Perú perdió hasta 1.000 hectáreas de banano por Fusarium en cinco años | Lecciones para Ecuador sobre riego y lluvias
El brote detectado en Piura en 2021 inició en un terreno de media hectárea y el área infestada creció más de 1.000 veces desde entonces, debido a condiciones de riego y lluvias intensas, según técnicos de Senasa de Perú. El agua acelera la dispersión del hongo, lo que preocupa en Ecuador.

Imagen tomada desde el aire de la plantación bananera contaminada con Fusarium R4T, en la finca La Carolina, ubicada en el cantón Santa Rosa, provincia de El Oro. Foto tomada en noviembre de 2025.
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La expansión del Fusarium Raza 4 Tropical (R4T) en el norte de Perú dejó una advertencia para los países bananeros de la región: una vez que el hongo ingresa a una zona productiva lo único que se puede hacer es intentar contenerlo y limitar daños. Las lluvias intensas aceleran la dispersión de la plaga, lo que preocupa en Ecuador, donde el brote se registra en una zona anegable en El Oro.
En Perú, el hongo se detectó por primera vez en un campo de media hectárea de banano Cavendish en marzo de 2021 en el distrito de Querecotillo, provincia de Sullana (Piura), al norte del país. El área infestada e inhabilitada para la siembra creció más de 1.000 veces en cinco años.
El brote ha provocado la pérdida de entre 800 y 1.000 hectáreas de banano en el Valle del Chira, una de las principales zonas productoras del país, según estimaciones del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) de Perú, que reconoce limitaciones para contabilizar la totalidad de superficie malograda.
El caso peruano cobra relevancia para Ecuador en medio de la emergencia fitosanitaria declarada el 18 de diciembre de 2025, tras la detección del hongo en la finca La Carolina, en el cantón Santa Rosa, provincia de El Oro, y en medio de una temporada de lluvias que preocupa a productores y autoridades por el riesgo de dispersión del patógeno a través del agua y el lodo.
“Una vez que llega el Fusarium es prácticamente un caos en el país y hay que tratar de que ese caos se convierta en organización”, explica Carlos Torres, especialista en análisis de riesgo y vigilancia fitosanitaria del Senasa de Perú, que ha dirigido ponencias a exportadores y productores ecuatorianos.

El caso peruano: riego, lluvias y pequeños productores
El primer foco del hongo en Perú se detectó en 0,5 hectáreas de banano. Sin embargo, el patógeno se propagó con rapidez dentro de un valle agrícola con áreas cultivables, ubicado en medio de un entorno mayormente desértico.
Uno de los factores clave de la acelerada propagación -que creció hasta 2.000 veces en cinco años- fue el sistema de riego, que puede transportar partículas de suelo infectado entre parcelas. Pero el punto crítico llegó en 2023, cuando el Fenómeno del Niño Costero -conocido localmente como Yaku- provocó lluvias inusuales en una zona normalmente con escasas lluvias.
“Si bien el riego es un factor importante de dispersión de la enfermedad, las lluvias intensas de un fenómeno meteorológico de magnitud, en una zona en la que no llueve frecuentemente, hizo que cualquier acción que ejecutaremos perdiera relevancia”.
Carlos Torres, especialista en análisis de riesgo y vigilancia fitosanitaria del Senasa de Perú.
El resultado fue un salto en los registros de la enfermedad y la pérdida progresiva de áreas productivas que, en muchos casos, quedaron abandonadas porque el banano ya no puede cultivarse en suelos contaminados. “Ya no se puede producir en esas parcelas”, advirtió el especialista.
Estructura difícil de controlar, similitudes y diferencias con Ecuador
El contexto productivo de Perú también ha complicado la contención del hongo. En la zona afectada predominan pequeños agricultores con parcelas de entre 0,5 y 1 hectárea, entre los que imperó el desorden, con bajos niveles de bioseguridad y limitados recursos para implementar medidas sanitarias.
Trabajadores, herramientas y material vegetal contaminado con el hondo circularon entre parcelas, facilitando la dispersión del patógeno dentro del valle, según el análisis de Senasa.
La entidad desplegó 115 profesionales dedicados a la vigilancia del Fusarium, instaló puestos de controles para desinfectar vehículos y prohibió el traslado de material vegetal desde las zonas en cuarentena. El presupuesto estatal peruano destinado a esta emergencia alcanza USD 1,5 millones anuales, exclusivamente para la vigilancia y control del R4T.
La zona cero del brote en Ecuador es de medianos productores bananeros, con de 20 a 100 hectáreas de cultivos, que ante la amenaza de la plaga colocan cal en los ingresos a las fincas o desinfectan calzado y las ruedas de vehículos con amonio cuaternario, lo que marca una diferencia con Perú.
Pero a diferencia de las peruanas, las zonas bananeras ecuatorianas del primer brote están expuestas a inundaciones y temporadas de lluvias intensas todos los años, que pueden transportar el hongo río abajo o entre fincas a través de drenajes, sistemas de riego y esteros.

El agua como un vector crítico
El caso peruano subraya un factor que también preocupa en Ecuador: el papel de las lluvias y las inundaciones en la dispersión del hongo.
El Fusarium se propaga a través de partículas de suelo contaminado que pueden adherirse a botas, herramientas o vehículos, pero también puede viajar en corrientes de agua de riego o inundaciones. Por eso el repunte de la enfermedad en Piura coincidió con las lluvias excepcionales de 2023.
Ese antecedente resuena en El Oro, donde productores denunciaron recientemente que las lluvias de finales de febrero inundaron la finca donde se detectó el primer brote ecuatoriano y provocaron el desborde del área de cuarentena, según testimonios recogidos por PRIMICIAS y por el gremio bananero.
La Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario (Agrocalidad) aseguró que el foco en El Oro permanece bajo control, aunque reconoció que las precipitaciones obligaron a reforzar muros de contención, limpiar canales y fortalecer barreras físicas en el área. La entidad recomendó a los productores no utilizar para riego el agua del estero Medina, que suele inundar a la finca afectada, ni de sus afluentes cercanos tras las más intensas lluvias. Hay 88 plantaciones en eventual riesgo.
En Perú, por ejemplo, se aplica la eliminación selectiva de las plantas infectadas y de filas cercanas, una medida que en climas secos ha demostrado que puede contener el brote y limitar daños en el resto de la finca. Pero en zonas de lluvias intensas el agua puede arrastrar el patógeno a otras áreas de la hacienda, según advierten los análisis de Senasa.

Un riesgo regional
- El Fusarium R4T es considerado una de las enfermedades más devastadoras de los cultivos de banano y plátano verde.
- El hongo invade el sistema vascular de la planta, bloquea el transporte de agua y nutrientes y provoca una marchitez y muerte irreversible. Además, puede permanecer en el suelo durante décadas, según la FAO, lo que hace prácticamente imposible recuperar las parcelas contaminadas.
- En la zona infectada de Perú les preocupa más el plátano. En Ecuador, el riesgo es particularmente alto por la importancia económica del sector bananero. Las musáceas ocupan más de 340.000 hectáreas en el país, y las exportaciones de banano superaron los USD 4.000 millones en 2025, equivalentes al 13% de las exportaciones no petroleras.
- Ecuador lidera el comercio mundial de banano y exporta más del 70% de su producción, lo que convierte a cualquier brote del hongo en un asunto de seguridad económica, alimentaria y agrícola.
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