Insólito: Preso político liberado en Venezuela halló su casa tomada por el policía que lo arrestó
José Breijo tenía que cumplir arresto domiciliario en su apartamento pero tuvo que dormir en el pasillo varios días pidiendo que desalojaran la propiedad ocupada por el policía que decía ser el dueño.

El preso político uruguayo-venezolano José Breijo, de 73 años, en su apartamento en Caracas, Venezuela, el 27 de mayo de 2026.
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EFE
Autor:
Redacción Primicias / Agencias
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José Breijo, un hombre de 70 años de edad que salió de la cárcel la semana pasada por la amnistía a presos políticos en Venezuela, regresó a su apartamento esta semana pero lo encontró ocupado por el policía que lo detuvo y tuvo que dormir en el pasillo del edificio varios días hasta que lo recuperó este miércoles 27 de mayo.
Su caso, sin embargo, no es único: En Venezuela, presos políticos y sus familiares han sufrido el saqueo o la confiscación de sus viviendas por parte de las autoridades durante su encarcelamiento o exilio.
Breijo, quien es ciudadano uruguayo-venezolano, fue excarcelado la semana pasada en el marco de la amnistía impulsada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, bajo presión de Washington tras la captura de Nicolás Maduro.
Se le ordenó cumplir arresto domiciliario, pero cuando llegó al edificio donde residía en Caracas el pasado fin de semana no pudo ingresar a su apartamento porque estaba ocupado por el policía que lo detuvo en 2023.
Tuvo que dormir en el pasillo del edificio hasta el miércoles 27 de mayo, cuando por fin recuperó la vivienda sin ningún tipo de mobiliario.
"Los peores calabozos"

El hombre, un exadministrador hotelero, fue detenido en 2023 luego de intentar vender una foto que le había tomado a las oficinas de un supuesto grupo islamista en Caracas, tras el estallido de la guerra entre Israel y Hamás.
La persona que supuestamente le compraría la foto lo citó en una panadería. "Pedimos un café y la persona que vino a entrevistarse me preguntó qué es lo que tenía. Le dije que tenía una foto, se la mostré y luego me puso las esposas", describió.
"Ahí empezó mi karma, en los peores calabozos, donde reina la droga".
Explicó que entonces necesitaba USD 1.500 para un cateterismo y pensó que podía vender la imagen para pagar la cirugía.
Pero, de acuerdo a su propio relato, acabó imputado por terrorismo, un delito que ha sido usado contra venezolanos y extranjeros para encarcelarlos.
"Él mismo me detuvo", reiteró Breijo sobre el policía, quien dijo ser propietario del apartamento y pretendía mudarse la próxima semana.
"No quiero caer en el terreno de la confrontación. Yo necesito un lugar para estar, cocinar, ir al baño, vivir".
José Breijo
Gracias a la presión ciudadana, Breijo, quien se mantiene con ayuda de sus vecinos, recuperó este miércoles el apartamento que fue su hogar por más de 20 años.
El policía cedió y desalojó el lugar en la madrugada.
Por la mañana, Breijo abandonó el colchón y los pocos recipientes en los que arrojaba sus desperdicios, para entrar a su casa, donde encontró un panorama desolador.
En la vivienda solo hay una mesa, un mueble, una nevera, todas pertenecientes al funcionario policial que invadió su hogar, y la cama donada por sus vecinos.
"Aquí no hay nada mío"

"Aquí no hay nada mío (...) el apartamento vacío por completo”, cuenta sentado sobre un viejo sillón. "Nada de esto es mío", dice, mostrando los pocos muebles que dejó el policía.
Oriundo de Uruguay, Breijo llegó a Venezuela en 1979 para trabajar como cocinero en un lujoso hotel de Caracas. Se casó con una venezolana y decidió quedarse en el país.
Eulise Villarroel, dirigente vecinal, denunció la situación de desalojo ante la Fiscalía, que no respondió, y ante la Defensoría del Pueblo, cuya encargada visitó a Breijo poco después de que recuperó su hogar.
Breijo dijo que se comunicó también con la embajada de Uruguay y logró una visita la víspera de un cónsul que ayudó a gestionar la recuperación de la vivienda.
En prisión le diagnosticaron un edema doble pulmonar, una condición crítica que surge por exceso de líquido en los pulmones y pone en riesgo su vida, razón por la que ahora está hospitalizado.
Los presos o exiliados políticos denuncian las confiscaciones arbitrarias.
Magali Meda, mano derecha de la líder opositora María Corina Machado, denunció desde el exilio que "16 hombres armados" ingresaron a su casa y tras varias horas en el inmueble dejaron en la puerta carteles de "asegurado" e "incautado".
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