Ese otro tipo de editoriales

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

3 Jun - 0:05

Publicaciones de Kikuyo Editorial en proceso - Foto: Eduardo Varas

Ese otro tipo de editoriales

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

12 Feb - 13:15

Dos editoriales asentadas en Quito se han movido en un terreno que ha rayado con la ilegalidad: publicar libros de los que no tienen derechos. Esto por una posición en la que más importa el acceso al conocimiento que el derecho autoral o los permisos comerciales.

Las ediciones estaban ahí, escondidas a la vista de todo el mundo, en medio de varios volúmenes en una estantería de una librería en Quito. Pasaban desapercibidos, había que agacharse para verlos. Libros hechos de manera artesanal, ediciones distintas, otro tipo de papel, de portada, libros con manifiestos incluidos, incluso.

El ejemplar de Distancia de rescate, de la argentina Samantha Schweblin, no tenía la misma portada de la edición oficial de Random House, de color rojo y con un pájaro en un trigal, en medio de granadas. No. Era la fotografía de un rostro sonriente de mujer, cortada a la mitad. El logo de la editorial estaba en la parte inferior: Bucks Populi.

—¿Y esto? ¿Otra edición?

Son una gente de aquí, que hace esas ediciones — dijo el librero.

—¿Y cuánto cuesta el libro?

Siete dólares.

El precio de la edición oficial, en librerías más grandes y en cadenas, supera los USD 16. No era muy difícil saber la naturaleza de esa publicación.

En términos prácticos, lo que en su momento hicieron tanto Kikuyo Editorial como Bucks Populi se podría definir como piratería. Cuando ambas editoriales empezaron, entre 2016 y 2017, había una idea de compartir libros y conocimientos que no se encontraban en Ecuador o eran demasiado caros. ¿Los derechos de los autores? Bien, gracias.

Sin embargo, el germen es distinto entre ambas propuestas.


 

La editorial que quiere dejar atrás la piratería

La gente de Bucks Populi, en un inicio, tenía recelo de hacer público su trabajo. “Empezamos en un ámbito de taller, cumpliendo las necesidades de generar material para un grupo de talleristas de Huilo Ruales —dice Melissa Revelo, quien junto a su hermana Jaquira, maneja la editorial—. Yo asistía a los talleres y él nos enviaba textos para tratarlos cada semana, por lo tanto nos acumulamos de textos y hojas sueltas. La idea que salió fue hacer una compilación de esos textos. Eran libros para el grupo, no con un fin comercial”. Poco a poco, esta capacidad de generar estas ediciones significó que la editorial viera la luz porque los mismos talleristas pedían títulos que no conseguían en otros sitios.

Nuestra idea es publicar literatura inencontrable”, eso es lo que Revelo explica —si bien la novela de Schweblin sí se puede encontrar en librerías—. La búsqueda de títulos es por Internet, en formato .pdf, que luego son maquetados, diseñados, impresos de manera digital, y de ahí encolados y plastificados, listos para distribuir. En ocasiones han tenido que transcribir libros que ya no se encuentran, como por ejemplo El ángel de la gasolina, de Huilo Ruales. Los costos varían entre USD 5 y USD 20, dependiendo de la complejidad del libro.

Tienen en su colección 35 títulos. Entre ellos hay libros de Mircea Cărtărescu, Junot Díaz, Patrick Modiano, Herta Müller, J.D. Salinger, entre otros. ¿Derechos para reproducir estos textos y distribuirlos? No. “Este es un trabajo desde la disidencia”, sentencia Revelo.

“Hacemos ediciones cuidadas”, dice Melissa Revelo. Esa idea de cuidado parece traducirse en el cambio de perspectiva. Porque ahora —Bucks Populi también cuenta con el apoyo de una tercera persona, cuyo nombre no quieren revelar— están en un proceso de transición para empezar a publicar libros desde la perspectiva de la legalidad: “Estamos trabajando con un poeta de Machala, Víctor Hugo Maldonado, para sacar su primer libro”, cuenta Revelo.

