Hacer fila para tomar un café con la historia: un recorrido por el mito del Café de Flore, la 'oficina' de la vanguardia parisina
Figuras como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir o Pablo Picasso convirtieron una cafetería en el mito vivo en el que —con la literatura, el arte y la filosofía— inquietaron a París y al mundo entero.

El histórico Café de Flore en el bulevar Saint Germain de París, Francia.
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Randy Nieves / Primicias
Autor:
Randy Nieves-Ruiz
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PARÍS. Hay rincones de París donde el tiempo no se mide en minutos, sino en tazas de café y capítulos de la historia, y allí cientos de viajeros hacen fila diariamente para ocupar los mismos asientos rojos donde Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Pablo Picasso transformaron un sencillo local en el templo definitivo de la cultura parisina.
En la esquina del bulevar Saint-Germain y la calle St. Benoît, la fachada cubierta de follaje y las letras blancas y verdes del Café de Flore no son simplemente la entrada a una cafetería: son el pórtico de un mito urbano.
Cada día cientos de personas hacen fila pacientemente frente a sus famosos toldos con un solo propósito: ocupar, aunque sea por una hora, el plató donde la filosofía, la literatura, la moda y el cine de los últimos dos siglos decidieron encontrarse.
Los orígenes: Del bulevar Saint-Germain a sala de redacción del surrealismo

La historia del Café de Flore comienza en 1887 y debe su nombre a una estatua de Flora, la diosa de las flores y la primavera de la mitología romana, que estaba ubicada al otro lado del bulevar.
Lo que empezó como un establecimiento de barrio pronto atrajo a las mentes más audaces de Francia.
Hacia 1913, el poeta francés Guillaume Apollinaire, quien le puso su nombre al movimiento artístico del "surrealismo", convirtió la planta baja del Flore en la sala de redacción de su revista literaria y cultural "Les Soirées de Paris" ("Las noches de París") y también utilizó el espacio como oficina personal.
Desde entonces, el local quedó vinculado definitivamente al mundo cultural y literario parisino.
Durante los años treinta, intelectuales, pintores, editores y cineastas se cruzan en el Flore y se conocen. Dos de los asiduos al café son los revolucionarios comunistas León Trotski y Zhou Enlai, uno de los fundadores de la República Popular China.
La era existencialista: La casa de Sartre, Beauvoir y Picasso

Y calentados por la gran estufa ubicada en el medio del local, hacia 1939 una de las parejas de intelectuales más prominentes del siglo XX, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, convirtieron al Flore en prácticamente la sala de su hogar.
"Nos instalamos allí por completo: Desde las nueve de la mañana hasta el mediodía trabajábamos. Salíamos a comer, a las dos volvíamos y charlábamos con los amigos que encontrábamos hasta las ocho. Después de cenar, recibíamos a las personas con las que habíamos quedado. Puede parecer extraño, pero en el Flore nos sentíamos como en casa".
Jean-Paul Sartre
Junto a ellos, pintores como Pablo Picasso y Alberto Giacometti, o pensadores y escritores como Albert Camus, consolidaron al Flore como un territorio de libertad creativa donde, según el propio Sartre, sus caminos —los del Café— eran los verdaderos caminos de la libertad.
De la Nueva Ola a Hollywood: El imán de la moda y el cine

Con la llegada de la posguerra y las décadas siguientes, el espíritu libre del café conquistó al mundo del cine y la alta moda.
En los años sesenta, la Nueva Ola adoptó el Flore como su salón principal: figuras como Brigitte Bardot, Alain Delon, Roman Polanski y Jane Fonda frecuentaban su terraza, mientras que diseñadores legendarios como Yves Saint Laurent, Karl Lagerfeld, Hubert de Givenchy y Paco Rabanne se mezclaban con las modelos más cotizadas de la época.
Con el paso de los años, esa aura atrajo a la élite de Hollywood y a la literatura universal.
Tras la publicación de "El Alquimista" en 1988, Paulo Coelho convirtió el café en su punto de encuentro habitual, compartiendo espacio conceptual con directores y actores como Francis Ford Coppola, Quentin Tarantino, Robert De Niro, Al Pacino, Johnny Depp y Sharon Stone, quienes han perpetuado el mito de ver y dejarse ver bajo sus lámparas Art Déco.
A Sharon Stone, dicen los dueños del Flore, la gusta tomar champán en el lugar. El pasatiempo preferido de De Niro es sentarse a observar a la gente durante largo rato por las mañanas. Coppola ha visitado el café con su hija Sofía y públicamente dijo que le gustaría vivir en Saint Germain para desayunar siempre en el Flore.
Al Pacino, Tim Burton, Matt Dillon, Harvey Keitel y Gary Oldman también lo frecuentan.
La verdadera importancia del Café de Flore radica en haber sido la oficina improvisada y el salón de debate de la vanguardia cultural e intelectual del siglo XX.
Hoy en día, turistas y asiduos frecuentan el local buscando evocar esos momentos y, cómo no, esperando tropezarse con alguno de esos famosos en la terraza o en el salón de madera oscura, espejos y asientos rojos.
Códigos, precios y rituales: Cómo consumir en el Flore

Los precios del café están a la altura de esas expectativas y no son para quienes viajan con un presupuesto apretado.
Un café expreso cuesta 5.50 euros (USD 6,25), un expreso doble 9 y un capuccino 9.50. (USD 10,85) Pero pedir simplemente "un café" es para principiantes, dicen los dueños del local. Los asiduos piden un "café pot", servido en una jarra de porcelana con bandeja.
Un agua con gas cuesta 7 euros, un refresco 8.50 euros y una limonada natural 10, pero los verdaderos conocedores piden vino, pero no simplemente "vino", sino una copa de Ladoucette, el célebre vino de la casa.
Haciendo honor a su historia, el Café de Flore otorga todos los años un premio literario dotado de 6.150 euros (USD 7.000), una copa grabada con el nombre del ganador y una copa de Ladoucette diaria gratis durante un año.
En cuanto a la comida, en el Flore no se piden papas fritas como en cualquier otro café de París, el café solo sirve papitas fritas tipo chips, y para un almuerzo contundente, el plato de culto es el welsh rarebit, una tostada horneada con cerveza y queso cheddar inundada en salsa inglesa.
El desayuno tradicional —y dicen que los famosos van al desayuno, los turistas al almuerzo y los fines de semana— son huevos a la copa con tiras de pan tostado.
También están altamente recomendados los omelettes y el espeso y suculento chocolate caliente, servido con crema batida aparte.
Un museo vivo en la orilla izquierda del Sena

El Café de Flore funciona como un museo vivo en el corazón de la orilla izquierda del río Sena. Visitar este rincón es rendir tributo a su fascinante historia y participar en un ritual que se mantiene intacto con el paso de las décadas: pedir una bebida, acomodarse en sus banquetas rojas y disfrutar del clásico arte parisino de ver y dejarse ver.
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