66 tiroteos en Bruselas en lo que va de 2026: en la capital de Bélgica hay ira por la inacción ante el creciente poder del narcotráfico
Los tiroteos entre bandas rivales que se disputan territorios de Bruselas —estratégica capital de un país clave para la distribución de la droga en Europa— se han vuelto cotidianos. Una carta abierta de una asociación, que agrupa a colectivos ciudadanos, reclamó más acciones ante el “síntoma de una creciente pérdida del control” de la seguridad y de planes oficiales que no dan resultados.

Impactos de bala tras uno de los últimos tiroteos registrados los pasados días en Bruselas.
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Olivier Matthys (EFE) - Contenido exclusivo de El País
Autor:
Silvia Ayuso
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Las nuevas balas huelen a pólvora vieja en Bruselas, una ciudad que, en los últimos años, ha sufrido múltiples tiroteos ligados a bandas de narcotraficantes que se disputan una ciudad clave en un país estratégico para la distribución de la droga en toda Europa. Pero la última oleada de incidentes armados —hasta siete tiroteos en apenas una semana, uno de ellos contra una comisaría capitalina— ha hecho brotar una ira ciudadana muy fresca ante una clase política a la que acusan de inacción, mientras esta anda enzarzada en acusaciones mutuas sobre quién es responsable de la insostenible situación (en eso sí que coinciden todos).
Eso sí, todo ello sin que nadie, tras numerosos planes de seguridad reforzada visiblemente insuficientes, parezca saber cómo frenar esta violencia en la que es también la capital de la Unión Europea. Pese a los refuerzos policiales y los planes para vigilar mejor las zonas más sensibles lanzados el año pasado, en lo que va de 2026 en Bruselas se han registrado al menos 66 tiroteos, en los que 25 personas han resultado heridas y otras dos han fallecido, una de ellas el mes pasado, según un recuento del diario Le Soir en base a datos policiales y reportes de prensa. Si sigue el ritmo de incidentes armados, señala el rotativo, la capital belga podría acabar el año repitiendo el centenar de tiroteos que se contabilizaron en 2025, considerado un sórdido año récord, con ocho muertos y 43 heridos.
Los agujeros provocados por balas de gran calibre en el suelo de una popular plaza de la céntrica comuna de Saint Gilles —la agencia Belga dice haber contado hasta 18 impactos— dan cuenta de la potencial magnitud de una tragedia que al final solo quedó en un susto cuando, en la noche del lunes, un desconocido armado con un fusil automático abrió fuego de forma indiscriminada antes de desaparecer. La terraza de una pizzería aledaña sirvió de refugio improvisado a varias de las personas sorprendidas por el ataque, que no dejó heridos, aunque sí una fuerte impresión —hasta el alcalde de Saint Gilles, el socialista Jean Spinette, dijo haber escuchado los disparos desde su casa— en un barrio harto de este tipo de incidentes, ligados a disputas entre bandas rivales que se disputan el territorio de un lucrativo menudeo de droga.
Sobre todo porque el de la noche del lunes no fue más que el último —por ahora— de una larga serie de incidentes armados en esta comuna, tres de ellos en apenas 48 horas. Solo unas horas antes, en la misma plaza de Saint Gilles, una persona resultó herida en otro tiroteo en la madrugada del lunes. Una de las balas perdidas acabó en el dormitorio de una vecina. Ya el año pasado, las autoridades locales denunciaron varios tiroteos que dejaron sendos rastros de balas en varias viviendas y hasta en una escuela local.
En un nuevo fin de semana negro, en los pasados días también se registraron tiroteos en otras partes de la ciudad consideradas hotspots, centros de menudeo, y hasta en una comisaría de la comuna de Anderlecht, que aunque solo dejó daños materiales provocó una fuerte conmoción política.
“Ante tales actos de intimidación, nunca renunciamos a nuestra determinación de luchar firmemente contra el crimen organizado y el tráfico de drogas, ¡al contrario!”, prometió el ministro de Interior belga, Bernard Quintin, quien la víspera también visitó la plaza de Saint-Gilles protagonista de los últimos incidentes y abrió la puerta a enviar más refuerzos policiales, como le reclaman las autoridades locales.
El ministro presidente de Bruselas, Boris Dilliès, convocó el miércoles una reunión de emergencia para buscar nuevas soluciones en la que participaron los principales responsables locales y nacionales, entre ellos Quintin, así como el fiscal del Rey, Julien Moinil —quien tras asumir su puesto el año pasado declaró su intención de “restablecer el orden en una ciudad gangrenada por la criminalidad, con metástasis extendiéndose por todas partes”—, la comisaria nacional de drogas, Ine Van Wymersch, y representantes de las zonas policiales afectadas, entre otros.
Según adelanta Le Soir, el objetivo es “reforzar los recursos humanos y materiales sobre el terreno” y “garantizar una coordinación más sólida a largo plazo”. El máximo responsable de la región de Bruselas también asegura haber desbloqueado en las pasadas semanas un presupuesto de 68 millones de euros dedicado a la seguridad y la prevención, y que se está en pleno proceso de reclutamiento de un comisario regional de drogas. La capital también prohibirá, a partir de 2027, la circulación de los patinetes eléctricos compartidos, que en muchas ocasiones son usados por los autores de los tiroteos para huir.
Unas promesas que no parecen calmar los ánimos. El hartazgo ciudadano se ha reflejado en una carta abierta publicada también este miércoles en nombre del Veertig Comités, los Cuarenta Comités, una asociación que agrupa a numerosos colectivos capitalinos ciudadanos y que reclama más acciones concretas. Porque los tiroteos no son ya, subrayan, incidentes aislados, sino el “síntoma de una creciente pérdida del control” de la seguridad por parte de las autoridades tanto en la capital como en toda Bélgica.
Según destaca el canal VRT, en la misiva, los firmantes recuerdan que hace años que policías, magistrados, alcaldes, organizaciones y ciudadanos advierten de la creciente influencia de las redes criminales. Pese a lo cual, agregan, a menudo todo se queda en “elaborar planes, hacer anuncios, organizar reuniones, crear grupos de trabajo combinados con el eterno traspaso de responsabilidades”.
Para los colectivos ciudadanos, el riesgo es evidente: “Los tiroteos se suceden con tanta frecuencia que están a punto de convertirse en un símbolo de Bruselas, igual que el Manneken Pis o la Grand Place”, advierten.
Contenido publicado el 26 de agosto de 2026 en El País ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.
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