 

 


Un proyecto que ahora apuesta por licencias Creative Commons

Sixto Machado, la cabeza detrás de Kikuyo Editorial

Sixto Machado, la cabeza detrás de Kikuyo Editorial Eduardo Varas

Kikuyo editorial es el resultado de un trabajo colectivo, que en este momento lidera Sixto Machado, quien con su experiencia previa en Argentina —de donde regresó hace tres años— decidió crear la editorial, con un nombre que viene del pasto más común que crece en esta zona del país, incluso rompiendo veredas para surgir.

Para quienes trabajan en Kikuyo existe una posición ideológica clara sobre lo que hacen:

“Hay dos conceptos que juegan en torno a la evolución humana. El uno es que si evolucionamos por competencia, el otro es que lo hacemos por ayuda mutua. Yo estoy más por el lado de que esta simbiosis que se genera en la naturaleza es lo que habilita la evolución y el progreso. Así que mientras más nos ayudemos, nos acolitemos sin chocarnos, vamos a evolucionar de mil maneras. Los libros, el arte y el conocimiento también se mueven en estos dos conceptos: competir o compartir. De ahí salimos, de esa filosofía y ética de entender al otro no como el límite de mi libertad, sino la catapulta a algo más grande”.

Sixto Machado

Eso ha significado publicar sin derechos seis libros que no se encuentran en ningún lado —Machado asegura que ya no lo hacen, que buscan la transición a otras formas de publicar—. Y además han publicado 12 títulos a través de licencias Creative Commons. Entre los títulos en su línea de textos valiosos y que se deben publicar están libros de Osvaldo Bayer  —Los anarquistas expropiadores—, de Rita Segato —La guerra contra las mujeres—, de José Sbarra —Marc, la sucia rata— o de Masanobu Fukuoka —La revolución de una brizna de paja—, entre otros. Además, se encuentran desarrollando una línea de textos independientes como la historia de Yasunidos, y novelas y poemarios de distintos autores locales y nóveles, también bajo licencias Creative Commons, que permiten compartir la información sin afectar los deseos de ningún creador sobre cómo quiere que circule su obra. En este momento trabajan en una antología del español Rafael Barrett, con Mecánica Giratoria.

Los libros de Kikuyo están hechos con papel reciclable, de caña de azúcar. Los textos se hacen en InDesign, se arma el diseño con colectivos de diseño —incluso las portadas son trabajos de artistas que se numeran por edición. Es decir, no solo se compra un ejemplar, se adquiere una obra numerada— y de ahí se imprimen en “una impresora que es como un Rolls Royce”, dice Sixto. Este equipo fue puesto a disposición para el proyecto por el Laboratorio de Activismo Social.

Así armaron una cooperativa imprentera con varias editoriales. “Todos imprimimos en esta máquina que está en Acción Ecológica”.

De ahí se encuaderna en el taller, donde se dobla, grapa, se encola, se prensa y se ‘entapa’: “Pero ahora queremos pasar al cosido, porque el material es más lindo que la grapa”.

En Argentina, Sixto se ha topado con autores que han visto su trabajo reproducido a la manera que ellos lo hacen: “Me han dicho gracias por circular la palabra, porque mi editorial no me permite vender a menos de 20 dólares y ustedes lo están vendiendo a tres”, recuerda.

Sí hay un lucro, sí. Pero no es el lucro, sirve para pagar la comida y el alquiler”, cuenta. Para Sixto Machado es un tema de perspectivas, no se van a enriquecer haciéndolo, pero tampoco se lo puede ver como militancia: “Este tipo de editoriales hay en varios países y no han tenido problemas y no van a tenerlos. Es muy difícil que te jodan por piratear porque es un objeto de acceso cultural que, si bien es negocio, se agradece su distribución, porque el tema de los lectores está en decadencia en todo lugar”.

