Lo que Nina Simone y Kurt Cobain dejaron al mundo

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

26 Feb - 0:05

Nina Simone con su lucha por los derechos civiles y Kurt Cobain abanderando el feminismo: dos gigantes que habrían cumplido 87 años, ella, y 53, él. - Foto: PRIMICIAS

Lo que Nina Simone y Kurt Cobain dejaron al mundo

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

26 Feb - 0:05

Dos grandes músicos, en distintos géneros y épocas, pero con luchas distintas. Como celebración a lo que habría sido un año más de vida de ambos, un repaso por su importancia.

Nina Simone como una anomalía. Kurt Cobain, también.

Ella, pianista clásica, luchó por los derechos civiles de la comunidad afro a la que ella pertenecía, con temas en los que la posición de mujer iracunda generaba la intensidad requerida. Política y canciones geniales en un solo paquete.

Él supo conjugar, en una voz que sonaba a angustia, la necesidad de hablar por la comunidad LGBTI y a favor de la presencia de más mujeres en terrenos destinados solo para hombres.

Para Simone se trataba de entender que lo que hacía tenía una “misión más importante que la búsqueda de la excelencia de la música clásica”. Ella estaba en contra de la protesta pacífica de Martin Luther King y llegó a decir varias veces que el camino eran las armas.

Para Cobain era una pesadilla hacer música que resultara importante para la gente que le hizo la vida imposible mientras estaba en el colegio -los populares, los atletas, la gente cool-. Buscaba en sus composiciones maneras de dejarlo en claro. En In bloom canta:

“Él es el tipo al que le gustan nuestras bonitas canciones / y le gusta cantarlas mientras las escucha / y le gusta disparar su arma / pero él no sabe lo que quiere decir esto“.

Nina Simone habría cumplido 87 años el pasado 21 de febrero. Kurt Cobain, en cambio, 53, el 20 de febrero.

Están en dos épocas distintas, géneros distantes, pero siempre desde la lucha. Su obra no ha dejado de tener impacto en el mundo, en un terreno que ellos han ayudado a redefinir.

Música como reacción a la violencia

Nina Simone fue el nombre artístico de Eunice Kathleen Waymon. Y no solo era capaz de tocar el piano como si esa fuera la definición posible de belleza. Su voz era un vehículo perfecto de emociones y ella lo sabía.

Voz y teclas blancas y negras a la misma altura.

En los años 60, en medio de asesinatos de líderes a favor de la igualdad civil en Estados Unidos, así como de ataques terroristas de supremacistas blancos, Nina Simone encontró en la música la forma precisa para mostrar las ganas de quemar el mundo, por encima del miedo y el abandono.

En 1964, en su primer disco para Phillips Records, empezó un camino feroz.

Es ahí, en ese álbum en vivo que ella estrena el tema que compuso, Mississippi Goddam, donde, con la paradoja musical de que los sonidos suenan como si fuera una fiesta, ella lanza su ira:

“Perros sabuesos siguen mi rastro / los niños escolares sentados en cárceles / un gato negro cruza mi camino / Creo que cada día será mi último”.

Nina Simone le dice a Jim Crow esa representación de las personas afro en Estados Unidos que se trasladó luego a una serie de normas que dieron valor legal a la segregación racial en ese país- que las cosas ya no son como pensaba, que los tiempos han cambiado.

También hay festejo ahí. En esos sonidos. Algo que se trasladaba a los conciertos que ella daba y que usaba como plataforma para mostrarse a favor de los derechos civiles.

Cuando hablaba, su voz era también un manantial de grandes sonidos. La profundidad y vehemencia en su tono se filtraba siempre a sus canciones.

En To Be Young, Gifted & Black -que también ella coescribió- hace un homenaje a Lorraine Hansberry, la primera escritora afro en tener una obra en Broadway. Se trata del orgullo sobre quien se es y sobre la esperanza alrededor del futuro. La clave sigue siendo la celebración.

“Joven, genial y negra / debemos empezar a decirle a nuestros jóvenes / que hay un mundo esperándolos / esta es una misión que recién ha empezado”.

El futuro ha sido benevolente con Nina Simone, que falleció en 2003 a causa de un cáncer de seno.

Su militancia no le dio toda la fama necesaria en su momento, pero en la actualidad, decenas de artistas importantes cantan sus canciones o utilizan sampleos de sus temas, como un guiño y un gesto a una artista que supo anticipar la obligación de hablar sobre temas complejos en estructuras que casi se podían bailar. Rap previo al rap. Hip-hop dos décadas antes.

Nina Simone es fuerza pura. Genios de la música afro en Estados Unidos, como Jay Z, han usado fragmentos de su canciones, al igual que Kanye West y Lil’ Wayne.

En 2018, ingresó al Rock andl Roll Hall of Fame. La cantante folk Rhiannon Giddens lo celebró con una declaración que recogió Rolling Stone y que brilla con razón:

“Nina Simone fue más rock and roll que un montón de gente que ya ha entrado al Rock and Roll Hall of Fame (…) Si quieres decir que el rock and roll es música de ira, entonces Nina Simone es rock and roll”.

El tipo de la ansiedad y del activismo

Kurt Donald Cobain se disparó a la cabeza en abril de 1994. Una carrera de seis años fue suficiente. Tres discos de estudio y uno recopilación de sus lados B. Nada más.

