Plazuela, un pueblo de ancianas que desafía a la soledad y a la vejez

Cultura

Autor:

EFE

Actualizada:

6 Jun - 17:16

Angelina Altamirano, de 76 años, habla con Efe durante una entrevista el 3 de junio de 2019, en el caserío de Plazuela (Ecuador). - Foto: EFE

Plazuela, un pueblo de ancianas que desafía a la soledad y a la vejez

Autor:

EFE

Actualizada:

6 Jun - 17:16

Plazuela es un pequeño pueblo campesino en el corazón del cantón Píllaro, en la provincia de Tungurahua, habitado por una decena de ancianas que se resisten a abandonar esa tierra silenciosa y fría, donde sobrellevan su viudez a fuerza de solidaridad y valentía.

Son mujeres solitarias y alegres que han perdurado en el tiempo y que, ahora, se sienten orgullosas de haber participado en una película sobre sus vidas, “Cuando ellos se fueron”.

La cinta fue dirigida por una de las nietas, la directora ecuatoriana Verónica Haro Abril, cuya cámara intenta romper con el estigma de la vejez femenina.

En este caserío de no más de treinta viviendas, muchas de ellas abandonadas y averiadas, las ancianas tuvieron que aprender a ser valientes, una asignación encargada en el pasado a sus hombres que, por diversas razones, murieron temprano y las dejaron solas.

Sus hijos también emigraron por las crisis, la falta de oportunidades o por buscar una mejor vida, algo que el alcalde de Píllaro, Francisco Yanchatipán, está dispuesto a superar.

Por ello, el alcalde las visita para conversar, aprender de sus vivencias y ayudarlas en esas pequeñas cosas que necesitan.

Ellas no dudan en afirmar que morirán allí, en sus terruños, junto a los pequeños ríos que atenazan al caserío y donde guardan los recuerdos de sus juventudes y de sus adulteces.

María Pallo, de 76 años, añora cuando sus hijos y nietos la van a visitar o cuando acude a la casa de otra de las ancianas que eventualmente está enferma, para atenderla con mimos y aguas de hierbas andinas.

A menudo ellas van a la vecina parroquia de Baquerizo Moreno a practicar las manualidades (bordado y tejido), pero María vuelve a casa para seguir con el cuidado de sus plantas y con la crianza de pollos y cuyes.

Lucrecia Medina, de 84 años, soltera y madre de dos hijos, se levanta de su silla para cantar pasillos y otras melodías del pentagrama nacional; mientras que Anita Velasco, de casi cien, ya olvida muchas cosas, aunque se regocija cuando cuenta sobre su participación en la película.

Gloria Medina, de 81, agradece a Dios por haber vivido en Plazuela y conocido a la “Verito“, la cineasta que las convenció de hacer una película sobre ellas mismas.

También canta, canta pasodobles porque le gusta; mientras que Piedad Pozo (82) lamenta que, además de su marido, Dios se haya llevado a su hijo.

Angelina Altamirano (76) es la más “valienta” del grupo, empuña el azadón con destreza y es capaz de trepar a un árbol de aguacates con agilidad. Ella cree que su marido, que murió hace ya mucho, también era enérgico pues “trompeaba” a todos los que le desafiaran, incluso a ella misma. “Se murió muy pronto… sabrá Dios porqué lo recogió”, murmura.

Bromea al decir que sueña con conseguir otro “príncipe azul”, aunque sabe que su marido será el único hombre de su vida.

Sarita Torres cosecha a diario sambos para sacar las pepas que las vende en el mercado de Píllaro, pero goza al mostrar la infinidad de fotos que atesora, algunas de ellas muy añejas, captadas por uno de sus familiares que se dedicó a la fotografía.


“Cuando ellos se fueron”

La directora ecuatoriana Verónica Haro Abril durante una entrevista en el caserío de Plazuela, Ecuador

La directora ecuatoriana Verónica Haro Abril durante una entrevista en el caserío de Plazuela, Ecuador EFE

Ninguna oculta el cariño a su Verónica, la nieta de Rosario, una de las viudas ancianas del caserío que ya falleció y que fue líder de esta comunidad de ancianas viudas.

“Crecí acá, con mis abuelos, rodeada de otros nietos vecinos”, comentó Haro Abril quien asegura que su primera obra de cine tuvo la dicha de tener como personajes a “las abuelas de aquí y a este sitio que es otro personaje dentro de la película”.

Las ancianas en un principio no estaban cómodas con el rodaje, aunque cumplían con las encomiendas fílmicas para “agradar a la nieta”, confesó la cineasta.

Pero no pasó mucho para que las octogenarias “disfrutaran el proceso” y mucho más cuando vieron la película en la pantalla gigante, refirió al recordar que el filme obtuvo un gran éxito en el Festival Encuentro del Otro Cine (EDOC), que se realizó en Quito, en mayo.

“Esta es una tierra que está viva”, muy productiva, pero que se va quedando sin gente, se lamentó la cineasta que teme que en algún momento “Plazuela termine extinguiéndose”.

Verónica espera que sirva como material educativo en escuelas o en asilos de ancianos, aunque sabe que Plazuela es su pueblo, donde volverá algún día para quedarse para siempre.


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