Algunas de las publicaciones de Kikuyo Editorial

Algunas de las publicaciones de Kikuyo Editorial Eduardo Varas

 


Las voces en contra y los ‘peros’

En diciembre de 2017, en un artículo duro y crítico publicado en diario El Universo, con el título de Los libros impunes, el escritor Leonardo Valencia condenaba este tipo de publicaciones contando una historia que conoció de primera persona:

“Meses atrás me contaba un escritor ecuatoriano que una editorial quiteña le había manifestado, por intermedio de un conocido, su interés en reeditar una de sus novelas. Al escritor le gustaba la idea y dijo que estaba de acuerdo. Poco después, este mismo escritor encontró su novela reeditada, pero no se le había avisado nada de la publicación, no había firmado contrato, no pudo revisar si había erratas a corregir de la edición anterior y no se le entregó pruebas de imprenta. Cuando me comentó lo que había ocurrido, le dije que debía reclamar de inmediato, que no era posible que un mero contacto ocasional concediera tamaña licencia para reeditar todo un libro sin que el autor ejerciera sus derechos. Una impunidad total”.

Portada de la versión de 'Vita frunis', de Esteban Mayorga, publicada por Bucks Populi.

Portada de la versión de ‘Vita frunis’, de Esteban Mayorga, publicada por Bucks Populi. Cuenta de Facebook de Bucks Populi

El escritor al que hace referencia Valencia es Esteban Mayorga, que en el siguiente audio cuenta la experiencia y sus ideas alrededor de este tipo de editoriales:

Una cosa es liberar el conocimiento —dice la escritora Sandra Araya, quien también maneja su sello editorial Doble Rostro—. Pero otra cosa es no hacerlo bien”. Ella ha revisado los libros de Bucks Populi y es crítica con el proceso de edición, en el que ha encontrado varias erratas, desde palabras mal separadas hasta hasta mal escritas. “No sé qué tan bueno sea eso. Que hagan estos plagios es medio denso, pero deberían hacerlo bien”.

Pero Araya comprende la existencia de este tipo de editoriales. “No hay que satanizarlo todo. Frente a las editoriales grandes, no les van a generar pérdidas, sobre todo porque muchas veces publican libros que están descatalogados”. La autora de La familia del doctor Lehman hace referencia a libros que ha buscado por Internet y que al estar descatalogados se pueden vender a costos ridículamente elevados.

Sixto Machado intenta una forma de congeniar posturas: “Para hablar con la gente que no cree o no comparte lo que hacemos, habría que partir de esos puntos comunes y yo no entraría a una discusión, sino que por el siemple hecho de explicar cómo armar una licencia Creative Commons, para compartir un libro o no, o de qué manera compartilo, podríamos entrar a una serie de conversaciones sobre derechos de autor, precios, accesos o distintas legalidades en los distintos países. Hay un interés compartido entre los dos: ambos tenemos motivaciones culturales y motivaciones económicas porque debemos vivir de algo. Pero deberíamos discutir qué le pertenece a quién”.

¿Qué son las licencias Creative Commons?

Otras formas para compartir conocimiento

¿Qué son las licencias Creative Commons?

Las licencias Creative Commons (CC) son un tipo de licencias públicas que permiten la distribución gratuita de un trabajo que tiene derechos. Ayuda tanto al autor como al usuario a evitar violaciones de derechos autorales, así como deja que el creador defina la forma en que su obra o trabajo se puede compartir; es decir, permite un tipo de flexibilidad en el uso. Hay licencias que aprueban que se use la creación sin fines comerciales, o incluso que se pueda generar nuevo material a partir de ella. El usuario no puede violentar el tipo de permisos que el autor de la obra ha definido.

 

La normativa sobre la protección al derecho autoral

De acuerdo al Código Orgánico de la Economía Social de los Conocimientos, publicado en el Registro Oficial en diciembre de 2016, la protección del derecho de autor queda así:

  • Art.104: “La protección reconocida por el presente Título recae sobre todas las obras literarias, artísticas y científicas, que sean originales y que puedan reproducirse o divulgarse por cualquier forma o medio conocido o por conocerse”.
  • Art 201: “Duración de los derechos patrimoniales.- La duración de la protección de los derechos patrimoniales comprende toda la vida del autor y setenta años después de su muerte“.
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