Cinco películas que definen la calidad de este 2019

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

26 Dic 2019 - 0:05

Fotograma de 'Parasite', de Bong Joon-ho - Foto: C J Entertainment

Cinco películas que definen la calidad de este 2019

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

26 Dic 2019 - 0:05

En el terreno del cine, 2019 ha entregado filmes importantes e inolvidables. Acá una lista de cinco de esas películas que si no las ha visto, está obligado a verlas antes de que se acabe el año.

Más allá de las películas más vistas y de los ratos láser, superhéroes y naves espaciales, hay otros filmes que pueden ser requisito para comprender la importancia de este 2019 en el desarrollo del llamado “séptimo arte”.

Aquí, una lista de cinco de esas películas que hay que ver para descubrir estas joyas del año que se termina.

 

Parasite: el divertimento que da paso a otra cosa

Lo de Bong Joon-ho es un juego que remite, casi sin pensarlo, al Buñuel de Viridiana. Y esto no se puede entender como algo en contra, sino como el mejor de los elogios.

Todo porque toma la idea de personas con problemas económicos en Corea del Sur que, con engaños y adulteración de documentos, comienzan a vivir una vida siendo quienes no son y aprovechándola al máximo. Esto va a generar una serie de consecuencias, que tendrán un final soberbio.

Bong Joon-ho no necesita demostrar nunca más que es un gran cineasta. Ya no.

A esta altura del partido, con su magnífica filmografía —donde hay comedia, distopías, fantasía y ciencia ficción— lo que queda claro es que él sabe lo que quiere transmitir con sus filmes y consigue hacerlo.

En Parasite no hay desperdicio en ningún minuto. Hay una perfección que se agradece. No en vano ganó la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes de este año por unanimidad. Si 2019 debe tener el rostro de una película, debe ser esta.

 

Ad Astra: en el espacio, el horror son los padres

James Gray es un cineasta que decidió, para su última película, aventurarse en algo similar a lo que hizo Christopher Nolan en Interstellar. Pero donde Nolan consiguió reconocimiento mundial y cariño de la gente que va a las salas de cine —y que asume al director de Inception como el punto más alto del cine de Hollywood—, Gray va más allá.

En Ad Astra el silencio del espacio puede ser el lugar en el que se cultive todo tipo de dolor y resentimiento. En el espacio, toda tragedia —hasta la más pequeña— se maximiza.

El personaje que interpreta Brad Pitt —el mayor Roy McBride— es requerido para que forme parte de una misión que le revela que su padre, Clifford McBride —un héroe de la conquista espacial— está vivo y no perdido como se consideró por más de 25 años.

Y, sobre todo, está realizando unas acciones en su nave —ubicada cerca de Neptuno— que podrían poner en riesgo a todo el universo.

Una película sobre el espacio es también un filme sobre lo que hay adentro. Y Pitt interpreta a alguien que es capaz de actuar en las situaciones más riesgosas, pero que es incapaz de actuar en función de sus deseos y necesidades.

Brad Pitt es un gran actor y bajo la batuta de Gray lo demuestra.

 

La Mala Noche: el filme ecuatoriano que hace rato se necesitaba

Gabriela Calvache escribió el guion y dirigió esta película que, en clave de thriller, muestra parte del terrible negocio de la trata de personas y el sufrimiento de quienes están en él.

Calvache no apuesta por recorrer el terreno de lo moral o de lo pasional. En realidad no hay manera de juzgar a su personaje central, Dana —interpretada por  Nöelle Schönwald—, sino que el espectador atestigua sus puntos bajos, sus aspiraciones y sus luchas.

Dana conmueve y construye tal relación con quien ve la película que cuando aparece el tercer acto —el de las armas y las secuencias de acción—, a pesar de las cartas echadas, golpea.

Se quiere que salga todo bien pero, al mismo tiempo, se sabe que no pasará de esa manera.

Calvache ofrece un filme redondo, profundo y perturbador. Una película bien armada, sin elementos que sobren. Ese tipo de película que se espera cuando se escucha la etiqueta de “cine ecuatoriano”.

 

The dead don’t die: el nihilismo llega a los filmes de zombis

Jim Jarmusch ya se metió con los vampiros en la hermosa Only lovers left alive. Ahora, con un carácter más de sátira y con un elenco coral —encabezado por Bill Murray, Tilda Swinton y Adam Driver— se mete en el terreno de los zombis.

Y empieza el apocalipsis, que se vivirá en un pueblo llamado Centerville.

En este sitio, los muertos no mueren. Regresarán a alimentarse de los vivos y a recorrer las cosas que más hacían cuando estaban vivos. Un simple recordatorio mecánico sin sentido. Jarmusch no deja de ser político, hasta en estas circunstancias plagadas de ridículo. Los muertos parecen vivos, conectados a los smartphones y repitiendo esas cosas que si sentido hacían, mientras vivían.

Quizá el desenlace anticlimático —con un marcado sentido de romper la cuarta pared, para reforzar el sentido absurdo— no sea del agrado de muchos.

Pero, de eso se trata al hablar de los filmes de Jarmusch: no son lo que queremos, ni lo que esperamos. Es lo que él ofrece y lo que se agradece.

 

Transit: cuando escapar es imposible

Si bien su estreno en Alemania fue en 2018, Transit, de Christian Petzold, se pudo ver en el resto del mundo este 2019.

Y sí, llegó a Ecuador también. Lo cual nos dice que se debe estar atentos a la cartelera en las diversas salas que hay en la ciudad y en el país para que eventos tan impresionantes, como esta película, no pasen desapercibidos.

Transit es un drama. En realidad es un poderoso drama, en el que Petzold recurre a un gesto importante: actualiza la trama que originalmente hablaba de la Segunda Guerra Mundial en la que un hombre abandona su país, ocupado por Alemania y, por una situación enteramente aleatoria, toma la identidad de un escritor que se ha suicidado. Al colocarla en este tiempo, la dota de un poder indescriptible.

Petzold ya no habla de la historia, sino del mundo de ahora. De los migrantes, de esa imposibilidad de moverse y del peligro de estar en un lugar donde no se lo quiere.

El resultado de esta tragedia —que involucra a la viuda del escritor— es fuerte. No es abrupto, pero sí es desolador. No se trata de finales felices o tristes, se trata de realidad que no se pueden negar y que determinan la ficción.

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