El estrés cotidiano también pasa factura: cómo aprender a descansar de verdad
Dormir ocho horas no siempre significa despertar descansado. En el Día Mundial de la Relajación, preguntémonos qué puede estar detrás del cansancio: el estrés, la dificultad para desconectarnos y ciertos hábitos de nuestra rutina.

Persona despúes del trabajo.
- Foto
drobotdean, Magnific
Autor:
Redacción Comercial
Actualizada:
Compartir:
El estrés puede aparecer ante situaciones tan comunes como una jornada extensa, un conflicto, las preocupaciones económicas o una carga de trabajo excesiva. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando es intenso puede dificultar la relajación y la concentración, además de provocar irritabilidad, dolores de cabeza, malestar gastrointestinal, alteraciones del apetito y problemas para conciliar el sueño.
En la rutina, algunos hábitos pueden pasar inadvertidos y terminar afectando el descanso. Si forman parte de tu día a día, ¿cuánto te está costando no desconectarte?
Dormir bien también requiere preparar el descanso
Los adultos necesitan al menos siete horas de sueño por noche, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Para favorecer un descanso adecuado, el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos (NHLBI) recomienda mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana, y dedicar la hora previa a acostarse a actividades tranquilas.
También aconseja mantener el dormitorio silencioso, fresco y oscuro, y evitar la cafeína, la nicotina y el alcohol cerca de la hora de acostarse. Dedicar esos minutos previos a actividades tranquilas puede ayudar a relajarse y marcar la transición entre la jornada y el descanso.
La pausa que necesitas depende del tipo de cansancio
Para el cansancio mental, técnicas como la respiración lenta y profunda o la relajación muscular progresiva, que consiste en contraer y soltar de forma gradual distintos grupos musculares, pueden favorecer un estado de calma. El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de Estados Unidos (NCCIH) señala que estas prácticas pueden disminuir la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
Si predomina el estrés emocional, hablar con familiares, amigos o personas de confianza puede ayudar a afrontar las preocupaciones. Por otra parte, ante una sobrecarga de estímulos, reducir por un momento el ruido, las notificaciones y las pantallas puede facilitar una pausa y ayudar a bajar el ritmo.
Cuando esta situación resulta difícil de controlar o empieza a afectar la vida cotidiana, el trabajo, los estudios o el sueño, la OMS recomienda buscar apoyo de un profesional de la salud.
Compartir:
