oleoducto. ¿Qué pasará? Los que seguimos pagando somos el pueblo".
Antonio Ulises, transportista ecuatoriano

Un intercambio de medidas que escala
Todo comenzó el 21 de enero, cuando el presidente Daniel Noboa anunció desde Davos (Suiza) la imposición de un arancel, llamado "tasa de seguridad", del 30% a las importaciones colombianas, argumentando que el gobierno vecino no hace lo suficiente contra el narcotráfico.
La respuesta de Bogotá no tardó: reciprocidad arancelaria y lo más temido tras los apagones de 2023 y 2024: la suspensión de la venta de electricidad colombiana a partir de las 18:00 del jueves 22 de enero de 2026.
En la mitad de este fuego cruzado diplomático y comercial están hombres como Nelson Arellano, un camionero que viene desde Perú cargado de cebolla con destino a Colombia, utilizando a Ecuador como ruta de tránsito.
"Aparentemente está en calma, sin embargo, existe la inquietud", relata Arellano, quien llegó de madrugada. Su preocupación es palpable: el transporte no ha recibido comunicados oficiales sobre si subirán los fletes. "Si suben aranceles, puede estancarse el comercio", advierte y admite que la incertidumbre es grave para un sector ya golpeado por el alza de combustibles.
A pocos metros, Joaquín, otro conductor que transporta bobinas de papel desde un ingenio azucarero de Guayas hacia Colombia, aguarda el trámite de aduana conocido como "levante". "Estamos pendientes, eso no nos beneficia a los ecuatorianos", dice con resignación.
Su lógica es práctica: "Mientras que no cuadren las cuentas, no salen las importaciones porque no les alcanza. Nosotros, el transporte, sufrimos". Joaquín explica que la ruta por Rumichaca es preferida por rapidez para llegar a destinos como Cali o Bogotá, pero teme que las medidas encarezcan todo al punto de hacer inviable el viaje. "Estamos en esa incógnita", sentencia.
Se esperan pérdidas
El impacto no solo se mide en motores apagados, sino en dólares que dejan de circular. Julio Grazo, representante legal del gremio de Cambistas de Ipiales con 36 años de trabajo en la frontera, hace cálculos rápidos y pesimistas.
"Con este 30% de arancel, prácticamente las ganancias se pierden", explica. Para Grazo, la matemática es simple: si no es negocio, no se exporta. "Se ve menos gente, se ve menos transporte", dice mientras se lamenta que estas "retaliaciones" de presidente a presidente afecten al consumidor final y a la economía de Nariño y Carchi.
La situación es crítica si se considera que el 70% de la actividad en esta zona depende del comercio transfronterizo. Ante este escenario, la sociedad civil local intenta apagar el incendio. Nelson Cano, presidente de la Cámara de Comercio de Tulcán, se reunió esta mañana con el gobernador del Carchi, Byron Borja.

Junto a sus pares de Ipiales, Pasto, Ibarra y representantes del sector turístico de Imbabura, firmaron un documento conjunto solicitando mesas de diálogo urgentes.
"Es una tasa que finalmente, se puede negociar", dice Cano con un optimismo cauto, tras percibir apertura en el Gobernador. Sin embargo, advierte sobre los peligros reales: el encarecimiento de productos vitales que Ecuador importa de Colombia: medicamentos, vehículos, papel, plástico.
Y, peor aún, el incremento del contrabando. "Ahí salimos perdiendo todos. El comercio formal, pero también el gobierno porque deja de recaudar", alerta el dirigente.
La preocupación se extiende más allá del puente. Oliva Díazgranados, directora de la Cámara Colombo Ecuatoriana, califica la situación como un "pierde-pierde". Recuerda que la el intercambio comercial binacional ronda los USD 3.000 millones y que medidas similares en 2013 redujeron ese flujo a la mitad.
"No podemos olvidar que Colombia es un país importante (...) estamos hablando de productos de primera necesidad", señala. La empresaria cita ejemplos cotidianos como las botas de caucho fabricadas en Ecuador y que usan los campesinos colombianos o los insumos de aseo que llegan a Ecuador.
Una 'guerra energética'
Pero quizás el punto más álgido es la energía. Aunque el Ministerio de Energía de Ecuador asegura que el sistema cuenta con capacidad suficiente (5.454 MW) para cubrir la demanda autónomamente, el fantasma de los apagones ronda la memoria colectiva.
Díazgranados recuerda que "en 2024 tuvimos 12, 13, 14 horas diarias de cortes de luz", subrayando la fragilidad energética ecuatoriana. La suspensión del suministro colombiano es vista como una "medida preventiva" por el gobierno de Petro, quien declaró en un evento televisado que Noboa "no le quiere nada" y que en Carondelet buscan ver "quién se hace más amigo del que más grita".
La escalada no se detiene. Como respuesta a la decisión energética, la ministra de Ambiente y Energía de Ecuador, Inés Manzano, anunció nuevas tarifas al transporte de crudo colombiano por el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP), aplicando la misma "reciprocidad".

Mientras los comunicados van y vienen entre Bogotá y Quito, en Rumichaca el transportista colombiano Jairo Espinosa, quien acaba de llegar con un contenedor de tapas, mira a su alrededor y ve menos transporte y menos gente. "Esperemos a ver a partir de la semana que viene, uno no sabe", dice.
El ambiente general es de una espera nerviosa. Los cambistas, transportistas y comerciantes aguardan que la diplomacia prevalezca sobre los impulsos.
Por ahora, el paso fronterizo, arteria de la integración andina, opera con escaso movimiento, a expectativa de una disputa política que todavía no tiene visos de solución. Colombia había convocado a una reunión para el domingo 25 de enero de 2026 en Ipiales, pero Ecuador pidió postergarla para la semana entrante.
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