Todo reventó con su segundo álbum, el poderoso Nevermind, de 1991. Llegó una fama que si bien el grupo buscaba, él no supo asimilar con placer. Es más, la odiaba.

Tenía dinero, podía hacer lo que quería, trabajar con quien sea. Pero no estaba en el sitio que él hubiera querido estar.

Cobain tenía muy claras sus luchas, eso sí. Era muy consciente del lugar del que venía y sentía culpa por lo que le estaba pasando, por abandonar sus raíces.

En entrevistas hablaba en contra de movimientos neonazis enquistados en el terreno del punk. También fue de los primeros músicos importantes en hablar a favor de la comunidad LGBTI y de manifestarse como aliado feminista, años antes de que esto se pudiera considerar -erróneamente- una moda.

Él supo conectar con una generación que se sentía como él. Pero, más allá de eso, consiguió hacerlo con música que le debía tanto al punk y al hardcore, como al pop de The Beatles. El principal problema de Kurt fue esa genialidad innata para hacer esos himnos monumentales.

Eso para lo que era bueno, fue un peso para él.

En su adolescencia, pintó graffitis en su Aberdeen natal en los que se leía la leyenda “Dios es gay”. Detestaba a los homofóbicos -como lo dejó en claro en sus diarios-. Buscaba siempre hablar con fanzines o revistas no tan importantes en el mercado.

Hay una gran nota que apareció en 1993, en The Advocate -revista de la comunidad LGBTI en Estados Unidos- donde Cobain se abre hasta con dulzura sobre sus pasiones y defensas a grupos rechazados. La entrevista no pudo tener un mejor título: Soy gay en espíritu.

Cuando su hermana menor, Kim, decidió contarle a su madre y a Kurt que era lesbiana, fue él quien la apoyó sin pensarlo. El tema de Nirvana, Been a son, se enfoca en cómo la presión social y cultural no la dejaba a ser feliz:

“Ella debió morir cuando nació / ella debió usar una corona de espinas / ella debió ser un hijo”.

Lo de él era activismo.

Estaba muy consciente de la gente que iba a verlos a los shows y compraba sus discos. Los escuchaba, los veía, entendía lo que representaban y no soportaba tenerlos ahí.

Esto lo dejó en claro en las líneas que escribió y que acompañaron el lanzamiento del disco recopilatorio Incesticide, de 1992:

“Si alguno de ustedes, de cualquier manera, odia a homosexuales, a gente de distinto color o a mujeres, por favor, háganos un favor: ¡déjennos en paz! No venga a nuestros shows y no compre nuestros discos”.

En su último álbum el In Utero, de 1993, se puede leer algo similar:

“Si usted es sexista, racista, homofóbico o básicamente un idiota, no compre este CD. No me importa que usted me quiera, yo lo odio”.

Nirvana incluso se manifestó públicamente contra una propuesta de legislación en Oregon que, en 1992, buscaba eliminar protecciones a favor de la comunidad LGBTI: “La medida 9 va en contra de las tradiciones americanas de respeto mutuo y libertad. Y Nirvana quiere hacer su parte para acabar con el fanatismo y la estrechez de miradas en cualquier sitio”.

También hicieron un concierto benéfico como protesta a esta ley que, finalmente, no se aprobó.

Revisar en retrospectiva la obra de Cobain, genera el reconocimiento de más detalles activistas. En Territorial Pissings, de Nevermind, dice: “Nunca conocí un hombre sabio / de hacerlo, resultaba ser una mujer”.

Cobain entendía la opresión hacia las mujeres y detestaba la pose del macho que abarcaba todo. Su sensibilidad lo hizo estar mucho más cerca de sus compañeras mientras estudiaba y eso le permitió comprender más cosas.

En Mr. Moustache, del primer disco de Nirvana, Cobain muestra ese rechazo agresivo a la figura masculina: “No me caes bien (…) Maldito seas”.

En una entrevista a SPIN celebró la idea de que el terreno del rock sea un espacio mayor para mujeres, para revitalizarse. Que las mujeres agarren las guitarras y empiecen bandas: “Porque es el único futuro posible para el rock and roll. He tenido una actitud negativa por mucho tiempo, porque el rock and roll estaba exhausto. Pero era ese rock and roll de hombres“.

Decenas de músicos y figuras de otras áreas han celebrado durante mucho tiempo las posiciones de Cobain alrededor de las mujeres y la comunidad LGBTI. RuPaul, la gran estrella del mundo drag, ha hablado con mucha candidez sobre su relación con Kurt y lo que significó para él que una banda tan importante mostrara su apoyo al terreno del drag.

Nirvana incluso apareció cantando un saludo navideño para el programa que RuPaul tenía en 1993.

Este activismo sigue de pie. Incluso cuando Nirvana entró al Rock and Roll Hall of Fame, los miembros sobrevivientes del grupo -Krist Novoselic, Dave Ghrol y Pat Smear- tocaron varias canciones. Y fueron intérpretes femeninas las que reemplazaron a Cobain.

Así, Annie Clarke -St.Vincent-, Joan Jett, Kim Gordon y Lorde cantaron los temas que él hizo.

Algo que, de seguro, Kurt Cobain, habría disfrutado.

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